domingo, 3 de diciembre de 2023

¿QUÉ ES LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO?


El marxismo cultural, o neo-marxismo, como corriente ideológica socio-cultural de pensamiento cerrado que se sustenta en la fusión de los aportes de Karl Marx y Sigmund Freud, establece ideas disfrazadas de ciencia o filosofía que pretenden explicar de modo simplista la complejidad de la realidad humana, ideas que son un sustituto de todo verdadero conocimiento.


La ideología de género, como doctrina dogmática y sin ningún tipo de fundamento científico, es aquella que sostiene que las diferencias entre el hombre y la mujer -a pesar de las más que obvias diferencias anatómicas-, no corresponden a una naturaleza fija natural, sino a construcciones meramente culturales y convencionales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos.


Impuesta por medio de un proselitismo estatal agresivo e ideológico a nivel mundial, se inmiscuye en el pensamiento, la educación, la salud, las leyes, la política y la cultura. Se auto-fundamenta en una idea de una libertad absoluta desenfrenada, mostrándose como la liberación de una “minoría sexual oprimida” por un “patriarcado heterosexual opresor”. Surgida del liberalismo secular de izquierda, en la obra La ideología alemana (escrita entre 1845 y 1846), Marx y Engels ya planteaban la idea de igualdad de género. Para los autores, como la propiedad privada es vista como un obstáculo para la liberación del proletariado, la misma debía ser eliminada comenzando por la primera forma de propiedad: La familia. El argumento ideológico es porque la esposa pertenece al marido y los hijos a sus padres. Por eso la liberación debía eliminar tanto la opresión de la mujer como liberar a los hijos de sus padres.


Si la familia debe ser destruida en la visión de Marx ya que es una invención burguesa y el primer tipo de propiedad privada, la misma va a desaparecer supuestamente con la desaparición del capitalismo (El Manifiesto Comunista, 1848), lo que se lograría de dos maneras, liberando a la mujer de su esposo y liberando a los hijos de sus padres. El feminismo radicalizado va a recurrir constantemente a la falsa idea del patriarcado opresor sosteniendo que la institución principal del patriarcado es la familia. 


La ideología de género afirma que el sexo es una construcción social y que la identidad de género es algo innato. Pero no hay evidencia científica alguna con respecto a la orientación sexual homosexual  como una característica biológicamente innata. La biología y la genética contradicen la falsa idea de que las personas que manifiestan otra orientación sexual “nacen así”. La tendencia del hombre hacia la mujer y viceversa es el resultado natural y esperable de todo el desarrollo de nuestros cuerpos sexuados. No hay que esperar a que el bebé nazca para “asignarle” un sexo como sostienen los ideólogos. El sexo no es algo que se “asigna” al nacer, es algo que de antemano se reconoce en el vientre de la madre. Y como las hormonas ejercen una gran influencia en el desarrollo intrauterino del feto, la diferenciación sexual comienza con el desarrollo de los órganos sexuales (testículos u ovarios), cuyo proceso está en gran medida controlado por los genes.  


En Atrapado en el cuerpo equivocado (Editorial Metanoia Pres, año 2020), obra basada en más de 800 artículos y libros científicos sobre el tema, el autor Pablo Muñoz Iturrieta sostiene (pág. 137): “Como la biología lo ha demostrado, el sexo biológico (es decir, las categorías por las cuales clasificamos a toda persona como varón o mujer) es un aspecto bien definido de la naturaleza humana. Cantidad de estudios científicos convincentes hablan de que hay una correlación perfecta en la mayoría de la población entre el sexo biológico y la orientación sexual. Hay, sin embargo, casos de individuos que presentan trastornos de desarrollo sexual o que muestran rasgos sexuales ambiguos. Estos casos, sin embargo, son anomalías”.


El género está asociado de manera natural con el sexo biológico. Por eso el rasgo binario, es decir, el ser hombre o mujer, es un criterio objetivo y fundamentado por la ciencia, por lo que podemos decir que es una percepción y aceptación de lo que uno realmente es. Sin embargo, la ideología de género presenta la noción de identidad de género como un concepto social y psicológico, una imposición pseudo-filosófica del feminismo radical desarrollado por la escritora e intelectual Simone de Beauvoir (1908-1986).


Siguiendo con la obra de Muñoz Iturrieta, también afirma (pág. 140): “¿Qué es lo que fundamentalmente hace que alguien sea hombre o mujer? No son sus cromosomas, como comúnmente se cree, ni los roles que cumplen en la sociedad (como afirma la ideología), sino la función reproductiva en la propagación de la especie. El fundamento más profundo de la distinción entre masculinidad y feminidad es la distinción de las respectivas funciones reproductivas, es decir, en los mamíferos, como es el caso del ser humano, la hembra gesta la prole y el macho fecunda a la hembra. Así de simple. Si hay alguna duda, uno tiene que preguntarse si esa determinada persona, con todas las condiciones dadas, fuese a concebir una nueva vida ¿qué función cumpliría? ¿la de ovular o la de inseminar el óvulo? La respuesta es lo que determina si es hombre o mujer”.


Es un gran error entonces afirmar que el ser varón o mujer es una imposición cultural como así también que la naturaleza es algo estrictamente separado de las construcciones culturales que han emergido de ella. Incluso si el ser hombre o mujer fuese una construcción cultural, estas nociones tienen un fundamento en la naturaleza de la persona, un fundamento biológico y genético. Y la evidencia científica respalda el hecho de que los niños o las niñas desarrollados normalmente desde el punto de vista físico son, de hecho, niños o niñas. Los estudios cerebrales no demuestran que el desarrollo de una identidad de género distinta del sexo biológico sea algo innato. Entonces la respuesta a esto último -que falsamente se busca propagar como construcción ideológica- se debe buscar en factores sociales y psicológicos, como así también en las experiencias vividas (dinámica familiar, psicopatología de los padres o malas amistades).


La persona es víctima de un problema de percepción de la realidad, por lo cual toda terapia se debe enfocar no en acomodar el cuerpo a sentimientos y pensamientos errados sino en ayudar al paciente a encontrar modos para aliviar esa tensión y poco a poco aceptar la realidad del propio cuerpo. Este tipo de terapia se apoya en serios principios médicos y en un entendimiento correcto de la salud mental y física de la persona, ya que el fin de la medicina no es el satisfacer los deseos del paciente sino el restaurar su salud física y mental. Por eso el cambiar de género es una manifestación externa de graves problemas psicológicos.


¿Cómo se puede sentir hombre o mujer una persona que nunca lo fue? ¿Qué ocurriría si trasladamos la ideología de género a la edad o a la altura? ¿Qué fundamento serio puede tener que una persona de 60 años se auto-perciba de 40? ¿Cómo se puede auto-percibir alta una persona que mide 1,20 metros de altura? Hay toda una especulación racionalista, un vacío de construcciones teóricas sin ningún tipo de realizaciones concretas. Pensadores que teorizan sin fundamentos, que en su ciego fanatismo y hermético encierro confunden.


La ideología de género, que enseña que los niños pueden “elegir” el sexo, no tiene ningún tipo de sustento científico ni filosófico. Es en el fondo una colonización mental ideológica de sesgo totalitario al servicio de los poderes mundiales. Es la destrucción de la familia (tal como en su momento lo sostenía Marx).


Su accionar, plasmado en leyes y en diferentes iniciativas que promueven una identidad personal desvinculada de la base biológica y natural de las personas, busca llevar a las naciones a la definitiva quiebra de su continuidad histórica y cultural a través de un sistemático bombardeo educativo y propagandístico, bombardeo cuando no auspiciado por gobiernos corruptos que de una u otra forma siempre terminan siendo funcionales a la agenda globalista.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

domingo, 12 de noviembre de 2023

CUBA Y LOS DERECHOS HUMANOS


Desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, hoy más que nunca se evidencia en la dictadura castrista una gigantesca crisis humanitaria que se refleja en la decadencia económica, el atraso social, la miseria, la falta de oportunidades reales, la censura en internet, la falta de libertad de expresión y la represión al que piensa distinto. Vale decir, una sistemática violación a los Derechos Humanos.


En octubre de 2019, Miguel Díaz-Canel fue ratificado como presidente de Cuba con casi el 97% de los votos de los miembros de la Asamblea Nacional. Durante su presidencia no se han producido cambios en las políticas del gobierno sobre Derechos Humanos. El gobierno sigue llevando a cabo detenciones arbitrarias e intimida a quienes manifiestan críticas. Bajo su mandato, Cuba ha aplicado el Decreto-ley 370/2018 de “informatización de la sociedad”, que entró en vigor en julio de 2019. Un decreto-ley que prohíbe la difusión de información “contraria al interés social, la moral, las buenas costumbres y la integridad de las personas”. En rigor, una normativa que multa y acosa a periodistas críticos, con confiscación de materiales de trabajo.


Entre enero y agosto de 2020, se produjeron 1.028 detenciones arbitrarias, según la organización Observatorio Cubano de Derechos Humanos, con sede en Madrid. Los funcionarios de seguridad casi nunca presentan órdenes judiciales para justificar la detención de los críticos opositores. En algunos casos, los detenidos son liberados tras recibir advertencias oficiales, que los fiscales pueden utilizar durante procesos penales posteriores para demostrar que existe un supuesto patrón de conducta delictiva. A menudo se realizan detenciones o se amenaza con esa posibilidad para impedir que las personas participen en marchas pacíficas o mítines políticos. Es común que los detenidos sufran golpizas, que reciban amenazas y permanezcan incomunicados por horas o hasta incluso días. Policías y agentes de seguridad del Estado siguen hostigando, maltratando y deteniendo a miembros de las Damas de Blanco (una organización fundada por esposas, madres e hijas de presos políticos).


En la censura comunicacional se restringe el acceso a información proveniente del extranjero. Según un informe de 2019 elaborado por el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), Cuba tiene el “clima más restringido para el ejercicio del periodismo de América”. Unos pocos periodistas y blogueros independientes logran publicar artículos, videos y noticias en páginas web y redes sociales, como Twitter y Facebook. El gobierno obstaculiza sistemáticamente el acceso a muchos de estos sitios de noticias y blogs dentro de Cuba. En 2019, antes del referéndum viciado que avaló una nueva constitución, se bloquearon varios sitios de noticias considerados críticos del gobierno, como 14ymedio, Tremenda Nota, Cibercuba, Diario de Cuba y Cubanet. Y desde entonces, se ha continuado bloqueando varios sitios de noticias.


Los periodistas independientes, blogueros, influencers en redes sociales, artistas y académicos que publican información que se considera crítica del gobierno suelen ser víctimas de hostigamiento, violencia, campañas de desprestigio, restricciones para viajar, cortes de Internet, acoso en línea, allanamientos a sus viviendas y oficinas, confiscación de sus materiales de trabajo y detenciones arbitrarias. Es común que se los mantenga incomunicados durante las detenciones.


Entre septiembre de 2019 y marzo de 2020, el artista Luis Manuel Otero Alcantará fue detenido al menos 10 veces, a menudo sin cargos, por realizar intervenciones artísticas en las que usaba la bandera cubana mientras realizaba actividades cotidianas. El gobierno no permite que organizaciones independientes de Derechos Humanos puedan acceder a las cárceles en el país. Las organizaciones locales creen que la cantidad real de presos políticos es mayor, pero las restricciones limitan su capacidad de documentar los casos. Y en lo real, los magistrados judiciales están subordinados al Poder Ejecutivo y al Legislativo.


Las prisiones del país en general están sobrepobladas. Los presos son obligados a trabajar jornadas de 12 horas y reciben castigos si no cumplen las cuotas de producción preestablecidas. No existe en la práctica un mecanismo a través del cual los detenidos puedan presentar reclamos por abusos. Aquellos que critican al gobierno, emprenden huelgas de hambre o recurren a otras formas de protesta a menudo son encerrados en celdas de aislamiento durante extensos períodos y sufren golpizas, restricciones a las visitas familiares y denegación de atención médica. Si bien el gobierno permitió que unos pocos miembros de la prensa extranjera elegidos específicamente realizaran visitas supervisadas a algunas prisiones en 2013, se continúa negando que organizaciones de Derechos Humanos internacionales y organizaciones cubanas independientes accedan a las cárceles.


En un informe de marzo de 2020 sobre la situación de los DDHH en Cuba, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) expresó su consternación por la criminalización y la detención arbitraria de defensores de Derechos Humanos, la ausencia de espacios que permitan una participación política plural, la falta de independencia judicial y de garantías a la libertad de expresión. Por otra parte, el Centro de Denuncias de la Fundación para la Democracia Panamericana publicó un informe en donde se reportan y documentan violaciones a los Derechos Humanos en 957 personas tan solo en el año 2022.


El 11 de julio de 2021, miles de cubanos salieron a las calles en la manifestación más multitudinaria contra el gobierno dictatorial desde la Revolución de 1959. Una gigantesca reacción en masa a raíz de las violaciones de los DDHH que sufre la isla desde hace décadas, la escasez de comida, medicamentos, y las medidas del gobierno ante la pandemia de Covid-19. La respuesta del presidente Díaz-Canel fue la represión, instando a cuadros del gobierno y a las fuerzas de seguridad a responder con violencia: “Convocamos a todos los revolucionarios a salir a las calles a defender la Revolución”; “la orden de combate está dada” fueron sus tristemente célebres palabras.


Human Rights Watch entrevistó a más de 170 personas ubicadas en Cuba, incluyendo víctimas de abusos, sus familiares y abogados. Human Rights Watch también revisó documentos judiciales y corroboró fotografías y videos enviados directamente a los investigadores o publicados en redes sociales. Miembros del Grupo Independiente de Expertos Forenses (IFEG) del Consejo Internacional para la Rehabilitación de las Víctimas de Tortura (IRCT), una organización internacional integrada por reconocidos expertos forenses, emitieron dictámenes periciales sobre algunas evidencias de abusos. En su momento, la organización cubana de Derechos Humanos Cubalex reportó en su momento que más de 1.400 personas fueron detenidas, incluyendo más de 700 que todavía siguen privadas de la libertad.


Abusos contra disidentes políticos, arrestos arbitrarios, presos políticos, censuras. Ningún paraíso socialista. Cuba es claramente una dictadura que sigue violando sistemáticamente los Derechos Humanos. Una dictadura “políticamente correcta” que goza de buena prensa y propaganda por parte del marxismo cultural tan influyente e imperante en la educación, la cultura, los medios y las redes sociales.


 

Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

domingo, 15 de octubre de 2023

LA FARSA DE LA REVOLUCIÓN CUBANA


La Constitución de Cuba, en su artículo 1°, sostiene: “Cuba es un Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad, el humanismo y la ética de sus ciudadanos para el disfrute de la libertad, la equidad, la igualdad, la solidaridad, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva”. ¿Es Cuba un Estado “socialista de trabajadores”, con libertades políticas y bien común social tal como lo señala su Constitución?


A la luz de los hechos, y luego de más de 60 años del triunfo de la Revolución Cubana, no existe ni remotamente la libertad política, tampoco la libertad de expresión ni las elecciones libres. Toda voz disidente es barrida por el Partido Comunista, por un Estado dictatorial que controla y direcciona de manera omnipresente a la sociedad. Televisión, radio, periódicos, revistas y cine, todo al servicio de la difusión de la ideología comunista, con restricciones inclusive para el acceso a internet.


A lo largo de seis décadas el régimen cubano ha ejecutado a miles de personas como así también muchas de ellas siguen siendo sometidas arbitrariamente a juicios y sumarios sin acceso a recursos legales por no existir un Poder Judicial independiente ni un Estado de Derecho. Se calcula que de 1960 a 1987 el régimen castrista fue responsable, directa o indirectamente, de 35.000 a 141.000 muertos. Además, el 20% de la población cubana fue desplazada, refugiada o exiliada. Cuba tiene hoy por hoy uno de los índices más altos a nivel mundial en cuanto a encarcelamientos por disidencias políticas. Ernesto "Che" Guevara, artífice de la expansión de la guerrilla en la región, ya afirmaba ante la Asamblea de las Naciones Unidas en 1964: "Fusilamiento sí; hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario". Palabras más que elocuentes que han alentado sistemáticos baños de sangre subversivos con una posterior represión militar.


El castrismo siempre se ha jactado por sus grandes logros en materia de salud pública y educación, en haber combatido el analfabetismo, la desnutrición, en haber aumentado el índice de esperanza de vida como así también en haber reducido la mortalidad infantil y el desempleo. Lo cierto es que el 88 % de los ciudadanos cubanos viven en en la actualidad en una situación de pobreza extrema, según un reciente estudio publicado por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), una organización que detecta también una creciente preocupación por la seguridad alimentaria en la isla y las carencias para adquirir productos básicos. Según el estudio, el 62 % de los cubanos tienen problemas incluso para comprar lo más esencial para sobrevivir, 11 puntos más que en otra encuesta similar realizada en 2022.


El régimen cubano siempre ha propagado la idea de una Cuba destruida en materia sanitaria y educativa antes de la llegada de Fidel Castro al poder. Sin embargo, según la propia UNESCO, en 1958, Cuba dedicó el 23% de su presupuesto público total a la educación, el porcentaje más alto de América Latina. Su tasa de alfabetización en 1960 era del 79%, en comparación con el 65% y el 60% en México y Brasil, respectivamente. En el campo de la salud, las inversiones de Cuba también fueron notables. El número de médicos y enfermeros por cada 1.000 habitantes era de 1,0 y 4,5, respectivamente, el tercer y cuarto puesto más alto en América Latina en esos tiempos. De hecho, Cuba ya había conseguido buenos resultados en materia de salud antes de la Revolución.


La esperanza de vida al nacer en Cuba en 1958 alcanzaba los 64 años, cifra que sólo era superior en América Latina sólo en Argentina (65 años) y Uruguay (68 años). Su tasa de mortalidad infantil en 1958 era de 39 por cada 1.000 nacidos, la más baja de la región y muy inferior a la de Argentina (60), Costa Rica (87), Chile (118) y México (94). A pesar de esto, el gobierno castrista siempre tuvo un especial ensañamiento en pintar un panorama sombrío respecto de la salud cubana pre-revolucionaria.


En cuanto al sistema sanitario, y muy a pesar de la censura y de la propaganda oficial, el mismo se divide en tres: El primero es para los extranjeros que van a Cuba específicamente para recibir atención médica. Esto se conoce como «turismo médico». Los turistas pagan en divisas extranjeras, lo que proporciona oxígeno al régimen y cuyas instalaciones son de última generación. Las instalaciones reservadas a extranjeros hacen un gran negocio con tratamientos de botox, liposucción e implantes mamarios. El segundo sistema de atención médica es para las élites cubanas: el partido, los militares, los artistas y escritores oficiales. Su sistema, como el de los turistas médicos, es de primera categoría.


Por último, se encuentra el verdadero sistema cubano, el que la gente común debe usar. Hospitales y clínicas en condiciones insalubres, colapsados, que si tienen que ir al hospital, deben llevar sus propias sábanas, jabón, toallas, comida, bombillas, incluso papel higiénico. Un apartheid que favorece a la élite gobernante y a los extranjeros que pagan en dólares, mientras se les niega atención médica a los presos y disidentes por motivos políticos. Un médico en Cuba actualmente gana en promedio entre cinco mil y siete mil pesos. Eso por el mercado negro, aproximadamente 30 o 32 dólares mensuales. Por eso los médicos piden la baja y se ponen a trabajar en una cafetería o en un bar, o incluso se van del país.


De la Revolución no surgió el tan anhelado "hombre nuevo" proclamado por el Che Guevara ni mucho menos. De una incipiente “primavera comunista” a nivel social se pasó a un durísimo invierno. El hecho de que sistemáticamente miles de ciudadanos de la isla hayan estado dispuestos a subirse a balsas y otros objetos flotantes precarios para cruzar un mar infestado de tiburones y tratar de llegar como refugiados a EEUU es la evidencia clara de que la Revolución históricamente estuvo lejos de haber construido el tan mentado “socialismo de los trabajadores” como alguna vez se prometió.


En cuanto al sistema educativo, clave para la manipulación político-ideológica, hoy en día la enseñanza pública, única permitida en el país, no es ni gratuita ni de calidad. Sus gastos se deducen de los descuentos del salario de los trabajadores y de los gastos que los padres asumen para meriendas, zapatos, uniformes y repasadores privados, mientras algunas escuelas funcionan gracias a las contribuciones de los familiares destinadas a adquirir ventiladores, pintar las aulas, comprar cloro y detergente para limpiar los baños, conseguir papel de escribir y bolígrafos.


Entre las causas de los daños ocasionados a la enseñanza  en Cuba están los de miles de maestros alquilados por el Gobierno a otros países, mientras otros miles de graduados han abandonado la docencia en busca de mejor remuneración salarial o para emigrar del país. Está también la eliminación de la libertad académica, un derecho fundamental que consiste en la libertad de enseñar y debatir sin limitaciones ideológicas, investigar, difundir y publicar los resultados. Una eliminación inclusive ratificada por la viceministra primera de Educación Superior, Martha Mesa Valenciano, cuando en el 2019 publicó en el sitio web de dicho ministerio: "El que no se sienta activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas, debe renunciar a ser profesor universitario".


Pero el rentable negocio del narcotráfico en Cuba fue ya desde principios de la Revolución algo más que auspicioso, manejado por un círculo cerrado de altos narco-funcionarios agrupados en torno al MINFAR (Ministerio de las Fuerzas Armadas) y el MININT (Ministerio del Interior). De esta manera se pudo consolidar el cartel de La Habana que nada tiene para envidiarle a carteles de la droga más conocidos como el de Medellín o Cali. Desde los años ’70, bajo la responsabilidad de Raúl Castro y a través del MINFAR, se comenzó a preparar una gran infraestructura que iba a servir como centro de operaciones para el tráfico de drogas por toda Iberoamérica. Una de las principales bases se estableció en Cayo Largo (costa sur) y posteriormente en Moa (provincia de Holguín). En esta última se encuentra instalada una de las plantas de procesamiento de drogas más importantes del mundo, construida con equipos provenientes de Alemania del Este para el procesamiento de cocaína y otras sustancias tóxicas.


Este es el tan afamado “paraíso socialista” de América Latina: Un régimen demagógico-populista con una cúpula narco-comunista en el poder que se beneficia ampliamente con el cartel de la droga cubana; una población arrastrada en el atraso y la miseria. A pesar de la fuerte propaganda del marxismo cultural, la Revolución Cubana es una farsa, no ha construido ningún “hombre nuevo” sino un modelo antidemocrático, empobrecedor y de postración para los cubanos.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.


15/10/2023

lunes, 18 de septiembre de 2023

EL FALSO HÉROE Y SU FALSA DOCTRINA


Ernesto “Che” Guevara, personaje sobredimensionado si los hay, es considerado en líneas generales como un denodado luchador por la libertad de los pueblos. Se lo refiere hasta el hartazgo como un revolucionario, como un idealista, algo así como un “mártir” del bien común social, una suerte de “paradigma” de rebeldía juvenil o leyenda romántica. Una emblemática imágen que aparece en toda manifestación de izquierda, un rostro estampado en infinidades de remeras que se venden -vaya paradoja- dentro del sistema plutocrático capitalista. Luego de su muerte, acaecida el 9 de octubre de 1967, quien creó el mito del “Che” fue por un lado el dictador Fidel Castro y, por otro lado, toda una serie de intelectuales europeos, norteamericanos y latinoamericanos, destacándose el filósofo francés Jean-Paul Sartre.


La realidad fue muy distinta. Con el triunfo de lo que vulgarmente se conoce como Revolución Cubana, América Latina en general, y Argentina en particular, fueron objeto de diferentes procesos insurgentes por parte de organizaciones armadas revolucionarias que no tuvieron ningún tipo de consenso popular y que intentaron la toma violenta del poder, con el objetivo estratégico público y declarado de imponer un “socialismo revolucionario”. La lucha armada fue la estrategia para la toma del poder, y la táctica principal utilizada fue el terrorismo, con su dramático saldo de asesinatos, secuestros de civiles y uniformados; toma de rehenes; extorsiones; asaltos y tomas de guarniciones militares, todo ello con la utilización de armamentos de guerra, bombas y explosivos.


Una lucha armada guerrillera que buscó implementar a nivel continental una dictadura totalitaria de base castro-comunista. Ernesto Guevara fue el primero en América Latina que teorizó sobre el concepto de guerrilla, teorizaciones que surgieron de la experiencia que tuvo junto a Fidel Castro durante la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista en Sierra Maestra, Cuba, con su consiguiente derrocamiento en enero de 1959.


Guevara explica las premisas y principios fundamentales por los cuales se debe construir toda insurgencia guerrillera. En “Guerra de Guerrillas”, su principal obra (Editorial Ocean Sur, pág. 13), sostiene: “Consideramos que tres aportaciones fundamentales hizo la Revolución Cubana a la mecánica de los movimientos revolucionarios en América. Son ellas: 1) Las fuerzas populares pueden ganar un guerra contra el ejército regular. 2) No siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional puede desarrollar condiciones subjetivas sobre la base de condiciones objetivas dadas. 3) En la América subdesarrollada, el terreno de la lucha armada debe ser fundamentalmente el campo”.


De sus teorizaciones -que a la larga pueden explicar su inevitable fracaso y muerte en Bolivia- siempre parte de una irreal situación política ya que sistemáticamente da una visión falsamente ideologizada y ajena al sentido común. Es que sin el apoyo total de una población (tanto campesina como urbana) el movimiento insurgente siempre se va a constituir en un grupo violento que va a matar ante la indiferencia o el odio general. A su vez, priorizar la guerrilla para-militar en el ámbito rural y subordinar las acciones urbanas como algo secundario (o en todo caso como apoyo a las primeras en hombres, pertrechos bélicos, agitaciones obreras y/o estudiantiles) también demuestra una gran falta de visión.


Según el guevarismo, se debe priorizar la lucha en el campo porque las condiciones de vida son las más duras en cuanto a la explotación, la opresión y la pobreza, constituyendo los campesinos, así, el enorme potencial para el combate insurgente. Más aún, Guevara establece que un enfrentamiento de fuerzas irregulares mezcladas con el campesinado y luchando en un hábitat natural hacen que las FFAA resulten a la larga impotentes. Pero hasta el trotskismo descalificó esas “tesis” de exportación para toda América Latina al establecer que en realidad son las masas populares las verdaderas protagonistas en vez de un foco guerrillero rural.


En “Crear Dos, Tres… Muchos Vietnam es la Consigna”, otra de sus obras de cabecera, Guevara nos ilustra cómo debe ser la esencia de la lucha guerrillera. Sostiene el odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, el convertirse en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. El “idealista” revolucionario en realidad fue un asesino serial en donde fueron una constante los indiscriminados fusilamientos que realizó a soldados de su propia tropa por el sólo hecho de no caerles en gracia o resultarles desconfiables. 


Nicolás Márquez, en su obra “El Canalla, la verdadera historia del Che” (Ed. Buenos Aires, pág. 150) sostiene: “Encontramos 14 asesinatos del Che en Sierra Maestra (los cuales Guevara personalmente confiesa en sus diarios), 23 homicidios cometidos por el Che a traición en Santa Clara y 175 en el campo de concentración de La Cabaña. Estos crímenes de Guevara se cometieron en el lapso de dos años (entre 1957/1959) y la cifra final asciende a 216 homicidios efectuados por el Che. Vale destacar que ninguno de estos crímenes se produjo en el marco de enfrentamientos armados, sino que estamos hablando de ejecuciones a sangre fría, la mayoría sin el trámite protocolar del “juicio sumarísimo” y muchos de ellos contra víctimas de su propia tropa tal como ya lo hemos visto. (...) En cuanto a la nómina de fusilados en La Cabaña, hay algunos casos mencionados en donde no se tiene certeza plena acerca de si Guevara disparó en persona o si él dio la orden de que se disparara. No obstante, este formidable trabajo desnuda una vez más la enorme distorsión existente en torno al retorcido chacal argentino, hoy convertido en símbolo de paz y justiciero humanitario”.


Los fusilamientos llevados a cabo no por Guevara en persona sino por orden de él mismo ascenderían a 1500 fusilados bajo su “gestión” en La Cabaña, asesinatos que no formaron parte del contexto naturalmente cruel de una guerra, ya que no hay registro de que “el comandante” haya matado a un enemigo en combate.


En cuanto a su “lucha” contra las dictaduras latinoamericanas lo que sistemáticamente se oculta es que según su misma concepción ideológica cualquier gobierno ubicado en las esferas del capitalismo ya era considerado una “dictadura”. Es decir, se debía llevar adelante el foco guerrillero y más allá de la índole del gobierno, así se tratare de una dictadura o de una democracia de pleno estado de derecho. Según Guevara no se debía admitir que la palabra Democracia, utilizada en forma apologética para representar la dictadura de las clases explotadoras, pierda su profundidad de concepto y adquiera el de ciertas libertades más o menos óptimas dadas al ciudadano. En su visión, luchar por conseguir la restauración de cierta legalidad burguesa, sin plantearse, en cambio, el problema del poder revolucionario, es luchar para retornar a cierto orden dictatorial preestablecido por las “clases sociales dominantes”.


En definitiva, de una experiencia vivida en Cuba Guevara quiso torpemente generalizar una doctrina para ser aplicada a toda América Latina. No todos los países latinoamericanos eran Cuba ni mucho menos se daba el mismo proceso político y económico como para aplicar esos “principios”. Inclusive en el triunfo de la mismísima Revolución Cubana hay mucha tergiversación. El enfrentamiento con las fuerzas de Batista consistió más que nada en escaramuzas y combates con un muy reducido número de bajas. Los soldados batistianos carecieron siempre de una moral de combate, no estando muy lejos de deponer las armas por arreglos económicos con el enemigo. Y de una guerra de estas características no se pueden deducir postulados básicos para encarar otras, mucho menos a escala continental.


La base de su doctrina guerrillera es falaz, torpe. Y el desgraciado recuerdo de las guerrillas marxistas con su impronta de odio, de resentimiento y terrorismo disfrazados bajos los conceptos de “liberación” y de “amor a la humanidad” nos deja una lección más que clara. Nos permite ver cómo se puede luchar, como se puede matar y como se puede morir por una abstracción ideológica, por algo que no puede estar nunca plasmado por ser una utopía pura: el comunismo, algo tan irreal y falso como la figura del Che Guevara, una fría máquina de matar por nada.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.


18/09/2023

jueves, 3 de agosto de 2023

ADRIANO ROMUALDI, EL CUADRO, EL MILITANTE


Hombre de pensamiento y de acción, de excepcional inteligencia, fue un prolífico pensador y ensayista, militante y figura de primer orden del Nacionalismo Identitario Europeo. Desde sus inicios, Romualdi estuvo influenciado por Friedrich Nietzsche, Oswald Spengler y sobre todo por Julius Evola, de quien se hará amigo e inclusive biógrafo. En cada uno de sus ensayos siempre bregó por la preeminencia de valores aristocráticos, guerreros y heroicos, buscando siempre proyectar un identitarismo europeo que terminara con los patriotismos sectarios y cortos de mirada.


Adriano Romualdi nació el 9 de diciembre de 1940 en la ciudad italiana de Forli, capital de la provincia Forli-Cesena. Su padre, Pino Romualdi, fue vice-secretario del Partido Fascista Republicano durante la República de Saló, como así también fundador en el marco de post-guerra del Movimento Sociale Italiano (MSI) y director del órgano de difusión y diario de combate Il Secolo d’Italia.


Siguiendo los pasos de la militancia de su padre, Adriano se destacó desde una temprana edad en un activismo intelectual y político integrando organizaciones estudiantiles, como es el caso de su gran aporte en FUAN, sección universitaria del MSI. Licenciado en Historia, se destacó como Profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Palermo, y desde su primera época de militancia y activismo tuvo una mirada metapolítica superadora de los anticuados partidos u organizaciones fascistas, mirada que se posicionó más allá de los patriotismos nostálgicos o conservadurismos tradicionales. Posteriormente se destacó en la lucha política dentro del MSI a través de una amplia trayectoria, participando además en varias publicaciones neo-fascistas como Destra Radicale y Nuovo Orden, siempre con su mirada aguda de inspiración evoliana.


Fue autor de numerosos artículos, introducciones a libros, prefacios, ensayos. Como introductor de la obra de Julius Evola, en 1968 escribió “Julius Evola: El hombre y la obra”, la primera aproximación seria, profunda y también crítica a la rica bibliografía del pensador tradicionalista, definiendo el mismísimo Evola ese ensayo como el mejor conocido sobre su actividad y sus obras. Dentro de las publicaciones de Romualdi destacan en especial "El problema de una tradición europea" (1973); "Los Indo-europeos" (publicación póstuma, 1978); “Las últimas horas de Europa” (publicación póstuma, 1976).


Para Romualdi era imperioso recuperar una cultura nacionalista revolucionaria despojada de todo vestigio burgués. Partir de la Tradición indoeuropea para sentar las bases de una política cultural radical de ‘Derecha’ y para contrarrestar los embates del adversario capitalista-marxista. Por eso estaba especialmente atraído por la idea de una Orden, de un espíritu templario, de una romanidad aristocrática y de una mentalidad prusiana. Y es a través de nuevas formas de comprender la historia y la política que contribuyó de manera decisiva en la evolución de un nacionalismo revolucionario. No creía en otro nacionalismo que aquel representado por la Patria Europea, puesto que el 'pequeño nacionalismo' era en su mirada un simulacro, una colectora de la política convencional.


Romualdi fue también uno de los principales re impulsores del término "Derecha" dentro del ámbito nacionalista, término del que él mismo se apropió a través de un claro cuerpo ideológico y despojándolo de todo conservadurismo “patriotero”. En su esclarecedor ensayo “Por qué no existe una cultura de derecha” (1965) afirma: "Qué significa ser de derecha? Ser de derecha significa, en primer lugar, reconocer el carácter subversivo de los movimientos salidos de la Revolución Francesa, sean ellos el Liberalismo, la Democracia o el Socialismo. Ser de derecha significa, en segundo lugar, detectar la naturaleza decadente de los mitos racionalistas, progresistas, materialistas, que preparan la llegada de la civilización plebeya, el reino de la cantidad, la tiranía de la masa anónima y monstruosa.


Ser de derecha significa, en tercer lugar, concebir el Estado como una totalidad orgánica donde los valores políticos predominan sobre la estructura económica y donde el derecho de 'a cada uno lo suyo' no significa igualdad, sino igual desigualdad cualitativa. Finalizando, ser de derecha significa aceptar como propia aquella espiritualidad aristocrática, religiosa y guerrera que originó la civilización europea, y -en nombre de esta espiritualidad y de sus valores- aceptar la lucha contra la decadencia de Europa".


En ese mismo ensayo también sostiene: “¿Qué problemas se plantean a quienes quieren afrontar el problema de la cultura de derecha? Antes que nada, se considera necesario un enfoque correcto del problema. Y la primera contribución a este enfoque es la definición de lo que se entiende por derecha y por cultura. Es necesario dejar claro que, para el hombre de derecha, los valores culturales no ocupan el rango excelso que ensalzan los escritores de formación racionalista. Para el verdadero hombre de derecha, antes que la cultura están los genuinos valores del espíritu, que encuentran su expresión en el estilo de vida de la verdadera aristocracia, en las organizaciones militares, en las tradiciones religiosas aún vivas y operativas. Primero está un determinado modo de ser, una determinada tensión contra alguna realidad y después el eco de esta tensión bajo la forma de filosofía, arte, literatura…


En una civilización tradicional, en un mundo de derecha, primero viene el espíritu vivo y después la palabra escrita. Sólo la civilización burguesa, nacida del escepticismo ilustrado, podía pensar en sustituir el espíritu heroico y ascético por el espíritu de la cultura, la dictadura de los filósofos. El demócrata rinde culto a la problemática, a la dialéctica y a la discusión, y transformaría voluntariamente la vida en un café o en un parlamento.


Para el hombre de derecha, por el contrario, la pesquisa intelectual y la expresión artística adquieren un sentido tanto en cuanto comunican con la esfera del ser, con algo que –comúnmente concebido– no pertenece al reino de la discusión, sino al reino de la verdad. El auténtico hombre de derecha es instintivamente hombre religioso, no en el sentido estricto de lo que el término implica en relación con la fe y la devoción, sino porque mide sus valores no con el metro del progreso, sino con el de la verdad”.


Sostenía también que el futuro solamente podía ser garantizado a través de un regreso a las más profundas raíces europeas aliado a los avances que la técnica y las ciencias modernas ofrecen. En unir la tradición primordial con el futurismo, en oposición al conservadurismo reaccionario y al progresismo liberal desenraizador, tal como lo sostenía Guillaume Faye en su obra L’Archeofuturisme. Por eso entendía al nacionalismo europeo como movimiento cultural y político con la finalidad estratégica de crear una alternativa de civilización al materialismo americano y al colectivismo marxista soviético del momento.


De manera inesperada, Adriano Romualdi falleció trágicamente luego de un accidente automovilístico el 12 de agosto de 1973. Tenía tan sólo 32 años de edad. A juicio de Evola, quien lo conoció muy bien, el mundo identitario perdió desde aquel nefasto día “a uno de sus representantes más cualificados”. Romualdi no fue un intelectual (palabra por él detestada). A pesar de su corta edad fue un hombre de vasto conocimiento y ejemplo de militante inclusive en el combate callejero cuando la ocasión lo requería.


Un baluarte con poderío de voluntad para la militancia política. Una personalidad de porte inquebrantable. Un hombre de acción en donde sus investigaciones, obras y ensayos se complementaban con la lucha política y cultural. Un cuadro militante que entendía la vida misma como una milicia en donde el pensamiento y la acción, frente a la comodidad burguesa y el conformismo, se debían unir en la búsqueda de la verdadera realidad interior, siendo siempre consciente de la extrema dureza que eso significaba para el que se sabía resistente frente a un mundo que en todas sus dimensiones le era extraño y enemigo. Un escritor, investigador y ensayista digno de ser leído, sobre todo necesario de ser comprendido en estos tiempos de agendas globalistas igualitaristas, de idiotismos liberales y de diferentes internacionalismos colonialistas.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.


03/08/2023



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