miércoles, 3 de agosto de 2022

12 DE AGOSTO, DÍA DE LA RECONQUISTA DE BUENOS AIRES

 

El 9 de junio de 1806 una escuadra naval inglesa, compuesta por ocho buques y a las órdenes del Almirante Sir Home Popham se aproximaba a la Banda Oriental con el propósito de conquistar la indefensa Buenos Aires: 1.200 hombres de desembarco comandados por el General William Carr Beresford. Ante tamaña situación, el gobernador de Montevideo, Pascual Ruiz Huidobro, dio aviso al Virrey Rafael de Sobremonte quien supuso que los barcos por su tamaño no podrían entrar al puerto de Buenos Aires, razón por la cual se apresuró a mandar a Montevideo las pocas fuerzas veteranas que quedaban en la Capital del Virreinato ordenando a su vez el acuartelamiento de las milicias.


El 25 de junio Sobremonte recibió con estupor la noticia de que los ingleses habían desembarcado en Quilmes y se dirigían hacia Buenos Aires. Rápidamente envió una defensa compuesta por cuatrocientos milicianos y cien blandengues mal armados, dispersos por el fuego de las baterías inglesas y por su disciplinada infantería. Despejado el camino, Beresford intimó la rendición y el jefe militar de mayor graduación a cargo de la defensa, Brigadier Hilarión de la Quintana, vio la inutilidad de resistir entregando la Ciudad y el Fuerte. Mientras tanto Sobremonte se había retirado a la ciudad de Córdoba con los caudales del Tesoro Público para desde allí organizar la resistencia (caudales saqueados a la altura de Luján con un total de cuarenta toneladas de pesos plata luego enviados a Londres el 17 de julio en la fragata “Narcissus”).


El 27 de junio las tropas colonialistas inglesas entraron a la Ciudad de Buenos Aires en medio de la consternación generalizada. Flameó por primera vez la bandera inglesa. Como nuevo gobernador Beresford publicó un bando general a la población con la intención de congraciarse prometiendo respeto a la religión católica y a la propiedad privada. Estableció la libertad de comercio para el beneficio de los comerciantes ingleses y de la clase acomodada de Buenos Aires, generándose un fuerte drenaje de divisas. También se auspició la creación de las logias masónicas Hijos de Hiram y Estrella del Sur, con la clara intención de atraer a nativos o residentes extranjeros a la influencia inglesa. Al mismo tiempo solicitó al gobierno inglés el envío de refuerzos militares.


El 7 de julio Beresford exigió el juramento de lealtad hacia su Majestad Británica el Rey Jorge 3° por parte de militares y funcionarios. Concurrió el Clero casi en su totalidad, el Cabildo en pleno como así también el Consulado pero a excepción de Manuel Belgrano (secretario del mismo), quien se exilió marchando hacia la Banda Oriental. La Real Audiencia y el Tribunal de Cuentas rehusaron la jura y sus funcionarios no continuaron en sus cargos.


Pero pronto vendría la reacción de criollos y patriotas. Sobremonte reunía milicias en Córdoba para acudir a libertar Buenos Aires y lo mismo hacía Ruiz Huidobro desde Montevideo, al tiempo que Don Juan Martín de Pueyrredón se destacaba reclutando milicianos en la campaña. Para coordinar estos esfuerzos dispersos se ofreció un oficial francés al servicio del Rey de España en calidad de jefe de una escuadrilla de chalupas cañoneras que defendían las costas de la Banda Oriental: El capitán de navío Don Santiago de Liniers y Bremond, quien pasó a Montevideo y obtuvo del gobernador de la plaza refuerzos, que sumados al contingente reunido por Pueyrredón, llegaban a un total de mil hombres.


Luego de cruzar el Río de la Plata, el 4 de agosto Liniers arribó al Puerto de las Conchas, actual partido de Tigre, para marchar hacia la histórica capital del Virreinato del Río de la Plata. El 10 de agosto acampó en los Corrales de Miserere y desde allí le intimó la rendición a Beresford, dándole tan sólo quince minutos para responder. La negativa de Beresford dio la señal. Liniers se dirigió con sus tropas al Retiro, plaza donde se había fortificado el enemigo. Se combatió todo el día 11, desde las cinco de la mañana y con gran ardor de ambas partes. Finalmente, la ocupación del Retiro facilitó a los patriotas el aprovisionamiento de piezas y repuestos de artillería.


Popham buscó contragolpear desde el río cañoneando las calles de Buenos Aires, valiéndose para ello del navío “Justine”, que aligerado en su peso se acercó a la costa para iniciar el bombardeo. Quiso la bajamar que el navío quedara varado en el lecho del río, razón por la cual -y en un hecho realmente inusitado- la brava acción de la caballería comandada por Pueyrredón, entre los que se destacó en esta increíble acción el joven salteño Martín Miguel de Guemes, capturó la embarcación.


Al anochecer los ingleses se replegaron hacia la Plaza Mayor y el Fuerte. Toda la noche fue empleada por el enemigo en la preparación de la resistencia, fortificando las entradas de la Plaza con emplazamiento de cañones en las bocacalles y tiradores en las azoteas. Mientras tanto, Liniers compensaba con creces las pérdidas sufridas con la incorporación entusiasta de voluntarios, hasta casi duplicar sus fuerzas iniciales.


El 12 de agosto de 1806 Liniers atacó la Plaza por cuatro puntos. La defensa inglesa cedió, lo que generó un repliegue hacia el interior del Fuerte, abriéndose un intenso fuego con los mismos cañones abandonados por el enemigo. Sin más remedio, Beresford izó la bandera de Parlamento, pero Liniers exigió una rendición incondicional. Perdido y ante un pueblo todavía enardecido Beresford finalmente mandó izar la bandera española inclusive antes de escuchar las condiciones de rendición. Los enemigos sobrevivientes depusieron las armas y desfilaron ante nuestras milicias triunfantes. El botín de guerra consistió en treinta y cinco cañones de muralla, veintinueve de campaña, mil setecientos fusiles y las banderas del Regimiento N° 71.


El encuentro entre Liniers y Beresford fue breve. Inmediatamente el general invasor firmó la capitulación ante el Héroe de la épica jornada y evacuó sus naves. Los ingleses sufrieron 417 bajas, mientras que los criollos 180 entre muertos y heridos. Eran las 15.00 horas del histórico Día de la Reconquista. El júbilo de Buenos Aires fue inmenso, como así también su entusiasmo por el jefe que había decidido la victoria. Liniers aparecía ante todos como el caudillo natural, como el conductor providencial y necesario, y en tal sentido fue designado jefe militar en Buenos Aires por un Cabildo Abierto (Cabildo que también cuestionó duramente la inacción del virrey Sobremonte).


Bajo la dirección de Santiago de Liniers, y esperando una nueva ofensiva inglesa, se constituyeron cinco regimientos de criollos y otros tantos de peninsulares: Los Patricios (oriundos de Buenos Aires con Cornelio Saavedra a la cabeza); los Arribeños (provenientes de las provincias de “arriba”, Córdoba, Tucumán, Salta, Catamarca, Charcas, Chuquisaca); los Morenos y Pardos (mestizos); los Naturales (compuesto por indígenas especialmente de Las Pampas) y los Cazadores Correntinos (de la región mesopotámica). Y junto a ellos los peninsulares, los Asturianos y Vizcaínos, los Montañeses, los Andaluces, los Catalanes y los Gallegos.


En la invasión de 1806 las tropas inglesas robaron, violaron, saquearon y asesinaron, lo que generó como lógica consecuencia la furia de los vecinos de Buenos Aires. El furibundo rechazo de un ejército invasor de primera línea como el inglés -con experiencia en diversos campos de batalla-, sentó las bases de un proceso de toma de conciencia de las propias fuerzas.


Si los argentinos pretendemos reconquistar en la actualidad un país independiente –que en los hechos concretos no existe– no podemos dejar de lado la verdad histórica. Y esta verdad histórica tuvo en su origen el Triunfo de todo un Pueblo consciente que rechazó abiertamente a los invasores ingleses, donde se derrotó a la mayor potencia mundial de la época. Claramente un legado a seguir.


Es lo que sentencia con claridad meridiana Néstor Forero en su obra “El saqueo de 1806”: “Recuperar la historia es desandar los senderos del dolor, la mentira y el engaño, pero también recuperar el sendero del amor y del heroísmo. Nuestra historia, es la historia de la sangre. Se cuentan por miles los que han dejado sus huesos en los campos de batalla para que el odio del olvido los cubra y nos arrebate su testimonio de vida y su testimonio de muerte”.


El 12 de Agosto de 1806 es el comienzo y a la vez la continuidad  de una antigua raza emancipadora, raza a la que hubo que debilitar desde el inicio para que no se pueda sostener ni la libertad ni la dignidad. Pero a pesar de ello el patriotismo militante se pone de pie y grita con voz firme hoy más que nunca: ¡Gloria y Honor a los Héroes de la Reconquista de Buenos Aires! ¡Gloria y Honor a Santiago de Liniers!




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.


lunes, 4 de julio de 2022

LA DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL Y SU MANDATO HISTÓRICO


Con un panorama militar externo sumamente grave y con una situación política interna de fractura y descomposición, el 24 de marzo de 1816 comenzó a sesionar el Congreso de Tucumán por disposición del Directorio de Buenos Aires, con el fin de declarar la independencia de la dominación española y de sancionar una constitución para asegurar la organización institucional del nuevo Estado. ¿Por qué en la ciudad de San Miguel de Tucumán? Era una concesión más que necesaria al espíritu anti-porteño reinante a nivel general, al rechazo provincial existente por las políticas centralistas del Directorio de Buenos Aires. Aquel Congreso reunía hombres que figuraban desde los primeros tiempos de la Revolución como Juan José Paso, Martín Miguel de Pueyrredón, Tomás de Anchorena y Pedro Medrano.


Enviaron diputados al Congreso representantes por Tucumán, Potosí, Catamarca, San Juan, Mendoza, Chuquisaca, Santiago del Estero, Córdoba, Salta, La Rioja, San Luis, Charcas, Jujuy y Buenos Aires. Muchos eran clérigos y frailes y el resto abogados, hacendados o comerciantes. No enviaron representantes La Banda Oriental, Misiones, Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes, integrantes de la Liga de los Pueblos Libres organizada y comandada por el Protector José Gervasio Artigas, quien se oponía al Directorio centralista de Buenos Aires. Paraguay había proclamado su independencia en 1811 y vastas regiones del Alto Perú y Chile permanecían en poder de los realistas.


La influencia del General San Martín fue decisiva. El Libertador impregnó a los diputados de un verdadero acto de heroísmo teniendo en cuenta que las armas de la Patria parecían desmoronarse ante los españoles. La batalla de Sipe-Sipe, librada el 29 de octubre de 1815 y a pocos meses de la apertura del Congreso, parecía certificarlo. Esta desastrosa batalla dejó un saldo de 2000 muertos y generó una gran desbandada, lo que finalmente se pudo compensar con la heroica resistencia en el noroeste argentino de las milicias salto-jujeñas del Líder de la Guerra Gaucha Don Martín Miguel de Güemes.


La primera necesidad imperiosa de los diputados era darle poder a una autoridad indiscutible, era designar un Director con respaldo nacional. La desconfianza general por Buenos Aires agitó en el comienzo la candidatura del coronel José Moldes, notorio por su fobia a los porteños y a quien se suponía apoyado por Güemes. Pero esta posibilidad podría traer más divisiones internas a las ya existentes. Una gestión conciliatoria efectuada por el diputado Pedro Castro Barros ante el caudillo salteño obtuvo la concentración de mayor número de sufragios en la persona del coronel Don Martín de Pueyrredón, protagonista desde la época de la Reconquista, quien finalmente fue designado Director Supremo por el Congreso el 3 de mayo de 1816.


El Congreso de Tucumán fue obra pura y exclusiva de representantes del Interior hacia quienes predicaban tanto San Martín como Belgrano. No fue obra de los unitarios liberales de Buenos Aires, siempre sobornados por la geopolítica expansiva de la Corona británica. Con la declaración de la Independencia de las Provincias Unidas en Sud América con respecto a la dominación de los reyes de España se daba un status legal a una situación de hecho ya existente y que respondía al anhelo general de los pueblos. Y precisamente, lo que constituye el acto político y jurídico fundacional de nuestra Soberanía Nacional, de nuestra Nación Libre e Independiente es el Acta de la Declaración de la Independencia proclamada en el histórico Congreso de San Miguel de Tucumán el 9 de Julio de 1816. Este acto constitutivo se ratifica el día 19 de Julio con el agregado al Acta de la frase “libre e independiente de toda otra forma de dominación extranjera”, agregado realizado a instancias del diputado sanmartiniano por Buenos Aires Pedro Medrano.


La declaración asumía una enorme importancia moral, decisiva para tonificar los ánimos y prepararlos para el esfuerzo supremo. San Martín la juzgaba indispensable para el éxito de la expedición a Chile, quería cruzar los Andes y vencer como General de una Nación libre. El Congreso continuó sesionando en Tucumán hasta enero de 1817, cuando se trasladó a Buenos Aires, sesionando como órgano legislativo hasta la disolución del Directorio como consecuencia de la batalla de Cepeda producida el 1º de febrero de 1820.


No basta con afirmar formalmente una Independencia. Es indispensable que día a día esa voluntad política se ponga en acto, porque la Soberanía Nacional no es algo que se conquista para siempre o que se proclama en una fecha patria. Sólo existe cuando hay dominio de lo que es propio; cuando se la mantiene contra todo intento de colonialismo foráneo. Y en última instancia –para que se mantenga la supervivencia nacional– se la defiende a través de las armas.


La República Argentina –y desde hace varias décadas– ya no es una Nación ni independiente ni soberana. Casi nada es nuestro porque precisamente fue y es regalado por los entregadores de turno, siendo el Estado hoy por hoy una mera formalidad jurídica. Nuestro país sufre el avasallamiento del sistema plutocrático-capitalista y la partidocracia gobernante de turno es responsable de ello. Un país atado a las Altas Finanzas globalizadoras, a los tiburones de la Usura Internacional con la lógica del endeudamiento permanente y eterno. La fraudulenta e ilegítima Deuda Externa (la mayor estafa al pueblo argentino iniciada durante la última dictadura militar y multiplicada exponencialmente por los sucesivos gobiernos civiles desde 1983 en adelante) es un tema tabú y que ni siquiera se puede cuestionar para los personeros del Sistema.


Tampoco poseemos el control de los resortes estratégicos de nuestra economía. Una moneda propia sin soberanía real. Las grandes corporaciones internacionales como Barrick Gold, Chevron (British Petroleum) que depredan sistemáticamente nuestros recursos naturales. Monsanto haciendo otro tanto con nuestro suelo a través de los agrotóxicos. Diferentes colonialismos de turno nos acechan: Inglaterra, China, EEUU, el Sionismo. A ello se suma un modelo de desregulación de la economía basado en los vaivenes del dólar y la especulación financiera; en la agro-exportación dependiente del mercado internacional; en el derroche y el despilfarro de dinero para clientelismo político; en un sistema impositivo retrógrado y cada vez más asfixiante; en una economía con estructural inflación y sin ningún tipo de respuestas por parte del Estado, del Anti-Estado, con crecimiento alarmante de la pobreza, la indigencia, la pauperización, la desocupación y la precarización laboral.


La Argentina nunca va a tener salida dentro del actual Sistema o Régimen de Dominación Mundial. Debemos tomar conciencia de la realidad de la situación, y a partir de esto llevar adelante modos de acción y esfuerzos para cambiar la triste realidad que se vive. En lo ideológico y político, el Nacionalismo Argentino aspira a hacer realidad un país infinitamente mejor al actual a través del ejercicio efectivo de la Soberanía Política, de la Independencia Económica, del Bien Común y de la defensa de los valores nacionales. Este es el llamado, este es el deber.


El germen del Poder siempre reside en la intimidad del Espíritu de cada uno de nosotros. Entonces, despertar nuestro Espíritu Patrio y unirlo al mandato histórico del 9 de Julio de 1816 es levantar la bandera de la Libertad y de la Independencia contra toda forma de dominación extranjera, es levantar la llama de la argentinidad para que la Argentina vuelva a ser de y para los intereses de los argentinos.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.


viernes, 3 de junio de 2022

4 DE JUNIO DE 1943, LA NUEVA ARGENTINA


El pronunciamiento militar del 4 de Junio de 1943 puso fin al gobierno de Ramón Castillo, el último de los presidentes de la denominada ‘Década Infame’. Luego de la efímera presidencia del General Arturo Rawson (quien apenas duró dos días en el poder), le sucedió el General Pedro Pablo Ramírez y posteriormente el General Edelmiro Farrell, quien estuvo al frente del Poder Ejecutivo desde febrero de 1944 y hasta junio de 1946 cuando asumió el electo presidente General Juan Domingo Perón.


Este levantamiento militar fue el único de nuestra historia en donde no estuvieron al tanto las embajadas extranjeras. Al amanecer de ese 4 de junio, unos 8.000 soldados aproximadamente –y al mando del general Rawson– avanzaron desde la guarnición militar de Campo de Mayo hacia la Capital Federal. Al llegar a la Escuela de Mecánica de la Armada la columna fue atacada por fuerzas leales al gobierno pero finalmente se rindieron. De esta manera la suerte de Castillo estaba echada.


A la tarde de aquella histórica jornada los jefes del levantamiento ya estaban instalados en la Casa de Gobierno. Al principio se caracterizaron por tener ideas y posturas ideológicas muy heterogéneas. El efímero presidente Rawson era pro-aliado, siendo abruptamente sustituido por Ramírez quien era nacionalista. Por lo pronto, y en referencia a la guerra, se afirmaba una política de neutralidad. El nuevo gobierno militar fue recibido en menor o mayor grado con aprobación y expectativas, sobre todo teniendo en cuenta lo odioso del Régimen derrocado.


Los militares de la Revolución no tenían la más mínima intención de entregar el Poder a partido político alguno, ni siquiera parcialmente. Aborrecían de los políticos, y esto no era para menos por todo lo que se había vivido durante la Década Infame en cuanto a fraude electoral sistemático, corrupción, entrega y problemáticas sociales que se hacían sentir de una manera más aguda.


El GOU (‘Grupo Obra y Unificación’) como cerrada organización militar secreta desempeñó un papel fundamental y decisivo en el derrocamiento de Castillo, y posteriormente en las maniobras internas que precipitaron las sucesivas salidas de la presidencia de los generales Rawson y Ramírez, posibilitando el ascenso del General Farrell. El GOU fue más que necesario para que la Revolución del 4 de Junio no se desviara como la del 6 de Septiembre de 1930. Se compuso por un reducido grupo de oficiales, coroneles, tenientes coroneles y capitanes todos ellos en servicio activo. Fue el avance de los oficiales jóvenes del Ejército, muchos de ellos provenientes de sectores medios y bajos sin influencia que encontraron un momento histórico oportuno para dar un salto de calidad, ya que en enero de 1943 había fallecido el General conservador y anglófilo Agustín P. Justo, quien había controlado al Ejército por casi dos décadas.


Los integrantes del GOU tenían una clara visión nacionalista, en contra del Comunismo y de la Masonería. Una postura neutralista frente a la Segunda Guerra Mundial y políticamente querían terminar de una vez por todas con la corrupción de los gobiernos conservadores; formar una fuerte conciencia nacional con un contenido social, económico y jurídico claramente distinto al que se venía dando. Si bien simpatizaban con el Eje no tenían incorporada como doctrina la ortodoxia cosmovisional del Nacional-socialismo. Como simpatizantes entendían que un hipotético triunfo del Eje Berlín-Roma-Tokio (luego extendido a otros países) le daría a la Argentina un papel eminente en el escenario continental americano.


A su vez especulaban con la idea de que una derrota norteamericana y británica pondría fin a la histórica expoliación colonialista sufrida por nuestro país. El verdadero cerebro y líder del GOU fue el por entonces Coronel Juan Domingo Perón, quien junto al Coronel Miguel Ángel Montes fue el artífice de la proclama de 1943. En este año, y por primera vez en nuestra historia, la producción industrial va a superar a la tradicional producción agropecuaria. Entre 1942 y 1946 (es decir previo a la llegada de Perón a la presidencia) se habían creado 25.000 establecimientos industriales diversos.


Estos cambios fundamentales habían comenzado de manera paulatina con la industrialización por sustitución de importaciones de la Década Infame, proteccionismo que se aceleró con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y que el gobierno de la Revolución estimuló aún más llevando adelante una serie de medidas muy importantes: El fomento y la defensa de la industria; la rebaja y luego el congelamiento de los precios de alquileres; la rebaja de los arrendamientos agrícolas, lo que generó un extraordinario incremento de la industria tambera y granjera en el sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires, zonas que antes tenían un sistema de arriendos casi feudales. A su vez se creó el Banco de Crédito Industrial y se promovieron las fabricaciones militares. Otra medida muy importante fue la intervención de la odiada Corporación de Transportes (que en el marco del pacto Roca-Runciman del año ’33 se le daba la concesión y el monopolio del transporte público de la ciudad de Buenos Aires a corporaciones empresariales de origen británico).


Todas estas medidas marcaban una línea de indiscutible sentido nacional, y hacia 1945  la infraestructura industrial ya abarcaba a casi todos los rubros livianos, con el ánimo de incursionar en sectores de la industria pesada. Pero sin lugar a dudas, la obra más trascendental del gobierno revolucionario estuvo en una serie de medidas adoptadas bajo la directa conducción del por entonces Coronel Perón en el orden social.


El antiguo Departamento Nacional de Trabajo se convirtió desde noviembre de 1943 en la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, alentándose una mejor redistribución de la riqueza nacional como así también un mejoramiento sustancial en las relaciones entre el Capital y el Trabajo. Se extendió el régimen jubilatorio; se crearon los tribunales de Trabajo para poder regular el enfrentamiento tradicional entre patrones y obreros en el orden judicial. Hubo un reconocimiento definitivo al movimiento sindical y hacia 1945 el movimiento obrero ya era netamente peronista. Se estableció el pago de vacaciones y de aguinaldo; hubo una sistemática política de aumento de salarios; se estableció la previsión por accidentes de trabajo como así también la elaboración de convenios colectivos a favor de los trabajadores.


El famoso ‘estatuto del Peón’ dictado por Perón fue lo que más enfureció a la oligarquía conservadora de aquel entonces, ya que estipulaba derechos y obligaciones para el patrón y para el peón. De ahora en más existía un poder superior a la patronal y en defensa de los tradicionalmente postergados del campo. Hacia principios de 1945 ya no había dudas del proceso popular que se estaba gestando. Luego de casi dos años de creada la Secretaría de Trabajo y Previsión Social se había conseguido que los obreros fueran el más firme apoyo del Coronel Perón.


La Revolución del 4 de Junio de 1943 marcó una nueva etapa en el país. No fue una mera asonada militar destinada a cambiar hombres o partidos. Fue un proceso transformador, apuntó a un claro resurgimiento nacional como así también a una idea moral y humanista. El GOU (o sea, el mismísimo Perón) hizo que se cumpliera el programa de la Revolución imponiendo una norma de conducta con un contenido económico, social y jurídico totalmente innovador. Una Nueva Argentina, gestada de manera inadvertida desde noviembre de 1943 con la inauguración de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, organismo que tantos y amplios beneficios dio al pueblo argentino. Una Nueva Argentina que sin lugar a dudas tuvo su mayor expresión en la gesta popular del 17 de Octubre de 1945, el despertar de la conciencia colectiva del pueblo trabajador.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

lunes, 2 de mayo de 2022

¿QUÉ ES LA DISIDENCIA CONTROLADA?


Una persona disidente es aquella que expresa su desacuerdo, desavenencia, discrepancia y separación ante una situación determinada, ante un pensamiento o doctrina en particular. En un plano político se es disidente por ejemplo cuando se pertenece a una estructura partidaria y esta estructura tiene un desviacionismo ideológico y doctrinario que no es aceptado bajo ningún punto de vista por esa persona en calidad de disidente. Esa persona en cuestión hasta podría ser perseguida por considerársela una amenaza para el propio partido.


Otro ejemplo dentro de la esfera política podría ser la disidencia siempre existente en regímenes dictatoriales que cercenan las libertades y el progreso económico/social de un pueblo, como hoy en día se observa en Cuba o China, por poner dos ejemplos paradigmáticos. En democracia también se puede ser disidente, entendiendo este sistema político como una falsa democracia, como una mera formalidad o maquinaria electoralista detrás de la cual se alternan en el poder tecnócratas de un sistema que siempre buscan un espurio beneficio propio.


Pero el concepto cambia radicalmente cuando hablamos de control. ¿Qué es entonces la disidencia controlada? Es una operación de ingeniería social de las elites dominantes, una estrategia del Sistema o Régimen de Dominación que consiste en alentar o dar protagonismo a determinados personajes políticos que se muestran como disidentes, que se erigen como anti-sistemas pero que en el fondo solo lo aparentan para captar la atención y capitalizar una situación de descontento social ante una eventual toma de poder.


La disidencia controlada sirve para seguir manteniendo las mismas estructuras de poder sobre todo en momentos de crisis, donde diera la impresión de que si esa crisis se agudizara y profundizara sin disidencia controlada podría dar paso a un movimiento político genuinamente disidente y anti-sistema. Vale decir, es una válvula de escape para que el mismísimo Sistema se siga reciclando sobre todo en momentos de mucho caos social, descontento y desesperanza, permitiéndole a ese pueblo sufrido -y a través de un sistemático bombardeo mediático- canalizar su bronca en ese político disidente controlado. Cambiar de collar pero no de perro. Cambiar para que todo siga igual.


La técnica básica de la disidencia controlada es desviar las causas de los problemas de fondo para sí poner en el tapete de “discusión” lo que los medios hegemónicos consideran útiles y necesarios a los efectos de esa disidencia controlada y a través de diversos mecanismos de manipulación psicológica. Marcar “opinión pública” sobre todo al ritmo de las encuestas y las redes sociales. Manipular a través de técnicas psicológicas para lograr ese fin específico.  


Edward Bernays, en su libro “Propaganda, cómo manipular la opinión en democracia” (Ed. Del Zorzal) sostiene: “No existe medio de comunicación humano que no pueda utilizarse también para una propaganda deliberada, porque la propaganda no es más que el establecimiento de relaciones recíprocas de comprensión entre un individuo y un grupo”. Alexis Carrel, Premio Nobel de medicina, Francia, 1912, ya advertía: “Para captar la realidad actual es necesario un esfuerzo sincero, persistente y obstinado; tenemos que comprender los acontecimientos que se producen en torno a nosotros, en nuestro pueblo o ciudad y también en la nación y en el mundo. No hay esfuerzo más difícil que éste. Porque en Europa y en América estamos, unos y otros, sumergidos en las mentiras de la radio, de los diarios y de los libros. Las sutiles técnicas de la propaganda han suprimido, de hecho, la libertad de pensar. Pero nosotros no hemos comprendido enteramente la humillación y el peligro de esta nueva forma de esclavitud, no sabemos todavía rebelarnos contra ella”.


En una situación de campaña electoral (demagogia mediante de los mismos personeros del Sistema) se puede hablar desde la fraseología sobre cómo combatir la pobreza, sobre cómo terminar con la inflación, bajo que contexto podrían venir “inversiones” para sacar al país adelante, cómo “insertarnos” mejor en la “comunidad internacional” o cómo mejorar las “instituciones” republicanas. El disidente controlado podrá cuestionar superficialmente un cierto status quo establecido pero nunca cuestionará un sistema de sojuzgamiento en sí. Conoce su límite por más verborrágico y exultante que sea. 


¿Cómo darnos cuenta entonces si estamos ante la presencia o no de un disidente controlado y fogoneado por los medios de comunicación? ¿Qué dirigente político lo sería y quién no? Aquel que llega a denunciar y oponerse firmemente a causas de fondo sobre las cuales se sustenta la decadencia de un país claramente marcará la diferencia. Aquel que sostenga y sin ningún tipo de dubitaciones un rearme espiritual y conforme a los principios rectores de la Soberanía Política, la Independencia Económica, el Bien Común Social y la defensa de una Identidad, Tradición y Valores Nacionales como ejes vertebradores para el desarrollo de una sociedad siempre será el verdadero político y a la larga el estadista ante una eventual toma y ejercicio del poder. En definitiva todo aquello que eleve a una Comunidad Nacional desde lo espiritual, físico, moral, cultural, político, económico y social.


Pero con lo anterior no alcanza. Tales principios rectores nacionalistas siempre deberán denunciar y oponerse firmemente -como política de Estado- a los verdaderos cánceres y venenos corrosivos de la humanidad: El colonialismo en todas sus formas; el Sionismo como pulpo mundialista; la Masonería como brazo filantrópico del internacionalismo plutócrata; la falta de soberanía en la emisión de la Moneda Nacional; la usura como corazón del sistema capitalista; la cultura del endeudamiento permanente; la adhesión a diferentes organismos internacionales entendidos como verdaderas usinas del Nuevo Orden Mundial; la agenda mundial de género e ideologías modernas transhumanistas que atentan contra todo Orden Natural; el garanto-abolicionismo en la justicia, las leyes liberales que tanto atentan contra la dignidad social y el concepto mismo de Justicia; el derecho-humanismo como negociado desde el Estado y como “eje” de toda política internacional, el indigenismo como utilización ideológica contra-cultural; la utilización política del Estado para saquearlo con negociados espurios.


La aparición de un outsider de la política que no plantee ni denuncie las verdaderas causas de fondo de la decadencia de las sociedades y que al mismo tiempo se presente ante los medios de comunicación como un “anti-sistema” o como una “garante” para supuestamente terminar con todo status quo lesivo es claramente una disidencia controlada y operada por el verdadero poder entre sombras, por el poder real que a través de esa pre-fabricación artificial se canaliza un descontento popular. Un juego de manipulación distractivo, juegos de artificio para hacer creer que algo va a cambiar cuando nada en esencia va a cambiar.


Una vuelta de tuerca más que le permite al sistema plutocrático-capitalista seguir reciclándose en tiempos de crisis, seguir asegurando intereses de dominación para que nunca sean afectados por una disidencia genuina, para que todo siga funcionando de acuerdo a las reglas del poder elitista de dominación establecidas de antemano.


Es por este motivo que tanto se promocionan las ideologías del Sistema que van del arco de la derecha al arco de la izquierda, porque son un conjunto de falsas ideas en sí sobre el mundo y la vida misma disfrazadas de ciencia o filosofía y que pretenden explicar de una manera simplista la complejidad de la realidad humana. A los fines prácticos las vetustas expresiones izquierda y derecha son dos caras de una misma moneda, sirven para manipular y generar variantes de disidencia controlada. 





Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

martes, 12 de abril de 2022

LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA COMO ESPEJO DE LAS IDEOLOGÍAS MODERNAS



Si entendemos por ideología un sistema de pensamiento que se compone de un conjunto de ideas o principios sobre los que se fundamenta una manera particular de ver y abordar la realidad, entonces podemos detectar dos clases de ideologías: Las negativas y las positivas. Las primeras son las derivadas de un constructo meramente racionalista/especulativo, mientras que las segundas tienen su origen en otra dimensión, en un principio más de fondo, en la idea-fuerza de la Personalidad/Ciencia en cuanto a concepción del mundo, algo mucho más determinante a la hora de entender un progreso sociológico/político en sí.


Las ideologías derivadas de ese constructo racionalista/especulativo son negativas y falsas porque son ideas disfrazadas de ciencia o filosofía que pretenden explicar de una manera simplista la complejidad de la realidad humana y del mundo. Son peligrosas porque se las emplean como sustitutas del verdadero conocimiento, conocimiento nunca negado por las mismas ciencias. Ejemplos al respecto: Marxismo, comunismo, leninismo, guevarismo, feminismo, freudianismo, liberalismo (por citar algunas)..


En base a esta mirada de las ideologías negativas el historiador Ernesto Palacio, en su obra "Teoría del Estado" (Ediciones Eudeba, pág. 23), sostiene: "Llamamos ideología a la especulación racionalista que alza en el vacío construcciones teóricas sin posibilidad de realización práctica, e ideólogos a sus cultores. La tendencia que imperfectamente podríamos denominar idealista se traduce casi siempre en ideología. Su literatura, inflamada de polémica, implica una posición apriorística de estirpe platónica y señala preferencias por tal o cuál régimen determinado, como si el establecimiento de un régimen dependiera de un acuerdo de voluntades".


El ideólogo racionalista especulativo entonces confunde, solamente teoriza, es un provocador que ciegamente se encierra herméticamente en una creencia sin fundamento. Por el contrario, el cosmovisionario y Hombre de Estado impone principios en base a una experiencia, ejecuta acciones en función de realidades comprobables, lleva a la nación por la senda del sentido común y del orden natural en el marco de una continuidad histórica y cultural.


En “La República”, la más conocida e influyente obra de Platón (427 - 347 AC), la Alegoría de la Caverna presentada en el capítulo VII es el tramo más decisivo y determinante para poder comprender cómo funcionan hoy en día las ideologías modernas. Una obra en donde el sentido íntimo de la palabra “filosofía” está en la identificación de la propia vida con el saber, con la ciencia, frente al mundo de las apariencias. A través del diálogo, el célebre filósofo griego nos muestra que hay presos encerrados en lo más profundo de una caverna desde la infancia, amarrados, inmóviles y condenados a un teatro de sombras que observan de por vida en una pared.


Creen que esas sombras que ven son la realidad. Y en función de eso teorizan. Sin embargo, estas sombras son tan sólo proyecciones de objetos reales que transportan unos hombres situados fuera de la visión de los prisioneros y que pasan junto a una gran hoguera, cuyo fuego, al iluminar los objetos, origina las sombras en la pared situada delante de los presos. Esto es lo que precisamente genera una gran pantalla escénica.


Con el tiempo un prisionero es liberado. Al salir al exterior de la caverna comprende lo irreal que era el "mundo" de las sombras frente a la claridad y luminosidad de lo recién descubierto y experimentado por él, poblado por seres y objetos verdaderamente reales.


¿Qué se puede extraer como núcleo central de la Alegoría de la Caverna de Platón? Que eso que creemos que es la realidad es tan sólo lo que apenas podemos percibir por nuestros sentidos. Es decir, las cosas que percibimos por los sentidos forman parte de una realidad relativa. Lo contrario ocurre con la verdadera realidad que son las Ideas Eternas marcadas por un Orden Natural concreto y palpable.


En definitiva, el cuadro de la naturaleza humana -al decir del mismísimo Platón- consiste en que un individuo cualquiera puede conocer cosas de manera particular, según lo que percibe, pero sólo una Personalidad Pura de conocimiento (el preso de la caverna liberado) puede acceder a Ideas palpables y reales. ¿Cómo se llegaría a ser una Personalidad Pura? No es con altruismo, tampoco con mera lectura, enciclopedismo o "estilo" de vida, sino con poseer un Despertar, una Intuición, una Sensibilidad, un Honor Espiritual.


Arthur Schopenhauer, considerado uno de los mayores exponentes de la filosofía de todos los tiempos a nivel mundial, sostiene en su obra capital "El mundo como voluntad y representación" (Editorial Gredos, pág. 403): "La mirada del individuo elemental está enturbiada, como dicen los hindúes, por el velo de Maya. En vez de la cosa en sí, no ve sino el fenómeno en el tiempo y en el espacio (...). Debido a esta su forma limitada de conocimiento, no ve la esencia de las cosas, que es una, sino fenómenos aislados".


El velo de Maya no es otra cosa que la ilusión óptica que vivimos todos los días y sin que nos demos cuenta, como un hechizo provocado, una apariencia inconsistente y en sí carente de esencia, comparable a un sueño. Los presos de la caverna del siglo XXI ven pura pantalla escénica, ven puras ideologías especulativas, mientras que el preso liberado (y despertado) Sabiduría, Cosmovisión, Concepción real del Mundo.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

jueves, 17 de marzo de 2022

JUAN MANUEL DE ROSAS EN LA POESÍA

 

A Don Juan Manuel 


Si se alzara de la tumba,
¿a cuántos escarmentaría?
El país que hoy se derrumba
con un Rosas vencería.

Juan Manuel:
que se levante en tu tierra
un argentino capaz de tus hechos.
Que se plante con denuedo
frente al orgullo extranjero.

Que cierre logias
que ponga bozal y freno.
Que prefiera una pobreza
noblemente aceptada,
a la riqueza innoble de la entrega
que tenga para custodiarnos
a los colorados del monte y a los mazorqueros.

Juan Manuel:
prometemos combatir 
por esta tierra tuya y nuestra,
pidiéndole al Dios de los ejércitos 
la gracia de la fortaleza.

Juan Manuel:
no habrá mueras esta noche, 
pero estarán tus vivas
los vivas de tu época, 
que son también los nuestros
y los vivas nuestros,
que quieren ser los tuyos

¡Viva Don Juan Manuel de Rosas!
¡Viva la Santa Federación!
¡Viva la Patria!

 

Castagnino Leonardo, J.M.de Rosas. La ley y el orden
La Gazeta Federal: www.lagazeta.com.ar 


El pequeño Juan Manuel


Aquella patria antigua de ibérica prestancia,

con su roldana de agua o su barril de mosto,

con el fuego en las calles, aquel doce de agosto,

probó que conservaba su evangélica infancia.

Era la patria henchida de imperial gravidez,

los hijos bien nacidos de las flechas y el yugo,

el fruto de Castilla, su lagar, su mendrugo,

retoños de heroísmo florecido en niñez.


Pequeños de veían prestando algún servicio,

tal vez como artilleros, con los bravos Miñones,

acarreando en sus ponchos las balas de cañones,

dispuestos como adultos al final sacrificio.


Cartuchos de fusiles o piezas de metralla,

tinajas para el agua, para la sangre vendas.

Todo lo tributaron en alegres ofrendas,

sus voces y sus risas fueron casco y muralla.


En las tropas menudas como espuelas de fletes

se destaca un chiquillo de acciones valerosas.

Lo llaman por su nombre, es Juan Manuel de Rosas,

carga un viejo mortero para los Migueletes.


En el hogar paterno vio las primeras lanzas,

tercerolas y sables le suenan familiares,

hay épicas memorias que recorren sus lares

de antepasadas huellas o bravías andanzas.


Ahora pesa este hierro para sus trece años,

esta boca de fuego, maciza portañola.

Ahora estrena su raza criolla y española

que no admite invasores ni extranjeros engaños.


Tiene porte de mando, siendo apenas muchacho,

en su mirada rubia hay azules añejos,

oye como repiques que le llegan de lejos,

de San Miguel del Monte, Tonelero o Quebracho.


Liniers cantó el elogio de su conducta recia,

diciéndole a sus padres, con fundado prestigio:

Su bravura fue digna de la causa en litigio

(Nadie dirá lo mimo sobre Ernesto Celesia)


Cuentan que usó ese día chaleco colorado,

que inauguró divisa: soberanía o muerte.

Una cosa es segura, les advirtió su suerte.

Mañana tendrá lista la Vuelta de Obligado.


Poemas para la Reconquista - Antonio Caponnetto.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.




MARÍA REMEDIOS DEL VALLE, LA MADRE DE LA PATRIA

De origen afrodescendiente, nació en Buenos Aires en 1766. Durante la Segunda Invasión Inglesa al Río de la Plata , María Remedios del Valle...