viernes, 12 de abril de 2024

LA ANTIGÜEDAD Y LA DOCTRINA DE LAS CUATRO EDADES


Contrariamente al criterio moderno que le atribuye a la Historia una evolución con el paso del tiempo, la concepción tradicional ha sido la opuesta, la de una involución dada de manera cíclica. Un desarrollo del mundo, de las especies y de la humanidad regulada por ciclos. En los antiguos Mitos ya se puede hallar la idea de regresión, de una caída cada vez más condicionada por el factor humano y material que excluye la idea apocalíptica de “fin del mundo”. A través de la Sabiduría Oral las antiguas civilizaciones entendían a la Edad de Oro como algo pasado, remoto, ya ocurrido. Son las Cuatro Edades que nos llegan por la tradición greco-romana y de las cuales Hesíodo ya nos hace referencia en los metales de Oro, Plata, Bronce y Hierro, insertando entre las dos últimas la Edad de los Héroes.


La cosmovisión ancestral iránica es afín a la helénica, y la hindú también da testimonio de cuatro Edades cada vez más involutivas: Satya-yuga, Treta-yuga, Dwapara-yuga y Kali-yuga (la actual Edad Oscura). No se trata del “hombre de las cavernas” y su “evolución”. El principio es a través de un Hombre Superior, Supra-humano, emparentado con los Dioses que, con el paso de las Edades, ha involucionado notoriamente. ¿Qué explicaría esa involución? Julius Evola, en su obra cumbre Rebelión contra el Mundo Moderno (Ediciones Heracles, págs. 230 y 231) señala:


“En dos testimonios característicos, como causa de la ‘caída’ se indica a la mezcla de la raza divina con la raza humana en sentido estricto, concebida como raza inferior, de modo tal que en ciertos textos la ‘culpa’ es comparada con la sodomía, con la unión carnal con las bestias. Por un lado se encuentra el mito de Ben-Elohim, o ‘hijos de dioses’, quienes se unieron con las ‘hijas de los hombres’ haciendo de manera tal que al final ‘toda carne tuviese su vía corrompida sobre la tierra’; por la otra se encuentra el mito platónico de los Atlántides, concebidos al mismo tiempo como descendientes y discípulos de los dioses, que por su repetida unión con los humanos pierden el elemento divino y terminan dejando predominar en ellos la naturaleza humana. Para épocas relativamente recientes la tradición es rica en sus mitos en referencias a razas civilizadoras y a luchas entre razas divinas y razas animalescas, ciclópicas o demónicas. Están los Asen en lucha contra los Elementarwesen; están los Olímpicos y los ‘Héroes’ en lucha contra los gigantes y monstruos de la noche, de la tierra y el agua, están los Deva arios contra los Asura, ‘enemigos de los héroes divinos’; están los Incas, los dominadores que imponen su ley solar a los aborígenes de la ‘Madre Tierra’; están los Thuatha de Danann que según la historia legendaria de Irlanda se afirmaron contra las razas monstruosas de los Fomores”.


La Edad de Oro es la Edad Áurea y Sacra por excelencia. La de una civilización resplandeciente, luminosa, bella, de Espíritu Tradicional Absoluto. La morada geográfica fue la que diferentes tradiciones sapienciales sitúan en las inmediaciones y más al norte del círculo polar ártico: Thule / Hiperbórea. Los hiperbóreos eran aquella misteriosa raza que habitaba en la Luz Eterna y cuya región habría sido la Patria del Apolo délfico, el Dios dórico de la Luz en la tradición helénica. El Hombre vivía una Realidad Trascendente, Eterna. Entre la caída de la raza primordial y la declinación física del eje terrestre que determina el destino de las mutaciones climáticas y de las catástrofes periódicas para los continentes, se puede presentir un íntimo nexo. Sostiene Evola en su mencionada obra (pág. 249): “Desde la sede atlántica las razas del segundo ciclo se habrían irradiado, sea hacia América (...) sea hacia Europa y África. Con gran posibilidad, durante el primer paleolítico, tales razas alcanzaron Europa occidental (...). Antropológicamente sería el hombre de Cro-Magnon, aparecido hacia el final del período glacial justamente en la parte occidental de Europa (...), hombre netamente superior (...)”


La Edad de Plata se afirma con el abandono de Thule, con la emigración de la raza boreal. Una primera corriente lo haría hacia América del Norte y las regiones septentrionales del continente euroasiático. Posteriormente otra gran emigración se internalizó en una isla-continente, la famosa Atlántida ya mencionada por Platón. Esta segunda caída supuso un mayor alejamiento del hombre con lo trascendente, y vino aparejada con la separación de la autoridad espiritual y la temporal/política. Así desaparece la Realeza Sacra y de esa separación de los atributos espirituales y temporales aparecieron dos castas autónomas: La sacerdotal, que renunciará a la Iniciación, y consecuentemente, a la Visión y Conocimiento de lo Absoluto; y la aristocrático-guerrera, que quedará desacralizada.


Es la civilización lunar-matriarcal, cuya “luz espiritual” es sólo un reflejo de la auténtica Luz que emana del Sol. El hombre, al no poder poseer verdadera Luz en su interior, se conforma con tener fe en ella. Esta Edad lunar derivó desde lo sacerdotal en una devoción pelásgica matriarcal: Se endiosa a la Madre Tierra que no contiene en su esencia divinidad, fagocitándose lo instintivo, lo impulsivo, lo sensual, lo libidinoso. De ese erotismo surgirán los cultos afrodisíacos o dionisíacos, cómo proceso más involutivo. La Tierra será considerada la “madre de todos los hombres”, que volverán a ella tras la muerte.


La Edad de Bronce se inicia con la desaparición de la Atlántida, y así la huida de sus supervivientes hacia Occidente y Oriente. Sin embargo, un tipo de efímera restauración de la Tradición va a acontecer, abriéndose paso a los Ciclos Heróicos. Seres que se empeñan en superar su naturaleza perecedera y conquistar así la inmortalidad. A través de gestas y pruebas finalmente conquistan la Eternidad, la Gnosis del Principio Supremo, Eterno. Un legado que nos llega a través de diferentes Mitos como el griego: Heracles, Aquiles, Ulises, Perseo, Teseo.


Es a través de diferentes procesos históricos donde asistimos a resabios o atisbos de Edad Dorada. En la Antigua Roma, durante el período republicano, la dirigencia senato-patricial es la que ostenta, en muchos de sus miembros, los cargos que los habilitan para oficiar los ritos operativos correspondientes a las principales deidades. En los prolegómenos del período imperial romano hallamos a un Julio César que también responde a estos mismos patrones, con funciones como flamen dialis u oficiante de Júpiter. Durante la etapa del Imperio Octavio Augusto, Tiberio, Marco Aurelio o Juliano han recibido la iniciación en ritos y misterios diversos: Eleusis, Mitra.


El Ciclo del Grial se erige en hilo conductor de varios de los Ciclos Heroicos, como lo son la saga artúrica. Diversas órdenes aúnan lo guerrero y lo espiritual y muchos de sus miembros practican ritos iniciáticos que transmutan sus naturalezas internas. Como paradigma de estas órdenes se halla la del Temple. Algunas de estas órdenes acabarán, significativamente, convirtiéndose en la médula vertebradora del Sacro Imperio Romano Germánico durante la Edad Media en donde el Emperador también se reviste de la máxima autoridad espiritual sobre un principio regio-aristocrático-sacro en el seno de la Cristiandad y por encima de la misma Iglesia.


La Edad de Hierro, la cuarta y actual Edad, es la de una oscuridad total. Una Edad de decadencia espiritual y social donde predominan la ignorancia, el egoísmo, la violencia y el sufrimiento. Se pierde el conocimiento de las escrituras sagradas, de las leyes divinas. Se difunden falsas doctrinas. Se prostituyen aún más las instituciones. Se debilitan los lazos familiares y comunitarios, se incrementan las guerras y las injusticias. Se reduce la longevidad, la salud, la belleza y la fuerza de los seres humanos, y se multiplican las enfermedades, las plagas y catástrofes naturales. Se exalta la mentira, la maldad, la crueldad. Un proceso catastrófico que derivará en el posterior surgimiento del liberalismo secular materialista y el colectivismo marxista amorfo sin identidad (hasta llegar al hombre “progre” de la actualidad idiotizado por las redes sociales y los medios de comunicación).


Teniendo en cuenta las Edades referidas por Hesíodo y las Edades transmitidas por las sagradas escrituras védicas, la Edad de Oro se corresponde con el ciclo del Satya Yuga; la Edad de Plata con el Treta Yuga; la Edad de Bronce con el Dwapara Yuga, y la Edad de Hierro con el Kali Yuga. ¿Cuáles son sus períodos de tiempo? ¿Cómo surgen? De un complejo sistema de división y multiplicación del tiempo: Combinación de cifras, múltiplos y submúltiplos de la naturaleza, como ser el año solar, el número de respiraciones por minuto, el número de latidos cardíacos y los ciclos lunares, entre otros. Si se acepta esta cosmovisión tenemos los siguientes períodos de tiempo: Satya Yuga, 1.728.000 años / Treta Yuga, 1.296.000 años / Dwapara Yuga, 864.000 años / Kali Yuga, 432.000 años.


Según fuentes, el Kali Yuga comenzó en el año 3102 a.C., tras la muerte de Krishna, el octavo Ávatar de Vishnu. Hacia su fin se producirá la destrucción del mundo y el inicio de un nuevo ciclo cósmico. Evola le dio una especial relevancia a la idea de que la involución –con respecto a lo espiritual e imperecedero- podía ser frenada e incluso eliminada antes del final de un ciclo cósmico, humanidad o manvantara; esto es, antes del ocaso del Kali-yuga. Creía que el Hombre, aparte de tener la clara potestad para conseguir su total transustanciación o metanoia también tiene la posibilidad de devolver a sus escindidas y desacralizadas comunidades los atributos y la esencia que siempre fueron propios del Mundo Tradicional. Porque Evola creía, en definitiva, en el Hombre Superior y Absoluto, Señor de sí mismo.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.


lunes, 18 de marzo de 2024

LA DIVISIÓN DE LA HISTORIA SEGÚN EL MODERNISMO

 

¿Cuál es el criterio específico que se utiliza para la división de la Historia? ¿Qué parámetros se establecen para decir que un hecho es más importante que otro? Si se considera a la economía y a la guerra, entonces resulta lógico fijar los límites de intervalos en guerras o en la ruina económica del Imperio Romano, por ejemplo. Pero si el criterio fuese otro, filosófico, estético, tecnológico, etc., los hechos que marcan un quiebre serían también otros muy diferentes.


Siguiendo el convencionalismo histórico moderno, si un alumno escribe en una prueba como se divide la Historia, tendrá más que claro que se divide en cuatro Edades: La Edad Antigua, que comienza con la invención de la escritura, hace unos 5000 años, y finaliza con la caída del Imperio Romano en el año 476 después de Cristo; la Edad Media, iniciada en el año 476 con la desintegración del Imperio Romano de Occidente y finalizada con la caída del Imperio Bizantino a manos de los turcos otomanos en 1453; la Edad Moderna, que se extiende a partir del “descubrimiento” de Cristóbal Colón en América y finaliza con la Revolución Francesa en 1789; y por último, la Edad Contemporánea, desde la Revolución Francesa y hasta la actualidad. El criterio de división entonces es político.


De hecho, a ese alumno también le queda más que claro que a partir de 1688 el historiador y académico germánico Christophorus Cellarius (1638-1707) jugó un papel muy importante en la periodización de Occidente dividiendo a la Historia en Edad Antigua, Edad Media y Moderna. Y en esa aceptación convencional de las Edades hasta surge un cierto consenso para emitir juicios valorativos: La Edad Antigua fue “pagana”, la Edad Medieval “oscurantista”, y la Moderna “grandiosa”, “liberadora” o “progresista”.


En el fin de la Edad Media, si el criterio que marca un quiebre fuese científico-tecnológico, sería sin dudas más importante el invento de la imprenta de tipos móviles realizado por el orfebre alemán Johannes Gutenberg en 1450, o sea, casi en la misma fecha anterior que la caída de Constantinopla (actual Estambul). Entonces podría suceder que la Edad Media acabase en la misma fecha pero, al tomar cómo límite un hecho positivo, se debería modificar el juicio de valor.


En vez de decir que la Edad Media fue “oscurantista”, se diría entonces que la misma fue de transición tecnológica, considerándose que para llegar al invento alemán de la imprenta se debió establecer algún tipo de contacto transcultural previo con China en los siglos XIV y XV. Por consiguiente, un cambio de criterio nos conduce a diferentes “hechos fundamentales”, lo que demuestra la insuficiencia del concepto de “Edad” a la hora de querer designar una Era con pretendidas características específicas y lo que deja a las claras que bajo estos aspectos el concepto de Edad es solo un intervalo de tiempo arbitrario establecida bajo un subjetivismo cultural. Son endebles aquellos “hechos trascendentales de la Historia”, aquellos “límites fijos” en cuanto intervalo de tiempo. Los acontecimientos son elegidos partiendo de criterios subjetivistas.


Siguiendo con los límites de Cellerius de dividir a la Historia con una mirada política, según la Historia oficial hoy vivimos en la Edad Contemporánea, cuyo “virtuosismo” sería que la misma tiene su origen en dos hechos históricos paradigmáticos, la Independencia de EEUU (1776) y la Revolución Francesa (1789). Al convenirse que esos hechos se destacan de manera eminente y por encima de cualquier otro hecho, y que constituye un límite en el traspaso de una Edad a otra, entonces además de un criterio particular hubo un componente ideológico que le da sustento.


Del análisis se desprende que ambas Revoluciones fueron vitales para la posterior consolidación de la Sinarquía Internacional, del Nuevo Orden Mundial en tanto concentración del poder a escala global. El criterio de división es en el fondo ideológico sinárquico. A ello habría que agregar que la “Historia oficial” abarca un período de tiempo muy corto en relación con la Historia de la Antigüedad de millones de años que presenta la especie humana sobre la Tierra. Los hechos que marcan el comienzo o el fin de una Edad son elegidos -de entre otros muchísimos hechos ocurridos que componen la Historia-, para conformar en definitiva (o imponer mejor dicho) una pauta establecida previamente al análisis, es decir, una antojadiza hipótesis de antemano. 


Si se plantea que escribir la Historia es describir una realidad, la misma, al narrar hechos verdaderos del pasado dispone de un material puramente objetivo. Pero el historiador cuenta con dos tipos de objetos: Los hechos realmente ocurridos, concretos, reales, y los hechos que el historiador en cuestión considera “eminentes” por la importancia subjetiva-cultural en la cual vive y está inmerso.


Por consiguiente, la Historia de la que disponemos para el estudio no es de ningún modo objetiva ni descriptiva de la realidad: Los historiadores han sido víctimas de sus propias premisas culturales porque han señalado patrones eminentes allí donde se les aparecieron, atribuyendo a la realidad concreta cualidades que sólo estaban en su imaginación y que se asimilan inconscientemente.


Toda esa forma descrita de división de la Historia nos lleva al historicismo, decadencia por la cual de una civilización del Ser y de los Principios supra-temporales, es decir, de la estabilidad y la forma, se pasa a una civilización del devenir, de lo contingente, de lo humano demasiado humano al decir de Nietzsche. Arribamos a la Historia del “progreso” y de la “evolución”, asociados íntimamente como parte integrante del optimismo iluminista de una civilización meramente racionalista, atomizada y decadente. Ni la Historia se ha desarrollado en base a tales “Edades” ni los acontecimientos que determinan el intervalo de cada “Edad” son verdaderos “hitos” que están por encima de otros. 




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.



sábado, 24 de febrero de 2024

LA PRÁCTICA DEL ABORTO COMO NEGACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS


A través de un fuerte aparato educativo, propagandístico y cultural, el marxismo cultural instaló siempre la idea del “derecho al aborto libre, seguro y gratuito”. La ley N° 27.610 sobre el aborto fue aprobada por el Congreso de la Nación Argentina el 30 de diciembre de 2020, durante el gobierno de Alberto Fernández, y publicada en el Diario Oficial el 15 de enero de 2021. La norma aprobada establece que las mujeres pueden acceder al aborto hasta la semana 14 de gestación, sin establecer causal alguna. Y fuera de ese plazo, el artículo 4° de la ley señala que se puede acceder al aborto cuando el embarazo es producto de una violación o “si estuviere en peligro la vida o la salud integral de la persona gestante”. Valga decir, causales muy amplias y ambiguas.


¿Qué es el aborto?


Es una práctica criminal porque termina con la existencia de una persona, de un ser humano totalmente débil e inocente. El niño por nacer ya es una persona existente. Y es a partir del momento en el que el óvulo es fecundado por un espermatozoide que comienza su existencia. Categorizar a las personas en gestación en "deseados" o "no deseados" es muy discriminativo, y legalizar el aborto en base a este criterio constituye el peor de los autoritarismos: La ley del fuerte eliminando físicamente al más débil con la excusa de que es "no deseado".


El Código Civil y Comercial, en su artículo 19, sostiene “la existencia de la persona humana comienza con la concepción”. El Código Penal, capítulo 1°, Delitos contra la Vida, Título 1, Delito contra las personas, en su artículo 88 establece “será reprimida con prisión de uno a cuatro años, la mujer que causare su propio aborto o consintiere en que otro se lo causare. La tentativa de la mujer no es punible”. La Declaración Universal de los Derechos Humanos (proclamada el 10 de diciembre de 1948 en la ONU) sostiene en su artículo 3° que “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.


El Pacto de San José de Costa Rica, Capítulo II, Derechos civiles y políticos, en su Artículo 4° sobre el Derecho a la vida, sostiene: "Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente". El artículo 75, inciso 22 de la Constitución Nacional, le da jerarquía constitucional a los Tratados de DDHH. La Convención sobre los Derechos del Niño (adoptada por la Argentina) dispone en su artículo 6°: “Los Estados parte reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida”. Si hemos firmado tratados de respeto por los Derechos Humanos ¿es justo que se pueda considerar como un “derecho” de alguien el eliminar físicamente a otro?


Cuando se esgrime una supuesta libertad de las mujeres al disponer del "propio cuerpo" se oculta maliciosamente que el aborto resulta en la culminación física del cuerpo de otro ser. Y aunque se trata del propio cuerpo maternal no existe una libertad absoluta entendida como hacer con él lo que nos plazca. Es como pretender querer caminar desnudos por la calle como si nada. Toda interrupción presupone la suspensión de un proceso que luego podría continuar. Y no es el caso precisamente con la autodenominada "interrupción voluntaria del embarazo", ya que el aborto termina con una vida humana, provoca la eliminación de una persona.


El aborto transgrede los principios fundamentales de la ética de la medicina y de la defensa de la vida. Desconsidera los Derechos Humanos y el valor de la vida. Y desde la práctica médica, la negación de la objeción de conciencia colisiona con las creencias de los profesionales y su posibilidad de negarse a la realización de un hecho aberrante contra su libertad de conciencia y sus principios éticos y científicos, marco dado hace veinticinco siglos por el juramento hipocrático cuyo autor, Hipócrates, el padre de la Medicina, prohibió a los médicos la realización de abortos.


Al servicio del globalismo


Gracias al interés de la Fundación Rockefeller, y al ser su patrocinador histórico, la multinacional abortista Planned Parenthood entró de lleno en las Naciones Unidas y el tablero geopolítico (y biopolítico) mundial. En 1994 la ONU organizó la conferencia sobre población en El Cairo, Egipto, para avanzar con la agenda  de los “derechos reproductivos”. Esta agenda recibió el apoyo total de la administración Clinton, así como años después lo haría el presidente Obama (2009-2016). Esta conferencia formó parte de otras grandes conferencias que son parte de un proyecto totalitario de control global e ideológico.


En el 2009 se creó un sistema de financiamiento de ONGs para el activismo y la ingeniería social, lo que desembocó en un "filantro-capitalismo", un modelo económico centrado en donaciones para fundaciones sin fines de lucro con el incentivo de que dichas donaciones bajarían la carga impositiva de las compañías auspiciadoras y con el claro propósito de imponer la agenda progresista en el mundo (ESI, aborto, uniones homosexuales, inmigración masiva, etc). Entre los magnates fundadores se encontraban David Rockefeller, Bill Gates, George Soros, Ted Turner, Michael Bloomberg y Warren Buffet, todos unidos en un mismo ideal: El problema más grande que afecta a la humanidad es la sobrepoblación, hay demasiados pobres, y por lo tanto la solución es la "salud y derechos reproductivos", con la ESI y el aborto como columnas centrales en el adoctrinamiento de nuevas generaciones.


Esta iniciativa de salud global terminó en el 2016 con la llegada de Donald Trump a la presidencia, quien le puso un freno al proyecto globalista de control totalitario. Bloqueó todo tipo de ayuda económica a distintas ONGs que tienen como fin la promoción del aborto, sacó a EEUU de los acuerdos de París (siendo una de las principales organizaciones detrás de esos acuerdos Planned Parenthhod) y dejó sin financiación a la Organización Mundial de la Salud. Pero el 28 de enero de 2021, con la llegada al poder de Joe Bien se volvió marcha atrás y EEUU reingresó a los Acuerdos de París.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) es clave en las relaciones internacionales al presionar a los países miembros a aceptar la agenda progresista bajo el paraguas de "normas de salud". De hecho tiene miembros y sponsors de la agenda global como IPPF, el Banco Mundial, ONU y UNICEF entre otros. La Fundación Gates es el contribuyente privado más grande de la OMS. Fue la que financió la construcción de su sede en Ginebra, Suiza, lo que supone que las prioridades de la OMS son en realidad las prioridades de Bill Gates. La influencia del magnate es tal que es tratado directamente como si fuera un jefe de Estado no sólo dentro de la OMS sino del G-20. El objetivo de la Agenda 2030 de la ONU es cumplir con todas las metas establecidas por las grandes conferencias de ese organismo multilateral, organizadas por Planned Parenthood bajo el auspicio de la Fundación Rockefeller.


Pero la Agenda 2030 comete un error ideológico de consecuencias nefastas: Sin derecho a la vida cualquier propuesta de "desarrollo sustentable" carece de sentido. El primer derecho del ser humano es el Derecho a la Vida y todo otro derecho es complemento de este derecho fundamental.


Conclusión


¿Hay moral más falsa que la que propone el aborto sin explicarle a la madre que lo que en realidad se va a producir es el homicidio de su propio hijo, despedazado en su propio vientre y succionado por partes? Un ser empieza a vivir desde el momento de su concepción, de la unión del óvulo y del espermatozoide dentro del vientre materno. Por lo tanto es un ser independiente y único, un embrión con genética propia, que si bien no tiene todavía formada sus partes, lo sustancial es que tiene vida, y por lo tanto crece.


La vida no es algo que se deba discutir, es algo que siempre se defiende porque es el primer derecho de todos los Derechos Humanos habidos y por haber. Por eso el aborto no es algo que se deba debatir si se está a favor o en contra, no se puede discutir si un niño debe seguir viviendo o si debe morir. Ni siquiera el indefenso niño pidió nacer, sino que es traído al mundo por la más pura y exclusiva responsabilidad de sus progenitores. Ante la avanzada del globalismo y su control poblacional, digamos SÍ A LA VIDA Y A LOS DERECHOS HUMANOS, DIGAMOS NO A LA CULTURA DE LA MUERTE.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.



miércoles, 3 de enero de 2024

¿QUÉ ES EL FEMINISMO?


La Real Academia Española define al feminismo como “un principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre”; “movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo”. Resulta imperioso reformular una definición y analizar varios de sus conceptos. A lo largo de la historia el movimiento feminista ha obtenido numerosos logros. Durante el siglo XIX y principios del siglo XX se luchó por la igualdad en referencia a derechos de propiedad y derechos matrimoniales. Desde fines del siglo XIX la lucha se centró en la obtención de derechos políticos, básicamente el derecho al sufragio. Sin lugar a dudas conquistas nobles. ¿Quién puede estar en contra de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres? ¿Cómo no mirar con buenos ojos el derecho de las mujeres a votar o a tener una misma remuneración que los hombres en el ámbito laboral?.

 

Sin embargo, el feminismo hoy en día significa algo extremadamente distinto. A pesar de que hay muchísimas personas que siguen luchando por esa igualdad de oportunidades, ese feminismo primigenio en esencia ya no existe más. Vale decir, el feminismo hoy por hoy transmutó en una ideología radicalizada y anti-natural expresada desde lo socio-cultural y en muchos casos con muy fuerte respaldo político. Sus ideas rectoras giran básicamente en torno a la sexualidad, la reproducción, el aborto, el androcentrismo, el “patriarcado”, la “ideología de género” y la “liberación femenina”. De esta manera el feminismo derivó en hembrismo, en un machismo a la inversa. Una invisible transmutación que operó a través de la farsa dialéctica materialista marxista de opuestos irreconciliables.

 

De la lucha de clases entre patrones “opresores” y obreros “oprimidos”, se pasó a una guerra de sexos entre hombres “opresores” y mujeres “oprimidas” como “motor de la historia”. Inclusive Friedrich Engels fue quien sentó las bases de la unión entre el marxismo y el feminismo tal como lo sostiene en su conocida obra “El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado” (escrita por el pensador judeo-alemán en 1884): “El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino”

 

El feminismo como clara ideología radicalizada sexista va a parir de la mano de la escritora francesa feminista bisexual y pederasta Simone de Beauvoir (1908-1986). Su obra “El segundo sexo” (1949) es una suerte de “biblia” para el movimiento feminista.​ Según las ideas de Beauvoir se debe partir de un categórico rechazo al hombre por la sencilla razón de que la mujer ha sido sistemáticamente reducida a un papel de sirvienta o esclava. Su célebre frase “la mujer no nace, se hace” dio inicio a la interpretación de que las personas poseen sexo no desde su nacimiento natural biológico sino a partir de una construcción social, a partir de cuando el hombre o la mujer quieran ser lo que les guste ser y en el amplio sentido de la palabra.


Al estar siempre  latente el rechazo abierto al hombre, al encarnar el “mal” dentro de la sociedad, la derivación lógica de esta visión va a ser el fomento del lesbianismo, ya que en la visión de Beauvoir “la homosexualidad de la mujer es una tentativa, entre otras, para conciliar su autonomía con la pasividad de su carne. Y, si se invoca a la Naturaleza, puede decirse que toda mujer es homosexual por naturaleza”. Otra de sus ideas principales fue la amplia difusión que propagó sobre el aborto y la libre elección de la mujer a elegir, tal las tesis en su Manifiesto por el aborto legal” de 1971: “El aborto libre y gratuito no es nuestra única plataforma de lucha. Esta demanda es simplemente una exigencia elemental. Si no se la toma en cuenta, el combate político no puede ni siquiera comenzar. Recuperar, reintegrar nuestro propio cuerpo constituye para nosotras, las mujeres, una necesidad vital. De frente a la historia, nuestra situación es bastante singular: en una sociedad moderna como la nuestra, somos seres humanos a quienes se les prohíbe disponer de sus cuerpos. Una situación que en el pasado sólo los esclavos han conocido”.

 

La canadiense Shulamith Firestone (1945-2012) es otra de las grandes referentes del feminismo radicalizado, partidaria de la pedofilia, de la emancipación sexual desde la infancia. Su obra más conocida es “La dialéctica del sexo” (1970), en donde también sustituye la lucha de clases por la lucha de sexos. Según sus afirmaciones la maternidad representa la "opresión radical que sufre la mujer" y la “servidumbre reproductiva determinada por la biología". Su pedofilia queda más que explícita en su famosa obra: “Si el niño puede elegir relacionarse sexualmente con los adultos, incluso si él debe escoger su propia madre genética, no habría razones a priori para que ella rechace los avances sexuales, debido a que el tabú del incesto habría perdido su función. (…) Las relaciones con niños incluirían tanto sexo genital como el niño sea capaz de recibir -probablemente considerablemente más de lo que ahora creemos-, porque el sexo genital ya no sería el foco central de la relación, pues la falta de orgasmo no presentaría un problema grave. El tabú de las relaciones adulto/niño y homosexuales desaparecerían”.

 

La expresión ‘patriarcado’ (otro enfoque esencial feminista) se debe a la escritora, cineasta, escultora y feminista estadounidense Kate Millet (1934-2017), la activista lesbiana cuyas ideas centrales se encuentran en su obra “Política Sexual” (1970). Para Millet, el patriarcado es el dominio del orden social por los hombres opresores, configurándose en ello toda una “violencia simbólica” que estructura toda esa opresión varonil hacia las mujeres. Esta “violencia” se reflejaría desde lo sexual (y en el sentido de que sólo el placer es el de los hombres), pasando inclusive por el lenguaje al utilizarse palabras masculinas que incluyen o “subordinan”, como por ejemplo “ciudadanos”. Esta “opresión patriarcal” dio pié al desarrollo del paradigma del "androcentrismo", la visión del mundo y de las relaciones centradas desde un punto de vista masculino.

 

Para el feminismo el género pasa a ser la construcción misma del sexo y desde un componente cultural: El sexo ya no es un dato originario de la naturaleza sino lo que se decide autónomamente. El género como construcción social y no biológico es una de las contribuciones más importantes de la teoría feminista. Tal como lo sostiene la feminista judía estadounidense Judith Butler, los conceptos hombre y masculino podrían aceptarse tanto en un cuerpo femenino como en uno masculino, y a su vez, mujer y femenino podrían aceptarse también para ambos cuerpos.

 

Bajo esta visión del género como construcción social se establece la idea de “violencia de género”, instalándose la idea-fuerza de que el hombre es violento por naturaleza y que la mujer es víctima indefensa. Pero con sentido común concluimos que la violencia se debe condenar en todo sentido, sean cuales fuesen las fuentes y las causas. Es más que justa la lucha por darle voz a los que sufren y padecen algún tipo de maltrato, como es el caso de las mujeres. Esto debe ocurrir siempre y cuando la justicia prime y se lleve a cabo un análisis y un proceso igualitario en todo aspecto. Pero esto es lo que no sucede y más que nada cuando vemos el bombardeo mediático demonizando al hombre. Esta es la clave para entender la trampa de la frase ‘Ni Una Menos’. La verdadera frase tendría que ser ‘Nadie Menos’: Ni mujeres, ni hombres, ni ancianos, ni niños, ni trabajadores, ni estudiantes. Nadie.

 

El feminismo se ha alejado abruptamente de su primigenia y legítima igualdad entre hombres y mujeres, transmutándose en un sistema de creencias que distorsiona la realidad basada en la misandria y en la cultura de la victimización de la mujer. Al establecer las bases del androcentrismo patriarcal (en donde supuestamente se oprime y se subyuga a las mujeres), se establece toda una histeria colectiva contra lo masculino. Y al generar un odio visceral y una aversión hacia todo lo varonil o masculino se convierte en una misandria. ¿Se podría decir que mujeres poderosas en su momento como Margaret Thatcher, Hillary Clinton, Christine Lagarde o Ángela Merkel forman parte del “sexo oprimido” según las tesis feministas?.

 

La subversión cultural marxista tiene como objetivo dividir y fracturar a las sociedades a través de la fabricación de conflictos artificiales, en este caso conflictos abstractos sexistas entre hombres y mujeres. Conflictos que parten de la base de que la mujer es objeto persistente de opresión por parte del hombre, que la mujer misma no es diferente del hombre y que a su vez es capaz de desempeñar todas las funciones que éste realiza. O sea, es un movimiento que utiliza como pantalla una supuesta reivindicación de derechos de las mujeres para así esconder su verdadera naturaleza, la fabricación de conflictos artificiales entre hombres y mujeres como factor de división dentro de una Comunidad Nacional.

 

Detrás de la guerra de sexos del marxismo cultural, detrás del feminismo como ideología dictatorial del hembrismo se encuentra la Escuela de Frankfurt, la gran usina ideológica-educativa y psicológica-propagandística del Nuevo Orden Mundial que opera para desarticular y dominar a los Pueblos desde sus mismísimos cimientos internos. Por eso se hace más que imperioso establecer las bases de un Nuevo Orden Social Patriótico para poder poner un real freno a este germen destructivo de la Familia, la Tradición, la Vida y los sanos valores culturales.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.



domingo, 3 de diciembre de 2023

¿QUÉ ES LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO?


El marxismo cultural, o neo-marxismo, como corriente ideológica socio-cultural de pensamiento cerrado que se sustenta en la fusión de los aportes de Karl Marx y Sigmund Freud, establece ideas disfrazadas de ciencia o filosofía que pretenden explicar de modo simplista la complejidad de la realidad humana, ideas que son un sustituto de todo verdadero conocimiento.


La ideología de género, como doctrina dogmática y sin ningún tipo de fundamento científico, es aquella que sostiene que las diferencias entre el hombre y la mujer -a pesar de las más que obvias diferencias anatómicas-, no corresponden a una naturaleza fija natural, sino a construcciones meramente culturales y convencionales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos.


Impuesta por medio de un proselitismo estatal agresivo e ideológico a nivel mundial, se inmiscuye en el pensamiento, la educación, la salud, las leyes, la política y la cultura. Se auto-fundamenta en una idea de una libertad absoluta desenfrenada, mostrándose como la liberación de una “minoría sexual oprimida” por un “patriarcado heterosexual opresor”. Surgida del liberalismo secular de izquierda, en la obra La ideología alemana (escrita entre 1845 y 1846), Marx y Engels ya planteaban la idea de igualdad de género. Para los autores, como la propiedad privada es vista como un obstáculo para la liberación del proletariado, la misma debía ser eliminada comenzando por la primera forma de propiedad: La familia. El argumento ideológico es porque la esposa pertenece al marido y los hijos a sus padres. Por eso la liberación debía eliminar tanto la opresión de la mujer como liberar a los hijos de sus padres.


Si la familia debe ser destruida en la visión de Marx ya que es una invención burguesa y el primer tipo de propiedad privada, la misma va a desaparecer supuestamente con la desaparición del capitalismo (El Manifiesto Comunista, 1848), lo que se lograría de dos maneras, liberando a la mujer de su esposo y liberando a los hijos de sus padres. El feminismo radicalizado va a recurrir constantemente a la falsa idea del patriarcado opresor sosteniendo que la institución principal del patriarcado es la familia. 


La ideología de género afirma que el sexo es una construcción social y que la identidad de género es algo innato. Pero no hay evidencia científica alguna con respecto a la orientación sexual homosexual  como una característica biológicamente innata. La biología y la genética contradicen la falsa idea de que las personas que manifiestan otra orientación sexual “nacen así”. La tendencia del hombre hacia la mujer y viceversa es el resultado natural y esperable de todo el desarrollo de nuestros cuerpos sexuados. No hay que esperar a que el bebé nazca para “asignarle” un sexo como sostienen los ideólogos. El sexo no es algo que se “asigna” al nacer, es algo que de antemano se reconoce en el vientre de la madre. Y como las hormonas ejercen una gran influencia en el desarrollo intrauterino del feto, la diferenciación sexual comienza con el desarrollo de los órganos sexuales (testículos u ovarios), cuyo proceso está en gran medida controlado por los genes.  


En Atrapado en el cuerpo equivocado (Editorial Metanoia Pres, año 2020), obra basada en más de 800 artículos y libros científicos sobre el tema, el autor Pablo Muñoz Iturrieta sostiene (pág. 137): “Como la biología lo ha demostrado, el sexo biológico (es decir, las categorías por las cuales clasificamos a toda persona como varón o mujer) es un aspecto bien definido de la naturaleza humana. Cantidad de estudios científicos convincentes hablan de que hay una correlación perfecta en la mayoría de la población entre el sexo biológico y la orientación sexual. Hay, sin embargo, casos de individuos que presentan trastornos de desarrollo sexual o que muestran rasgos sexuales ambiguos. Estos casos, sin embargo, son anomalías”.


El género está asociado de manera natural con el sexo biológico. Por eso el rasgo binario, es decir, el ser hombre o mujer, es un criterio objetivo y fundamentado por la ciencia, por lo que podemos decir que es una percepción y aceptación de lo que uno realmente es. Sin embargo, la ideología de género presenta la noción de identidad de género como un concepto social y psicológico, una imposición pseudo-filosófica del feminismo radical desarrollado por la escritora e intelectual Simone de Beauvoir (1908-1986).


Siguiendo con la obra de Muñoz Iturrieta, también afirma (pág. 140): “¿Qué es lo que fundamentalmente hace que alguien sea hombre o mujer? No son sus cromosomas, como comúnmente se cree, ni los roles que cumplen en la sociedad (como afirma la ideología), sino la función reproductiva en la propagación de la especie. El fundamento más profundo de la distinción entre masculinidad y feminidad es la distinción de las respectivas funciones reproductivas, es decir, en los mamíferos, como es el caso del ser humano, la hembra gesta la prole y el macho fecunda a la hembra. Así de simple. Si hay alguna duda, uno tiene que preguntarse si esa determinada persona, con todas las condiciones dadas, fuese a concebir una nueva vida ¿qué función cumpliría? ¿la de ovular o la de inseminar el óvulo? La respuesta es lo que determina si es hombre o mujer”.


Es un gran error entonces afirmar que el ser varón o mujer es una imposición cultural como así también que la naturaleza es algo estrictamente separado de las construcciones culturales que han emergido de ella. Incluso si el ser hombre o mujer fuese una construcción cultural, estas nociones tienen un fundamento en la naturaleza de la persona, un fundamento biológico y genético. Y la evidencia científica respalda el hecho de que los niños o las niñas desarrollados normalmente desde el punto de vista físico son, de hecho, niños o niñas. Los estudios cerebrales no demuestran que el desarrollo de una identidad de género distinta del sexo biológico sea algo innato. Entonces la respuesta a esto último -que falsamente se busca propagar como construcción ideológica- se debe buscar en factores sociales y psicológicos, como así también en las experiencias vividas (dinámica familiar, psicopatología de los padres o malas amistades).


La persona es víctima de un problema de percepción de la realidad, por lo cual toda terapia se debe enfocar no en acomodar el cuerpo a sentimientos y pensamientos errados sino en ayudar al paciente a encontrar modos para aliviar esa tensión y poco a poco aceptar la realidad del propio cuerpo. Este tipo de terapia se apoya en serios principios médicos y en un entendimiento correcto de la salud mental y física de la persona, ya que el fin de la medicina no es el satisfacer los deseos del paciente sino el restaurar su salud física y mental. Por eso el cambiar de género es una manifestación externa de graves problemas psicológicos.


¿Cómo se puede sentir hombre o mujer una persona que nunca lo fue? ¿Qué ocurriría si trasladamos la ideología de género a la edad o a la altura? ¿Qué fundamento serio puede tener que una persona de 60 años se auto-perciba de 40? ¿Cómo se puede auto-percibir alta una persona que mide 1,20 metros de altura? Hay toda una especulación racionalista, un vacío de construcciones teóricas sin ningún tipo de realizaciones concretas. Pensadores que teorizan sin fundamentos, que en su ciego fanatismo y hermético encierro confunden.


La ideología de género, que enseña que los niños pueden “elegir” el sexo, no tiene ningún tipo de sustento científico ni filosófico. Es en el fondo una colonización mental ideológica de sesgo totalitario al servicio de los poderes mundiales. Es la destrucción de la familia (tal como en su momento lo sostenía Marx).


Su accionar, plasmado en leyes y en diferentes iniciativas que promueven una identidad personal desvinculada de la base biológica y natural de las personas, busca llevar a las naciones a la definitiva quiebra de su continuidad histórica y cultural a través de un sistemático bombardeo educativo y propagandístico, bombardeo cuando no auspiciado por gobiernos corruptos que de una u otra forma siempre terminan siendo funcionales a la agenda globalista.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

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