jueves, 3 de agosto de 2023

ADRIANO ROMUALDI, EL CUADRO, EL MILITANTE


Hombre de pensamiento y de acción, de excepcional inteligencia, fue un prolífico pensador y ensayista, militante y figura de primer orden del Nacionalismo Identitario Europeo. Desde sus inicios, Romualdi estuvo influenciado por Friedrich Nietzsche, Oswald Spengler y sobre todo por Julius Evola, de quien se hará amigo e inclusive biógrafo. En cada uno de sus ensayos siempre bregó por la preeminencia de valores aristocráticos, guerreros y heroicos, buscando siempre proyectar un identitarismo europeo que terminara con los patriotismos sectarios y cortos de mirada.


Adriano Romualdi nació el 9 de diciembre de 1940 en la ciudad italiana de Forli, capital de la provincia Forli-Cesena. Su padre, Pino Romualdi, fue vice-secretario del Partido Fascista Republicano durante la República de Saló, como así también fundador en el marco de post-guerra del Movimento Sociale Italiano (MSI) y director del órgano de difusión y diario de combate Il Secolo d’Italia.


Siguiendo los pasos de la militancia de su padre, Adriano se destacó desde una temprana edad en un activismo intelectual y político integrando organizaciones estudiantiles, como es el caso de su gran aporte en FUAN, sección universitaria del MSI. Licenciado en Historia, se destacó como Profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Palermo, y desde su primera época de militancia y activismo tuvo una mirada metapolítica superadora de los anticuados partidos u organizaciones fascistas, mirada que se posicionó más allá de los patriotismos nostálgicos o conservadurismos tradicionales. Posteriormente se destacó en la lucha política dentro del MSI a través de una amplia trayectoria, participando además en varias publicaciones neo-fascistas como Destra Radicale y Nuovo Orden, siempre con su mirada aguda de inspiración evoliana.


Fue autor de numerosos artículos, introducciones a libros, prefacios, ensayos. Como introductor de la obra de Julius Evola, en 1968 escribió “Julius Evola: El hombre y la obra”, la primera aproximación seria, profunda y también crítica a la rica bibliografía del pensador tradicionalista, definiendo el mismísimo Evola ese ensayo como el mejor conocido sobre su actividad y sus obras. Dentro de las publicaciones de Romualdi destacan en especial "El problema de una tradición europea" (1973); "Los Indo-europeos" (publicación póstuma, 1978); “Las últimas horas de Europa” (publicación póstuma, 1976).


Para Romualdi era imperioso recuperar una cultura nacionalista revolucionaria despojada de todo vestigio burgués. Partir de la Tradición indoeuropea para sentar las bases de una política cultural radical de ‘Derecha’ y para contrarrestar los embates del adversario capitalista-marxista. Por eso estaba especialmente atraído por la idea de una Orden, de un espíritu templario, de una romanidad aristocrática y de una mentalidad prusiana. Y es a través de nuevas formas de comprender la historia y la política que contribuyó de manera decisiva en la evolución de un nacionalismo revolucionario. No creía en otro nacionalismo que aquel representado por la Patria Europea, puesto que el 'pequeño nacionalismo' era en su mirada un simulacro, una colectora de la política convencional.


Romualdi fue también uno de los principales re impulsores del término "Derecha" dentro del ámbito nacionalista, término del que él mismo se apropió a través de un claro cuerpo ideológico y despojándolo de todo conservadurismo “patriotero”. En su esclarecedor ensayo “Por qué no existe una cultura de derecha” (1965) afirma: "Qué significa ser de derecha? Ser de derecha significa, en primer lugar, reconocer el carácter subversivo de los movimientos salidos de la Revolución Francesa, sean ellos el Liberalismo, la Democracia o el Socialismo. Ser de derecha significa, en segundo lugar, detectar la naturaleza decadente de los mitos racionalistas, progresistas, materialistas, que preparan la llegada de la civilización plebeya, el reino de la cantidad, la tiranía de la masa anónima y monstruosa.


Ser de derecha significa, en tercer lugar, concebir el Estado como una totalidad orgánica donde los valores políticos predominan sobre la estructura económica y donde el derecho de 'a cada uno lo suyo' no significa igualdad, sino igual desigualdad cualitativa. Finalizando, ser de derecha significa aceptar como propia aquella espiritualidad aristocrática, religiosa y guerrera que originó la civilización europea, y -en nombre de esta espiritualidad y de sus valores- aceptar la lucha contra la decadencia de Europa".


En ese mismo ensayo también sostiene: “¿Qué problemas se plantean a quienes quieren afrontar el problema de la cultura de derecha? Antes que nada, se considera necesario un enfoque correcto del problema. Y la primera contribución a este enfoque es la definición de lo que se entiende por derecha y por cultura. Es necesario dejar claro que, para el hombre de derecha, los valores culturales no ocupan el rango excelso que ensalzan los escritores de formación racionalista. Para el verdadero hombre de derecha, antes que la cultura están los genuinos valores del espíritu, que encuentran su expresión en el estilo de vida de la verdadera aristocracia, en las organizaciones militares, en las tradiciones religiosas aún vivas y operativas. Primero está un determinado modo de ser, una determinada tensión contra alguna realidad y después el eco de esta tensión bajo la forma de filosofía, arte, literatura…


En una civilización tradicional, en un mundo de derecha, primero viene el espíritu vivo y después la palabra escrita. Sólo la civilización burguesa, nacida del escepticismo ilustrado, podía pensar en sustituir el espíritu heroico y ascético por el espíritu de la cultura, la dictadura de los filósofos. El demócrata rinde culto a la problemática, a la dialéctica y a la discusión, y transformaría voluntariamente la vida en un café o en un parlamento.


Para el hombre de derecha, por el contrario, la pesquisa intelectual y la expresión artística adquieren un sentido tanto en cuanto comunican con la esfera del ser, con algo que –comúnmente concebido– no pertenece al reino de la discusión, sino al reino de la verdad. El auténtico hombre de derecha es instintivamente hombre religioso, no en el sentido estricto de lo que el término implica en relación con la fe y la devoción, sino porque mide sus valores no con el metro del progreso, sino con el de la verdad”.


Sostenía también que el futuro solamente podía ser garantizado a través de un regreso a las más profundas raíces europeas aliado a los avances que la técnica y las ciencias modernas ofrecen. En unir la tradición primordial con el futurismo, en oposición al conservadurismo reaccionario y al progresismo liberal desenraizador, tal como lo sostenía Guillaume Faye en su obra L’Archeofuturisme. Por eso entendía al nacionalismo europeo como movimiento cultural y político con la finalidad estratégica de crear una alternativa de civilización al materialismo americano y al colectivismo marxista soviético del momento.


De manera inesperada, Adriano Romualdi falleció trágicamente luego de un accidente automovilístico el 12 de agosto de 1973. Tenía tan sólo 32 años de edad. A juicio de Evola, quien lo conoció muy bien, el mundo identitario perdió desde aquel nefasto día “a uno de sus representantes más cualificados”. Romualdi no fue un intelectual (palabra por él detestada). A pesar de su corta edad fue un hombre de vasto conocimiento y ejemplo de militante inclusive en el combate callejero cuando la ocasión lo requería.


Un baluarte con poderío de voluntad para la militancia política. Una personalidad de porte inquebrantable. Un hombre de acción en donde sus investigaciones, obras y ensayos se complementaban con la lucha política y cultural. Un cuadro militante que entendía la vida misma como una milicia en donde el pensamiento y la acción, frente a la comodidad burguesa y el conformismo, se debían unir en la búsqueda de la verdadera realidad interior, siendo siempre consciente de la extrema dureza que eso significaba para el que se sabía resistente frente a un mundo que en todas sus dimensiones le era extraño y enemigo. Un escritor, investigador y ensayista digno de ser leído, sobre todo necesario de ser comprendido en estos tiempos de agendas globalistas igualitaristas, de idiotismos liberales y de diferentes internacionalismos colonialistas.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.


03/08/2023



sábado, 8 de julio de 2023

DOMINIQUE VENNER, LA MEMORIA IDENTITARIA DE EUROPA


Prolífico ensayista, historiador, pensador, erudito, doctrinario y hombre de acción, es considerado uno de los grandes referentes del nacionalismo identitario europeo y de influencia decisiva en lo que se conoció como Nouvelle Droite, Nueva Derecha francesa. Desde sus inicios bregó por un nacionalismo europeo y revolucionario. Una Europa de etnias donde siempre pregonó la unidad continental en oposición a todo universalismo e igualitarismo liberal disolvente.


Dominique Venner nació en París el 16 de abril de 1935. Fue soldado en Argelia y entró en combate cuando ese país era colonia francesa, sirviendo de 1953 a 1956 como suboficial en el 4º batallón de cazadores, razón por la cual fue condecorado con la Cruz del Combatiente. En 1961, las tropas francesas asentadas en Argelia se levantaron contra el propio Charles De Gaulle, llevándose adelante el golpe militar del general Salan que terminó en un verdadero fracaso y razón por la cual los militares facciosos crearon la organización armada  OAS (Organisation de l’Armée Secrète), que perpetró sendos atentados. Venner participó en la organización OAS en suelo francés y aunque no se vio implicado en ningún acto terrorista fue detenido en 1961 pasando dieciocho meses en la prisión.


En 1962 escribió su famoso ensayo Pour une crítique positive, siendo uno de los principales inspiradores de la Féderation d´Estudiants Nationalites (FEN), la organización en la que el joven Alain de Benoist publicaba sus primeros ensayos. En 1963 fundó el movimiento euronacionalista Europe-Action, en cuya prestigiosa revista homónima fue su director con un total de 48 números publicados y una tirada en promedio de 10.000 ejemplares entre 1963 y 1967. Desde este espacio promovió junto a Alain de Benoist un nacionalismo paneuropeo basado en un “realismo biológico”, exaltándose una visión social-darwinista de la lucha por la vida y dejándose de lado todo tipo de quimeras, idealismos o nostalgias nacionalistas como así también un fuerte esclarecimiento y de denuncia contra todo materialismo capitalista/marxista plutócrata, individualismo consumista y multiculturalismo.


Con Europe-Action, Venner estableció una nueva estrategia metapolítica consistente primero en dar una lucha ideológica y cultural, para después dar la lucha por la hegemonía política y así la transformación de las naciones. En su mirada, el activismo sin un respaldo político es una forma de “neurosis militante” de la que se debe huir. Posteriormente formó parte de GRECE, Groupement de Recherche et d'Études pour la Civilisation Européenne -Grupo de Investigación y Estudio para la Civilización Europea-, el think tank metapolítico francés fundado por Alain de Benoist dedicado a la promoción de estudios e investigaciones en el campo de la política, la economía, la sociología, la historia y la filosofía para combatir al pensamiento hegemónico contemporáneo, fomentando la construcción de una civilización Occidental basada en las tradiciones milenarias de los pueblos de raza europea. Una gran escuela que renovó el pensamiento identitario en las décadas de los ´70 y ´80.


Publicó numerosas obras entre la cuales se destacan Baltikum (1974), Le Blanc Soleil des vaincus (1975), Le Cœur rebelle (1994), Histoire critique de la Résistance (1995), Gettysburg (1995), Les Blancs et les Rouges (1997), Histoire de la Collaboration (2000) Histoire du terrorisme (2002), Histoire et tradition des Européens (2002), y Le Choc de l’Histoire (2011). Su libro más importante en español es Europa y su Destino: De ayer a mañana (2010).


De manera inesperada, a los 78 años de edad, el lunes 21 de mayo de 2013 Venner se suicidó de un tiro en la boca ante el altar mayor de la catedral de Notre Dame, París, con un documento testimonial que quedó para la posteridad:


“Estoy sano de cuerpo y de espíritu, y estoy lleno de amor hacia mi mujer y mis hijos. Quiero la vida y no espero nada más allá de ella, salvo la perpetuación de mi raza y de mi espíritu. Sin embargo, en el ocaso de esta vida, ante peligros ingentes que se alzan para mi patria francesa y europea, siento el deber de actuar hasta que aún tenga fuerzas para ello. Juzgo necesario sacrificarme para romper el letargo que nos agobia. Ofrezco lo que me queda de vida con intención de protesta y de fundación. Escojo un lugar altamente simbólico, la catedral Notre-Dame de París que respeto y admiro, esa catedral edificada por el genio de mis antepasados en sitios de culto más antiguos que recuerdan nuestros orígenes inmemoriales.


Cuando tantos hombres se hacen esclavos de su vida, mi gesto encarna una ética de la voluntad. Me doy la muerte con el fin de despertar las conciencias adormecidas. Me sublevo contra la fatalidad. Me sublevo contra los venenos del alma y contra los deseos individuales que, invadiéndolo todo, destruyen nuestros anclajes identitarios y especialmente la familia, base íntima de nuestra civilización multi milenaria. Al tiempo que defiendo la identidad de todos los pueblos en su propia patria, me sublevo también contra el crimen encaminado a reemplazar nuestras poblaciones.


Como el discurso dominante no puede abandonar sus ambigüedades tóxicas, les corresponde a los europeos sacar las consecuencias que de ello se imponen. No poseyendo una religión identitaria a la cual amarrarnos, compartimos desde Homero una memoria propia, depósito de todos los valores en los cuales podremos volver a fundar nuestro futuro renacimiento rompiendo con la metafísica de lo ilimitado, origen nefasto de todas las derivas modernas.


Pido de antemano perdón a todos aquellos a quienes mi muerte causará dolor, y en primer lugar a mi mujer, a mis hijos y nietos, así como a mis amigos y fieles. Pero, una vez desvanecido el choque del dolor, estoy convencido de que unos y otros comprenderán el sentido de mi gesto y trascenderán, transformándolo en orgullo, su pesar. Deseo que éstos se concierten para durar. Encontrarán en mis escritos recientes la prefiguración y la explicación de mi gesto”.


Una muerte voluntaria. Un grito de combate y de movilización que se podría interpretar como algo más que un suicidio. Un acto sacrificial, un acto destinado a dar testimonio, a sacudir conciencias adormecidas. Una acción que en definitiva lo transformará en Mito. El 31 de mayo fue incinerado en el cementerio Pére-Lachaise de París con un ceremonial junto a su familia en donde hablaron Alain de Benoist, el Padre Guillaume de Tanouar, referentes de Nouvelle Revue d´Histoire, Gianluca Ianone de Casa Pound Italia y Javier Ruiz Portella, Director de El Manifiesto.com y asiduo colaborador de Eléments, la prestigiosa revista metapolítica de GRECE fundada desde 1973. 


En uno de sus ensayos, del 7 de diciembre de 2012, Venner respondía sobre si llegaría o no el tan anhelado Despertar: “Sabemos que, como individuos, somos mortales, pero que el espíritu de nuestro espíritu es indestructible, al igual que el de todos los grandes pueblos y de todas las grandes civilizaciones. Por las razones que he explicado a menudo (y a consecuencia del Siglo de 1914), lo que está adormecido no es sólo la Europa del poder. Es ante todo el alma europea la que está adormecida. ¿Cuándo se producirá el gran despertar? Lo ignoro y, desde luego, yo no lo veré. Pero de este despertar no dudo ni un solo segundo. El espíritu de la Ilíada es como un inagotable río subterráneo que siempre renace. Porque ello es cierto, pero invisible, es necesario repetirlo noche y día. Y este secreto (la eternidad del espíritu de la Ilíada) nadie podrá nunca robárnoslo”.


De ideal pagano, fue un firme creyente de la reconstrucción europea basada en la Tradición, en la Sangre y el Honor. Dominique Venner luchó incansablemente por esa tradición milenaria indoeuropea viendo en la Illiada y la Odisea el libro fundador de la personalidad europea, “nuestro libro sagrado más auténtico”, tal como sostenía siempre con estilo, deduciendo de sus poemas una visión del mundo e incluso una filosofía. “La naturaleza como base, la excelencia como meta, la belleza como horizonte” solía sostener con claridad meridiana.


La naturaleza como base es la que se funde con lo sagrado, en donde los hombres no están aislados de ella. Y es en esa inmanencia donde se inserta el Hombre: “Como nacen las hojas, así nacen los hombres. Las hojas, a su vez, es el viento que las esparce por el suelo y el bosque verde que las da a luz cuando amanece los días de la primavera. Así de los hombres: una generación nace en el momento en que otra se desvanece” (Ilíada , VI, 146).


La excelencia como meta es la de los hombres verdaderos, los nobles y consumados, los que siempre buscarán en el coraje de la acción la medida de su excelencia (aretê): “Sé siempre el mejor, recomienda Peleo a su hijo Aquiles, prevalece sobre todos los demás” (Ilíada, VI, 208).


La belleza como horizonte se define en términos de lo bello y lo feo, de lo noble y lo vil, no en lo bueno o lo malo. O, dicho de otro modo, el esfuerzo por la belleza es la condición del bien. Pero la belleza no es nada sin lealtad y valentía. Por lo tanto, Paris no puede ser verdaderamente guapo ya que es cobarde. Una vida bella, fin último de lo mejor de la filosofía griega, de la que Homero fue la expresión primordial, presupone el culto a la naturaleza, respeto por la modestia, benevolencia del fuerte por el débil (excepto en las batallas), desprecio por la mezquindad y la fealdad, admiración por el héroe desafortunado.

 

Un Hombre honrado, un aristócrata, un combatiente. La memoria de Dominique Venner siempre estará presente cuando se combata por los mismos ideales que él luchó.… por la Identidad Europea.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

sábado, 10 de junio de 2023

JAIME MARÍA DE MAHIEU, EL HOMBRE, EL MITO


Jacques Marie de Mahieu fue un eminente antropólogo, sociólogo, filósofo, historiador, profesor, pensador y hombre de acción preocupado por las vicisitudes de su tiempo, nacido el 31 de octubre de 1915 en París, Francia. Fue Licenciado en Filosofía, Doctor en Ciencias Políticas, Doctor en Economía y Doctor Honoris Causa en Medicina.


En 1946 se radicó en Argentina donde se naturalizó como Jaime María de Mahieu, destacándose como Profesor Extraordinario en la Universidad Nacional de Cuyo de 1948 a 1955 y como Profesor honorario desde 1973. Fue miembro de la Academia Argentina de Sociología durante el período 1952-1955; Profesor titular, Vicerrector y Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires de 1962 a 1968 como así también Profesor titular y Director del Departamento de Antropología de la misma Universidad de 1972 a 1976, además de Director del Instituto de Ciencias del Hombre desde 1968.


De formación nacionalista, fue un activo militante del movimiento monarquista francés Action Française y luego colaborador del régimen de Vichy. Formó parte de la División francesa Carlomagno de las Waffen SS, una de las que combatió contra los soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial frente a la Cancillería de Berlín. Con el Golpe de Estado que derrocó al General Juan Domingo Perón el 16 de septiembre de 1955 se exilió en Brasil.


En la década del ’60 se convirtió en uno de los ideólogos del Nacional-justicialismo. Fue secretario de la Escuela Superior de Conducción Peronista y formador de jóvenes militantes de la organización nacionalista Tacuara. Posteriormente militó y formó cuadros en CEDADE (Círculo Español de Amigos de Europa) hasta su muerte acaecida en 1990.


El gran viaje del Dios Sol (1971); La agonía del Dios Sol (1972); Los vikingos en América del sur (1974); Las inscripciones rúnicas precolombinas en el Paraguay (1973); La Geografía secreta de América (1978) y El Rey vikingo del Paraguay (1979) fueron obras de suma importancia donde expuso con claridad meridiana una gran labor de investigación en todos los países sudamericanos organizando numerosas expediciones científicas y trabajos arqueológicos, demostrando con pruebas irrefutables no sólo la existencia sino el desarrollo de una gran civilización vikinga mucho antes de la llegada de Cristóbal Colón (“el embustero” al decir del autor). Los vestigios de una epopeya que el autor reconstruyó metódicamente y con el estricto rigor científico que se le conoció.


Sostiene en El Rey Vikingo del Paraguay (Ed. Hachette, pág. 176): “Los vikingos, consumados marinos de alto nivel cultural, controlaban política y militarmente  un inmenso imperio que cubría la Montaña -Berg según sus inscripciones-, vale decir Los Andes, y la Llanura -Matt-, vale decir la selva que se extendía desde la cordillera al Atlántico un imperio que surcaban vías de comunicaciones terrestres y fluviales. Estaban en condiciones, pues, de dibujar un mapa de Sudamérica. Y eran los únicos que podían hacerlo”.  


En el plano económico desarrolló los fundamentos de una economía comunitaria. Un anti-capitalismo ideológicamente anti-marxista y de base nacionalista con la idea de que toda democracia en sí es necesariamente una plutocracia. En El Estado Comunitario (1964), desnuda el tradicional concepto de Estado oligárquico-capitalista funcional a los poderes mundiales y que de Mahieu va a asociar con una capa dirigente usurpadora: “El Estado es legítimo en la medida exacta en que realiza la síntesis comunitaria. No hay, por tanto, Estado ilegítimo, pues el grupo que asumiera sin cumplir con ellas las funciones de conciencia, de mando y de síntesis de la Comunidad no sería un Estado. (...) Sólo por una abusiva simplificación de lenguaje hablamos de Estado usurpador. No hay sino Estado usurpado, o mejor dicho Estado ocupado. Debajo de la ocupación oligárquica o tecno-burocrática, el Estado subsiste, legítimo en la medida en que asegura la permanencia de la Comunidad. Pero está avasallado por una minoría usurpadora que limita su soberanía subordinando a intereses particulares el poder que él conserva, y falseando así el proceso de síntesis, que sigue desarrollándose, aunque de modo insatisfactorio”. (El Estado Comunitario, Ediciones Nueva República, pág. 109).


Fundamentos de Biopolítica (cuya primera edición en francés vio la luz en 1969 y en castellano hacia 1977) es otra de sus grandes obras, donde el autor expone los fundamentos biológicos de la dinámica social con el abordaje de temas de vital importancia como el factor étnico en los conflictos humanos, la naturaleza del racismo, los tipos y razones de la inmigración como así también la decadencia de la sociedades. En tal sentido De Mahieu sostiene que en todas las esferas de lo humano, desde el color del pelo hasta los caracteres biopsíquicos, el componente hereditario tiene peso.


Que si heredamos en una cierta proporción el color de los ojos y la estatura o la predisposición a enfermedades complejas, no hay razón para pensar que el componente hereditario no sea significativo en cuanto a capacidades psicológicas y aptitudes de la propia personalidad. El núcleo del principio biopolítico del autor se centra en que un hombre, lejos de ser una tabla rasa, viene al mundo con unos rasgos biológicos que interaccionan con el medio ambiente dentro de una comunidad humana también biológicamente condicionada. Y a partir de allí expone las leyes que rigen la dinámica de las comunidades humanas.


Otro de sus aportes decisivos fue Tratado de Sociología General (1968) en donde ahondó desde un punto de vista morfológico el concepto de grupos sociales, asociaciones, comunidades, estratos sociales y conjuntos amorfos. A su vez, teniendo en cuenta la demología analizó el volumen de la población, la raza, la estratificación cualitativa, las migraciones. Desde un punto de vista dinámico la evolución, los cambios estructurales y la movilidad social, los cambios infra estructurales y superestructurales. Analizó la desintegración social como patología desmenuzando conceptos como individualismo, igualitarismo, masificación, promiscuidad sexual e inestabilidad familiar como factores de poder disolventes. Los factores esenciales que inciden en el desorden demológico, como así también la descomposición que generan en la vida social tanto el liberalismo como el materialismo.


Jaime María de Mahieu dejó un gran legado con obras de las más variadas disciplinas: Historia, Economía, Ciencias Políticas, Filosofía, Sociología, Biopolítica, Antropología, Doctrina Nacionalista. Sus aportes fueron decisivos para posteriores estudios. Y como corolario de su basta trayectoria, en 2017 se estrenó el documental Memoria de la Sangre, con dirección, guión y edición de Marcelo Charras. Un documental transformado en una suerte de homenaje dedicado al Hombre que como muy pocos legó el estudio de la comprensión integral de la Sociedad y del Hombre. Una eminencia que por dedicación y acción se terminó convirtiendo en Mito.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.




miércoles, 10 de mayo de 2023

EL TRATADO DE VERSALLES ARGENTINO


La derrota militar argentina en la guerra de Malvinas generó cuatro gravísimas consecuencias para nuestro país desde 1983 en adelante: Un vergonzoso proceso de desarme y de desmantelamiento de nuestras Fuerzas Armadas; una sistemática política educativa-propagandística de desmalvinización; una política exterior siempre pasiva ante la ocupación británica en el Atlántico Sur y la firma de una ignominiosa capitulación, conocida como el “Tratado de Versalles argentino”.


Con la firma de los tratados anglo-argentinos de 1990, suscriptos por el entonces presidente Carlos Menem y su ministro de Relaciones Exteriores Domingo Cavallo (miembro prominente de la Trilateral Comission) la Argentina consolidó formalmente todo el proceso de desmalvinización y de entrega iniciado desde 1983. Dos tratados que aseguran en pleno siglo XXI el status de colonia y de dependencia de nuestro país hacia la geopolítica expansiva del Reino Unido en el Atlántico Sur.


El 15 de febrero de 1990 se firmó en Madrid el Primer Tratado Anglo-Argentino, denominado burdamente “Declaración conjunta de las delegaciones de la Argentina y del Reino Unido”, que se complementaría con el denominado “Tratado Anglo-Argentino de Promoción y Protección de Inversiones", suscripto en Londres el 11 de diciembre de 1990 y posteriormente sancionado por el Congreso de la Nación Argentina el 4 de noviembre de 1992 (Ley N° 24.184).


El Tratado de Madrid consta de un total de 18 artículos y 4 anexos. El artículo 4° establece “dejar sin efecto la Zona de Protección establecida alrededor de las islas Malvinas -Falkland Islands-”, lo que habla a las claras de la imposición enemiga sobre el mar continental argentino. El artículo 5° deja bien en claro los derechos que adquiere Gran Bretaña sobre las FFAA de nuestro país, procediéndose a establecer un “Sistema Transitorio de Información y Consulta Recíprocas sobre los movimientos de las unidades de sus Fuerzas Armadas en áreas del Atlántico Sudoccidental”.


Los anexos 1-3 de este artículo establecen la información recíproca que debe existir ante movimientos militares: “La República Argentina y Gran Bretaña se han de proporcionar por escrito y con veinticinco (25) días de anticipación la información correspondiente al movimiento de sus Fuerzas Navales y de sus Fuerzas Aéreas y de los ejercicios que verifiquen unas y otras (…)”. Vale decir, mientras los buques y aeronaves que se desplacen por la plataforma continental argentina han de estar subordinados a un fácil y seguro control británico, los buques ingleses no están sometidos a igual control. 


Al control británico de nuestro sector Atlántico Sur y de nuestras FFAA se suma la dependencia económica. El artículo 7° consolida una “bilateralidad económica pesquera” en una importante extensión argentina: entre el paralelo de 45° latitud sur y el paralelo de 60° latitud sur (aproximadamente la zona marítima que se extiende desde Puerto Camarones en la provincia del Chubut hasta las Islas Orcadas en la Antártida). Además, se destacan las operaciones conjuntas que deben realizar las flotas pesqueras británicas y argentinas en el intercambio de informaciones, estadísticas y evaluaciones sobre la fauna ictícola en la región.


El artículo 9° promueve una “bilateralidad comercial” entre los habitantes de las Islas Malvinas y el territorio continental argentino, no aislar y abastecer en todo momento el territorio usurpado. Y para que todas las cesiones de derechos territoriales y económicas no queden tan expuestas, el artículo 10° apela al sentimiento del país vencido concediendo un derecho de visita a los familiares directos de los caídos en combate en el actual Cementerio de Darwin (el cementerio militar habilitado por el Reino Unido para sepultar a los combatientes argentinos que murieron en la guerra).


Todo un sarcasmo que manifiesta la omnipotencia sin concesiones de la fuerza bestial con que el Imperio Británico mantiene su hegemonía. A su vez, el artículo 12° extiende esta “sociedad” anglo-argentina a nuestro territorio continental, con la proyección de un Acuerdo de Promoción y Protección de Inversiones en donde otros países queden excluidos. Con esto se ratifica una vez más el Tratado Anglo-Argentino de sumisión suscripto el 2 de febrero de 1825 que en su artículo 9° ya adjudicaba a los intereses británicos la ‘cláusula de nación más favorecida’.


El “Tratado Anglo-Argentino de Promoción y Protección de Inversiones”, de diciembre del ’90, fue un acuerdo que en realidad complementó al alcanzado en Madrid. Consta de un total de 14 artículos, mereciéndose destacar el artículo 2° que establece las condiciones para la protección del Capital agiotista británico: “Cada Parte Contratante promoverá y creará condiciones favorables para que inversores de la otra Parte Contratante inviertan capitales dentro de su respectivo territorio y, sujeto a su derecho de ejercer los poderes conferidos por su legislación, admitirá dichos capitales”.


El artículo 3° hace referencia a la histórica cláusula de nación más favorecida: “Ninguna Parte Contratante someterá en su territorio las inversiones y las ganancias de inversores de la otra Parte Contratante a un trato menos favorable que el otorgado a las inversiones y ganancias de sus propios inversores o a las inversiones y ganancias de inversores de cualquier tercer Estado”.


El artículo 6° asegura a los británicos la transferencia de ganancias, en donde “cada parte Contratante garantizará a los inversores de la otra Parte Contratante respecto a sus inversiones, la transferencia sin restricciones de sus inversiones y ganancias hacia el país donde aquellos residen”. El artículo 13° sostiene que el tratado suscripto debe tener tratamiento parlamentario y ser sancionado con fuerza de ley: “Cada Parte Contratante notificará por escrito a la otra del cumplimiento de los requisitos constitucionales exigidos en su territorio para la entrada en vigor del presente Convenio. El presente Convenio entrará en vigor en la fecha de la última de las dos notificaciones”. El tratado de Londres fue el motor de las posteriores privatizaciones y transferencias de bienes patrimoniales estatales a diferentes corporaciones británicas, una sistemática política menemista de descarado vaciamiento del patrimonio nacional.


En esencia, la firma de los Tratados Anglo-Argentinos de 1990 no fueron otra cosa que la imposición de un verdadero Tratado de Versalles argentino, una de las más grandes humillaciones y postraciones de nuestra Historia. Inclusive la prensa londinense presentó el establecimiento de los mismos como un éxito del presidente Carlos Saúl Menem. Tratados que aún siguen vigentes y que ninguno de los diferentes gobiernos “democráticos” han osado revisar.



Visión de grandeza


A pesar de la postración hacia la Corona Británica con la imposición del Tratado de Versalles argentino, imposición aceptada por obra y gracia de una partidocracia siempre cipaya e imposición que se hace imperioso derogar, la causa de nuestras Islas Malvinas siempre va a seguir vigente, siempre va a ser el Norte a seguir del Nacionalismo Argentino, siempre va a estar en el Espíritu de Libertad de cada uno de los argentinos de bien, de toda una conciencia colectiva que siente orgullo de sí misma.


En esa sana idea de auto-determinación nacionalista, Malvinas es símbolo de Identidad Nacional y de Causa Justa. Este debe ser el principal sentido de reivindicación de nuestros Héroes del Atlántico Sur como así también el principal sentido de reivindicación de Soberanía Política territorial. Ya lo decía con claridad meridiana el Padre de la Patria, General Don José de San Martín: “Seamos libres, lo demás no importa nada”.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

MARÍA REMEDIOS DEL VALLE, LA MADRE DE LA PATRIA

De origen afrodescendiente, nació en Buenos Aires en 1766. Durante la Segunda Invasión Inglesa al Río de la Plata , María Remedios del Valle...