sábado, 11 de septiembre de 2021

RAÚL SCALABRINI ORTIZ Y LA CONCIENCIA NACIONAL


Pluma prolífica del Revisionismo Histórico Argentino nació en la provincia de Corrientes el 14 de febrero de 1898. Sus principales influencias literarias fueron Fiódor Dostoyevski, Anatole France, Edgar Allan Poe y Oscar Wilde. En la década del ’20 se vinculó al grupo literario Florida, donde conoció a Jorge Luis Borges y Eduardo Mallea. En 1931 publicó “El Hombre que está solo y espera”, una obra que le dará mucho prestigio y reconocimiento dentro de los círculos intelectuales del momento. Ingeniero, agrimensor y diseñador ferroviario, realizó varios prototipos de locomotora de alta velocidad y perfil aerodinámico pero desgraciadamente sus proyectos no llegaron a contar con apoyo institucional.


Con el inicio de la Década Infame analizó los problemas económicos del país y criticó fuertemente la realidad nacional con pruebas, documentaciones y sosteniendo firmemente lo que muy pocos veían, que la Argentina era una colonia inglesa y que los principales resortes económicos estaban en sus manos. Realizó un estudio detallado del ignominioso pacto Roca–Runciman (mayo de 1933) desentrañando toda la red de dominación británica que comenzaba con los ferrocarriles, continuaba con los frigoríficos y terminaba en los seguros y barcos que sólo beneficiaban a unos pocos argentinos y a muchos británicos: Barcos cargados de manufacturas inglesas que ahogaban el desarrollo de una industria nacional.


Formó parte de la revolución radical yrigoyenista de enero de 1933 (en pleno gobierno del conservador anglófilo General Agustín P. Justo). Una revolución dirigida por el teniente coronel Gregorio Pomar que terminó sofocada sangrientamente. Detenido y llevado a la Isla Martín García finalmente fue desterrado a Europa. Poco antes de partir se casó con Mercedes Comaleras, el 23 de enero de 1934, debiendo concurrir al Registro Civil esposado. Italia y Alemania fueron los destinos de su exilio. 


Hacia fines de 1934 pudo regresar al país junto a su esposa. Al año siguiente comenzó a colaborar en el semanario ‘Señales’ cuestionando desde este medio el sistema entreguista que dominaba al país y que empobrecía a la mayoría del pueblo argentino. Fue precisamente en este semanario donde conoció a Arturo Jauretche, por entonces un joven radical yrigoyenista con quién entabló una amistad que perdurará hasta su muerte. Se incorporó a FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), una corriente interna creada en 1935 dentro de la Unión Cívica Radical por Arturo Jauretche, Gabriel del Mazo, el militar Luis DellepianeHomero ManziDarío Alessandro y otros. En tal sentido realizó numerosas conferencias sobre temas relacionados con la dependencia argentina y sobre cómo se movían los hilos del poder económico del país.


Su tema principal fueron los ferrocarriles, a los que considera claves para el funcionamiento colonial, una inmensa telaraña metálica donde se hallaba aprisionada la República. En los famosos Cuadernos de FORJA abordó magistralmente esos temas centrales de la dependencia argentina: Los ferrocarriles, el escandaloso endeudamiento del país a instancias de Bernardino Rivadavia en 1824 con la financiera inglesa Baring Brothers y el petróleo. Hacia 1940 publicó sus dos obras más sobresalientes: “Política británica en el Río de la Plata” e “Historia de los ferrocarriles argentinos”.


Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial fue un firme sostenedor de la neutralidad argentina, haciendo precisamente de esa neutralidad una bandera en defensa de la Soberanía Nacional. Ya alejado de FORJA presenció la Gesta del 17 de Octubre de 1945 expresando para la posteridad: “Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba por primera vez en su tosca desnudez original, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción de terremoto. Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río. Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo”.


Acompañó al peronismo en el poder pero nunca aceptó cargos, bregando de manera incansable por la nacionalización de los ferrocarriles, medida que el Nacional-Justicialismo finalmente implementó de manera histórica. Con el derrocamiento del General Perón en 1955 fue un ferviente opositor de la autodenominada Revolución Libertadora en la que veía el retorno al poder de las oligarquías que se beneficiaban de la dependencia económica de la Argentina. El fracaso del levantamiento del General Juan José Valle en junio de 1956 y su posterior fusilamiento le causó una gran conmoción y deterioro en su físico. Ya recluido al final de su vida en su biblioteca, falleció de cáncer de pulmón el 30 de mayo de 1959.


Raúl Scalabrini Ortiz fue uno de los grandes formadores de nuestra Conciencia Nacional, una mente lúcida del Revisionismo Histórico que ha desnudado como pocos las implicancias nefastas del colonialismo británico. Ya nos dejaba un mensaje muy claro en su monumental obra “Política británica en el Río de la Plata”: “La libertad, el bienestar y la riqueza se conquistan. Ni se solicitan ni se piden. Y la cuestión, para nosotros, no es cambiar de amo, sino de ser una nación fuerte, segura de sí y henchida de salud como corresponde a un pueblo inteligente que habita en un suelo feraz. Reconquistar el dominio político y económico de nuestra propia tierra es, pues, nuestro deber, para con nosotros mismos, para nuestros hijos y para los hijos de nuestros hijos”.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

domingo, 5 de septiembre de 2021

JOSÉ MARÍA ROSA Y LA DIFUSIÓN DEL REVISIONISMO HISTÓRICO ARGENTINO


Abogado, historiador, diplomático, catedrático y docente universitario. Nació en la ciudad de Buenos Aires el 20 de agosto de 1906. Su bisabuelo, Vicente Rosa, había llegado desde España en 1828 y se destacó como director de aduanas durante el primer gobierno de Juan Manuel de Rosas (1829–1832). Fue nieto del Dr. José María Rosa, ministro de Hacienda del general Julio Argentino Roca durante su segunda presidencia (1898–1904).


En 1931 contrajo matrimonio con María Luisa Julia Delfina Bunge, con quien tuvo tres hijos y una hija, José María, Eduardo Manuel, Juan Ignacio y Lucila. Dos años después se doctoró en derecho en la Universidad de Buenos Aires y bajo la tesis ‘Orígenes místicos del Estado’


Luego de la fundación del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas (8 de agosto de 1938) colaboró con la Revista del Instituto y brindó conferencias pedagógicas. Se sumó a la gesta del 17 de Octubre de 1945 y posteriormente se enroló en la Alianza Libertadora Nacionalista, movimiento que apoyó al General Juan Domingo Perón con una fórmula electoralista propia. En 1951 asumió como presidente del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas y tres años después contrajo matrimonio con Ana María Rocca, con quien tuvo a su hijo Vicente.


Con el Golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955 su labor docente fue abruptamente interrumpida. Integró la Resistencia Peronista siendo detenido por espacio de 70 días para luego formar parte activa del fracasado levantamiento cívico-militar del 9 de junio de 1956, razón por la cual se exilió primero en Uruguay y luego en España. Y fue precisamente en el destierro donde se dedicó a seguir investigando sobre nuestro pasado nacional accediendo a diferentes archivos y bibliotecas extranjeras. Integró la comitiva que acompañó al General Perón en su regreso a la Argentina, el 17 de noviembre de 1972. Y tras la victoria nacional-justicialista del 23 de septiembre de 1973 Rosa fue designado por Perón como embajador en Asunción del Paraguay.


Luego del fallecimiento del líder nacional-justicialista fue designado embajador en Atenas, cargo que ejerció hasta el 24 de marzo de 1976. Con el advenimiento del autodenominado ‘Proceso de Reorganización Nacional’ sus libros empezaron a ser retirados de las bibliotecas. Y bajo este contexto va a fundar la revista nacionalista ‘Línea’, una voz disidente en esos tiempos tan aciagos que asolaban al país y cuya frase de cabecera rezaba “la voz de los que no tienen voz”. Los militares buscaron todos los medios para acallarlo, desde el secuestro de la revista hasta innumerables juicios entablados en su contra.


Entre sus obras más destacadas se encuentran “Defensa y pérdida de nuestra Independencia Económica”, una obra clave publicada en el año 1942 que contraponía los efectos negativos del liberalismo económico en nuestro país (liberalismo unitario y pro-inglés) con los efectos positivos del proteccionismo económico nacionalista en tiempos de la Confederación Argentina. En esa década del ’40 saldría a la luz “Artigas, prócer de la nacionalidad”. En la década del ’50 dejaría obras destacadísimas como “La misión García de 1815 ante Lord Strangford”; “El cóndor ciego”. Con su libro “La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas” Rosa va a ser muy conocido en Paraguay, siendo invitado a dar asiduas conferencias y asistir a eventos relacionados con el prócer Francisco Solano López. Otras de sus obras fueron “Del municipio indiano a la provincia argentina”; “Nos, los Representantes del Pueblo” y “La Caída de Rosas”. Posteriormente daría a la luz “Rivadavia y el imperialismo financiero”. Su célebre “Historia de la Argentina” aparecería en trece tomos entre 1964 y 1980, siendo considerada una de las mayores obras que haya dado el Revisionismo Histórico Argentino.


José María Rosa murió el 2 de julio de 1991 en la ciudad de Buenos Aires. Una pluma eminente, una moral intachable, un porte inquebrantable, un compromiso firme y decidido para con los destinos políticos de la Argentina, un verdadero patriota de ley. ¿Cuál fue su mayor legado? A través de fuentes documentales inéditas nos hizo ver que es fundamental para comprender nuestro pasado nacional develar la trama y el rol de los diferentes colonialismos de turno. Contribuyó enormemente a la formación de una conciencia nacionalista en el ámbito político, económico, social y cultural, como así también fue un denodado defensor de unidad hispanoamericana.


En estos tiempos de tanto servilismo a los poderes mundiales –por obra y gracia de una partidocracia tan corrupta como entreguista– las obras historiográficas de José María Rosa cobran más vigencia que nunca. Ya lo señalaba con claridad meridiana en “Defensa y pérdida de nuestra independencia económica”: “Una de las curiosas paradojas del liberalismo es que sirvió para enajenar nuestra libertad. Ni la Argentina puede usar hoy, en pleno goce de su soberanía, ni los argentinos somos dueños de una parte suficiente, siquiera, de la riqueza de nuestra tierra. Dejando aparte las frases hechas ¿qué papel real desempeñamos nosotros en nuestra patria? ¿Tenemos en realidad patria?”.


Y como corolario final de esta demoledora obra sostiene: “En los años actuales comprendemos que es necesario, imprescindible, para mantener y consolidar la independencia política, que se haya logrado juntamente con la sana afirmación del espíritu nacional, una suficiente independencia económica. Todo lo demás es literatura”. 

 



Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.


sábado, 7 de agosto de 2021

ERNESTO PALACIO Y SU GRAN APORTE AL REVISONISMO HISTÓRICO ARGENTINO


Docente, abogado, periodista, ministro y diputado nacional, fue uno de los historiadores más importantes surgidos de la Escuela del Revisionismo Histórico en nuestro país. Una verdadera eminencia que ha batallado desde la honestidad intelectual con el fin de esclarecer sobre nuestro pasado nacional.


Hijo de Alberto Palacio y de Ana Calandrelli, hermano del dibujante Lino Palacio, nació un 4 de enero de 1900 en el Partido de General San Martín, provincia de Buenos Aires. En 1919 ingresó a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires para estudiar abogacía, egresando en 1926. Enseñó Historia Antigua e Historia Argentina en la Escuela Comercial de Mujeres, entre 1931 y 1938; Geografía en el Colegio Justo José de Urquiza e Historia de la Edad Media en el Colegio Nacional Bernardino Rivadavia, entre 1931 y 1955. En la función pública se desempeñó durante los años 1930/1931 como ministro de Gobierno e Instrucción Pública de la Intervención Nacional en San Juan. 


En su obra “Alianza Libertadora Nacionalista”, Edgardo Atilio Moreno expresa: “Estrictamente hablando, el nacionalismo argentino nació en 1927 cuando los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta, junto con Ernesto Palacio y César Pico, entre otros, fundaron el periódico La Nueva República”. Este periódico fue el que sentó las bases de un nacionalismo embrionario, que con el paso de los años cobró mayor forma y consistencia desde lo doctrinario. La publicación llevaba por subtítulo “Órgano del Nacionalismo Argentino”, y el cuerpo estable de redactores estaba integrado por Rodolfo Irazusta como Director, Ernesto Palacio como Jefe de Redacción, Juan Carulla y Julio Irazusta como redactores permanentes


Palacio escribió asiduamente en La Nueva República basando su línea de pensamiento en las ideas de Leopoldo Lugones. También editó el semanario Nuevo Orden, que tuvo su primera aparición en julio de 1940. A su vez fue uno de los fundadores del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, en 1938, y miembro de la Comisión Directiva del mismo. Posteriormente fue diputado nacional durante los dos primeros gobiernos peronistas, adhiriendo al Nacional-justicialismo y ejerciendo además la presidencia de la Comisión de Cultura.


A mediados de 1948 Palacio pronunció en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires su disertación El Realismo Político, que fue la base de su libro Teoría del Estado publicado un año después. En su visión la realidad política es independiente de los sistemas de gobierno. Luego de preguntarse dónde se encuentra el poder y si en la monarquía la ejerce el rey o si en las democracias el pueblo, responde que “cualquier observador un poco atento de los fenómenos políticos deberá reconocer que la realidad histórica de los Estados rara vez corresponde a las categorías aristotélicas, y que hay aparentes monarquías absolutas que presentan rasgos acusados de oligarquía, democracias aparentes que son despotismos encubiertos, supuestas tiranías que se caracterizan por la debilidad del titular, instrumento dócil de camarillas militares o plutocráticas”.


Fue proscripto y perseguido luego del Golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955 que derrocó al General Juan Domingo Perón. Leopoldo Marechal, reconocido poeta, dramaturgo, novelista y ensayista argentino, autor de Adán Buenosayres, una de las novelas más importantes de la literatura argentina del siglo XX, describió al historiador revisionista como un “triunfante al haber impuesto su mentalidad a todo el mundo”. Palacio fue autor de La Inspiración y la Gracia (1929); El Espíritu y la Letra (1936); Historia de Roma (1939); La Historia Falsificada (1939); Catilina. La Revolución contra la Plutocracia en Roma (1945); Teoría del Estado (1949); y su Historia de la Argentina 1515-1938 (su obra cumbre que vería la luz en 1954).


En esta última y extraordinaria obra Palacio afirma de manera contundente: “La historia  ha de ser viviente, estimulante, ejemplarizadora, o no servirá para nada… Domina en nuestro país la falsa idea de una historia dogmática y absoluta, cuyas conclusiones deben acatarse como cosa juzgada, so pena de incurrir en el delito de leso patriotismo. Aquí se ejercita un verdadero terrorismo de la ciencia oficial, por medio de la prensa, la universidad y la enseñanza media. Su consecuencia es el estancamiento de la labor  histórica, cuyo corolario es un oscurecimiento cada vez mayor del sentimiento nacional, ya que las nuevas generaciones no encuentran, en el esquema heredado de sus padres y abuelos, los estímulos y lecciones que aquellos encontraron para la realización de su destino cívico…”.


En La Historia Falsificada señala: “La Historia convencional, escrita para servir propósitos políticos ya perimidos, huele a cosa muerta para la inteligencia de las nuevas generaciones. Ante el empeño de enseñar una historia dogmática, fundada en dogmas que ya nadie acepta, las nuevas generaciones han resuelto no estudiar historia, simplemente. Con lo que llevamos algo ganado. Nadie sabe historia, ni la verdadera, ni la oficial”.


Y haciendo alusión a la Historia Oficial sostiene: “Fraguada para servir  a los intereses de un partido dentro del país, llenó la misión a que se la destinaba: fue el antecedente y la justificación de la acción política de nuestras oligarquías gobernantes, o sea el partido de la civilización. No se trataba de ser independientes, fuertes y dignos; se trataba de hacernos en cualquier forma, de seguir dócilmente las huellas de Europa. No de imponernos, sino de someternos. No  de ser heroicos, sino de ser ricos. No de ser una gran nación sino una colonia próspera. No de crear una cultura propia, sino de copiar la ajena. No de poseer nuestras industrias, nuestro comercio, nuestros navíos, sino de entregarlo todo al extranjero y fundar, en cambio, muchas escuelas primarias donde se enseñara, precisamente, que había que recurrir a ese expediente para suplir nuestra propia incapacidad. Y muchas Universidades, donde se profesara como dogma que el capital es intangible y que el Estado es mal administrador”.


Ante la disyuntiva de qué debemos hacer responde: “Hacer nuestro destino. Fácil es decirlo; pero, ¿estamos preparados para ello? Obrar sí, pero, ¿en qué sentido? Una nación obra válidamente en el sentido que la determina su propia índole, prescrita en su historia. Para hacer, hay que ser”. Es decir, desde un punto de vista filosófico, para el autor el problema de las cosas que hacemos siempre va a estar condicionado o subordinado por el problema de lo que somos. Y si no sabemos lo que somos es precisamente porque ignoramos muchas cosas y tal como él lo señala “porque se nos ha confundido deliberadamente sobre nuestros orígenes y no sabemos ahora de dónde venimos”.


Sin lugar a dudas un pensamiento muy iluminado, y como tal fue un eximio formador de la Conciencia e Identidad Nacional. Sus palabras cobran una vigencia total si analizamos la realidad actual de nuestro país. Ernesto Palacio falleció en la ciudad de Buenos Aires a los 78 años, un 3 de enero de 1979. Al despedir sus restos mortales, el Dr. Julio Irazusta (otra de las grandes plumas prolíficas que ha dado el Revisionismo Histórico) lo calificó directamente como “el mejor dotado de todos los escritores de nuestra generación”.


En estos tiempos de falsificación y tergiversación historiográfica, de amarillismo y manipulación mediática, de cinismo, colonialismo y demagogia en la tradicional dirigencia política gobernante, el insigne historiador nos deja como legado un reencontrarnos a nosotros mismos a través de la comprensión de nuestro pasado nacional. Ya lo decía con claridad meridiana en su monumental obra Historia de la Argentina: “Este libro ha sido escrito con la preocupación obsesiva por nuestro destino. ¿Para qué, si no, serviría la historia? Cuando no se buscan en ella los signos de una vocación, queda reducida a simple pasatiempo erudito, o a pretexto de canonjías burocráticas. La función del conocimiento histórico consiste en iluminar los caminos del porvenir”.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

domingo, 1 de agosto de 2021

JULIO IRAZUTA, FIGURA PROMINENTE DEL REVISIONISMO HISTÓRICO ARGENTINO


Julio Alberto Gustavo Irazusta nació en el seno de una familia de tradición radical el 23 de julio de 1899 en Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos. Hombre de elevada cultura, versadísimo crítico literario, gran escritor político e historiador, fue uno de los mayores referentes del Revisionismo Histórico Argentino.


En 1922 se recibió de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y posteriormente viajó a Europa donde estudió latín y filosofía en el Balliol College de Oxford, Inglaterra. Tuvo como grandes referentes a Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, Edmund Burke, Jorge Santayana y Benedetto Croce. Trabó relación con pensadores de la talla de Hilaire Belloc, Gilbert Chesterton y León Daudet. En Francia conoció al político y escritor francés Charles Maurras, líder e ideólogo del movimiento nacionalista Acción Francesa y posteriormente en Italia pudo presenciar de manera directa la experiencia fascista.


Un hecho trascendental en su vida ocurrió tras su regreso a la Argentina: El 1° de diciembre de 1927 fundó junto a su hermano Rodolfo, Juan Carulla, Carlos Federico Ibarguren y Ernesto Palacio el periódico “La Nueva República”, cuyo subtítulo expresaba ser “Órgano del Nacionalismo Argentino”. Rodolfo Irazusta era el Director, Ernesto Palacio el Jefe de Redacción, mientras que Julio formó parte del cuerpo de redactores junto a Carulla, Lassage, Pico y Casares.


La publicación denunciaba una crisis de orden espiritual y moral en el país producto del liberalismo generado a partir de la Revolución Francesa. Criticaba la forma laicista de nuestra enseñanza a partir de la Ley 1.420 y la Reforma Universitaria; la crisis de representación política originada por una partidocracia que se entendía como esencialmente corrupta y prebendaria como así también el caos que generaba el cada vez más avanzado bolchevismo extranjerizante luego del triunfo de la Revolución Rusa. A ello se agregarían artículos de formación, doctrina nacionalista y la férrea defensa de la Soberanía Política y Económica. La publicación primero fue quincenal, luego semanal y finalmente diaria hasta su cierre definitivo el 10 de noviembre de 1931. En la década del ‘40 volvió a su actividad literaria colaborando con Victoria Ocampo en su revista ‘Sur’.


A partir de la década del ‘30 comenzó su gran tarea de revisión de nuestro pasado nacional exponiendo el origen de nuestros males y mostrando siempre una visión superadora. Obras realmente notables fueron: “La Argentina y el Imperialismo británico”, publicada en 1934 en colaboración con su hermano Rodolfo. Este libro fue el inicio de un estudio profundo y detallado de los mecanismos de entrega de la riqueza del país a los intereses extranjeros, en especial a los ingleses. “Ensayo sobre Rosas” (1935); “Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia” (su monumental obra aparecida desde 1941, con un total de ocho volúmenes y más de tres mil páginas); “Tomás de Anchorena” (1950); ”Perón y la crisis argentina” (1956); “Influencia económica británica en el Río de la Plata (1963); ”Adolfo Saldías” (1964); ”Balance de siglo y medio” (1966); “Genio y figura de Leopoldo Lugones” (1968); ”La monarquía constitucional en Inglaterra” (1970); “La política, cenicienta del Espíritu” (considerada una de las más grandes obras escritas en Argentina sobre teoría política, 1977); “Gobernantes, caudillos y escritores” (1978); ”Breve Historia de la Argentina” (1981).


Sin renunciar a sus convicciones, su extensísima y prominente trayectoria se vio finalmente coronada al ser incorporado como miembro de la Academia Nacional de Historia en 1971. Y fiel a su estilo sostuvo en su discurso de incorporación: “Los componentes del movimiento (revisionista) quedamos en un ostracismo intelectual, equivalente a una emigración en el interior. El revisionista de la historia argentina debía renunciar a la notoriedad, a los honores y a los emolumentos, a las cátedras universitarias, a los cargos públicos de las reparticiones culturales del Estado, a que podía aspirar por su mérito”.


Falleció en su pueblo natal, Gualeguaychú, el 5 de mayo de 1982. Sin lugar a dudas un visionario. Un insigne historiador, Un gran esclarecedor de nuestro pasado nacional que siempre comprendió que la política debía surgir de la lección del pasado y que el estudio de los aciertos políticos debían ser la base para nuevos sistemas y programas, ya que en definitiva la política o es una ciencia experimental o no es nada (tal como solía afirmar). Un denunciador sistemático de lo que es moneda corriente hoy en día: La corrupción política. Un férreo defensor de la Tradición, de la Soberanía Política, de la Independencia Económica y de un Republicanismo Político sólo posible con una clase dirigente verdaderamente representativa, con un Líder esclarecido y con un sistema en sí desprovisto del democratismo exaltador de la masa.


¿Qué enseñanza nos dejó Julio Irazusta para los que anhelamos una Argentina distinta en pleno siglo XXI? En el final del Prólogo de su libro “Breve Historia de la Argentina” señala: “Los que están abajo critican a los que están arriba las mismas medidas que ellos aplicarán en cuanto se encumbren en el lugar de las supremas decisiones. Este fenómeno, en el que la causa y el efecto se confunden o el efecto se vuelve causa después de engendrarse con ella, es el problema esencial de la crisis argentina, que no fue provocada por un gobierno determinado sino por un sistema contrario al interés nacional. Y hasta que no se resuelva, el problema seguirá perturbando la vida política argentina (...)”


Con claridad meridiana nos hizo comprender que los pueblos definen su grandeza o su decadencia en las relaciones que tienen con los demás pueblos, en donde la verdadera política es la política internacional: Pueblo que no tiene una buena diplomacia y una clara geopolítica internacional nunca podrá arreglar su desorden interno; pueblo que no rompe con toda forma de dominación extranjera siempre estará condenado a la postración social. Vaya enseñanza de Don Julio para estos tiempos de tanto chiquitaje mental y colonial.



Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.



domingo, 18 de julio de 2021

ADOLFO SALDÍAS Y EL INICIO DEL REVISIONISMO HISTÓRICO ARGENTINO


Adolfo Saldías nació en Buenos Aires el 6 de septiembre de 1849, tres años antes de la caída política de Rosas. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires y en sus comienzos tuvo una formación liberal, muy a tono con el nuevo ordenamiento político post-Caseros.


En 1874 se recibió de abogado. En ese mismo año, con la sublevación militar del 24 de septiembre encabezada por Bartolomé Mitre y a raíz del resultado de las elecciones presidenciales que habían dado el triunfo a Nicolás Avellaneda, se enroló en la Guardia Nacional contra los sediciosos, otorgándosele el grado de capitán de Compañía. En 1875 fue secretario de Educación y un año después fue electo diputado por la Provincia de Buenos Aires. 


Nadie podía mínimamente imaginar -por su formación liberal- que se transformaría en el primer historiador revisionista de nuestro pasado nacional. La denominada ‘Historia Oficial’ nació hacia la segunda mitad del siglo XIX bajo el auspicio de dos destacadas figuras de la Masonería Argentina, el ex presidente argentino Bartolomé Mitre y el abogado, político y diputado nacional Vicente Fidel López. Esta corriente de pensamiento historiográfico liberal se fue consolidando con el paso del tiempo para luego profesionalizarse hacia principios del siglo XX con los historiadores Ricardo Levene y Emilio Ravignani: Nacía la “Nueva Escuela Histórica”.


Saldías ante todo buscó la verdad, que es lo que naturalmente deben hacer todos los historiadores, y no se dejó llevar por sus prejuicios ideológicos liberales del comienzo. En 1878 salió a la luz ‘Ensayo sobre la Historia de la Constitución Argentina’, en donde cabe resaltar una frase más que significativa de esta obra: “Si Rosas representó en el gobierno las aspiraciones de la mayoría de la provincia, se ésta se empeñó en mantenerlo en él, legalizando todos sus actos por medio de demostraciones de adhesión, que jamás prodigó a ningún otro gobernante, ¿la historia debe descargar sobre la cabeza de Rosas todas las acusaciones, todo el oprobio, toda la odiosidad que pueda inspirar la tiranía?”.


En 1881, a cuatro años de la muerte del Restaurador de las Leyes, aparecerá su obra clásica ‘Historia de Rozas y su Época’, libro pionero del Revisionismo Histórico Argentino. Con esta obra cumbre, fuente de inspiración de futuros historiadores honestos, se produjo la total evolución en el pensamiento de Saldías, tanto desde su honestidad intelectual como desde su concepción ideológica. Para elaborar su ‘Historia de Rozas y su Época’, en primer lugar el joven historiador se interesó por los archivos existentes en el país, archivos menospreciados por la Historia Oficial.


Tuvo acceso a colecciones periodísticas de ‘La Gaceta Mercantil’ y el ‘Archivo Americano’, como así también acceso a los Diarios de Sesiones de la legislatura rosista. Pero todo pegó un gran giro cuando pudo acceder al archivo del mismísimo Restaurador de las Leyes. Luego de la derrota nacional en la batalla de Caseros (3 de febrero de 1852), Rosas se preocupó muchísimo por salvar su copioso archivo, seguramente porque los unitarios lo harían desaparecer o quemar.


Por tal motivo, en varios cajones hizo llevar toda su documentación -su único tesoro como el Restaurador diría- a la Legación inglesa de la calle Defensa, y luego de allí al buque ‘Conflict’ donde marchó finalmente a Inglaterra como ruta obligada. Después de su muerte, su gran archivo quedó en la casa de su hija Manuelita, en Londres. Y es precisamente en Inglaterra donde Saldías ha tenido acceso al archivo personal que Rosas había traído consigo. De esta manera terminó de plasmar su famosa obra, el libro fundacional del revisionismo histórico en nuestro país.


En esos cajones se encontraban testimonios de primera mano, documentos muy valiosísimos, todas las cartas recibidas por Rosas: del Libertador José de San Martín, del General Alvear, de Lord Palmerston (Primer Ministro del Reino Unido hacia mediados del siglo XIX), de Manuel de Sarratea, Manuel Oribe, etc. etc. También contó con los borradores de las notas oficiales, de los mensajes, notas diplomáticas; informes reservados de sus ministros en Londres, París, Washington y Río de Janeiro; como así también informes reservados de la policía. Todo cuidadosamente clasificado por años y materias, en sus correspondientes carpetas y legajos, de acuerdo al meticuloso orden que siempre ponía en práctica Rosas.


En 1887, durante la presidencia de Miguel Juárez Celman, apareció el tercer y último tomo de ‘Historia de Rozas y su Época’. Y cinco años después, en plena represión al naciente radicalismo, bajo la presidencia de Carlos Pellegrini, la obra fue reeditada en su versión definitiva de cuatro volúmenes, con la denominación consagratoria de ‘Historia de la Confederación Argentina’. Como dijera con claridad meridiana Julio Irazusta “la historia de Rosas esclarecida por Saldías iluminó la historia argentina para acá de 1852.  Las consecuencias de Caseros se nos mostraron en perfecta relación del efecto con su causa en el desarrollo posterior del país”.  Esto quiere decir que don Adolfo fue el modelo del intelectual comprometido, y como tal, fundador de la escuela científica del revisionismo histórico.


Falto de prejuicios, Saldías le envió un ejemplar de su monumental obra al mismísimo Bartolomé Mitre -quien fiel a su colonialismo cultural- le respondió de manera lapidaria condenando su trabajo y sus conclusiones. La prensa ocultó el libro a conciencia, limitando enormemente su publicación. Lo único que debía prevalecer era la Historia Oficial mitrista, y así Saldías fue prácticamente condenado a la muerte civil desde lo historiográfico. A pesar de todo ello prosiguió adelante con el esclarecimiento de nuestro pasado dando luz a más obras y llevando adelante una intensa labor periodística.


Participó activamente en la Revolución del Parque, la insurrección cívica-militar del 26 de julio de 1890 contra el régimen oligárquico, insurrección dirigida por la naciente Unión Cívica y liderada por Leandro N. Alem. Fue uno de los primeros en entrar al Parque de Artillería junto a Alem, siendo luego detenido y desterrado a Uruguay. Fue uno de los fundadores de la Unión Cívica Radical en 1891, y volvió a formar parte de una insurrección armada en la Revolución radical de 1893, siendo nuevamente detenido, encarcelado en Ushuaia y nuevamente enviado a Uruguay. En 1898 fue Ministro de Obras Públicas y en 1902 Vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires, acompañando a Marcelino Ugarte. Posteriormente se incorporó a la Cámara de Diputados de la Nación, y no obstante su inmensa actividad política no dejó de lado su labor historiográfica e investigativa, por ejemplo publicando “La evolución republicana en la Revolución Argentina”.


Luego de su fallecimiento producido el 17 de octubre de 1914 en La Paz, Bolivia, se le rindieron honores oficiales al arribar sus restos a la ciudad de Buenos Aires. Su mayor legado fue marcar el inicio del esclarecimiento de nuestro pasado nacional, justamente esclarecer con la verdad y sin ningún tipo de prejuicios o amarillismos ideológicos. Lo que vale decir realizar un esfuerzo sincero y obstinado para conocer la verdadera grandeza de nuestro Ser Nacional a pesar del colonialismo cultural cipayo que sigue vigente en la actualidad. 




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.


MARÍA REMEDIOS DEL VALLE, LA MADRE DE LA PATRIA

De origen afrodescendiente, nació en Buenos Aires en 1766. Durante la Segunda Invasión Inglesa al Río de la Plata , María Remedios del Valle...