sábado, 24 de febrero de 2024

LA PRÁCTICA DEL ABORTO COMO NEGACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS


A través de un fuerte aparato educativo, propagandístico y cultural, el marxismo cultural instaló siempre la idea del “derecho al aborto libre, seguro y gratuito”. La ley N° 27.610 sobre el aborto fue aprobada por el Congreso de la Nación Argentina el 30 de diciembre de 2020, durante el gobierno de Alberto Fernández, y publicada en el Diario Oficial el 15 de enero de 2021. La norma aprobada establece que las mujeres pueden acceder al aborto hasta la semana 14 de gestación, sin establecer causal alguna. Y fuera de ese plazo, el artículo 4° de la ley señala que se puede acceder al aborto cuando el embarazo es producto de una violación o “si estuviere en peligro la vida o la salud integral de la persona gestante”. Valga decir, causales muy amplias y ambiguas.


¿Qué es el aborto?


Es una práctica criminal porque termina con la existencia de una persona, de un ser humano totalmente débil e inocente. El niño por nacer ya es una persona existente. Y es a partir del momento en el que el óvulo es fecundado por un espermatozoide que comienza su existencia. Categorizar a las personas en gestación en "deseados" o "no deseados" es muy discriminativo, y legalizar el aborto en base a este criterio constituye el peor de los autoritarismos: La ley del fuerte eliminando físicamente al más débil con la excusa de que es "no deseado".


El Código Civil y Comercial, en su artículo 19, sostiene “la existencia de la persona humana comienza con la concepción”. El Código Penal, capítulo 1°, Delitos contra la Vida, Título 1, Delito contra las personas, en su artículo 88 establece “será reprimida con prisión de uno a cuatro años, la mujer que causare su propio aborto o consintiere en que otro se lo causare. La tentativa de la mujer no es punible”. La Declaración Universal de los Derechos Humanos (proclamada el 10 de diciembre de 1948 en la ONU) sostiene en su artículo 3° que “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.


El Pacto de San José de Costa Rica, Capítulo II, Derechos civiles y políticos, en su Artículo 4° sobre el Derecho a la vida, sostiene: "Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente". El artículo 75, inciso 22 de la Constitución Nacional, le da jerarquía constitucional a los Tratados de DDHH. La Convención sobre los Derechos del Niño (adoptada por la Argentina) dispone en su artículo 6°: “Los Estados parte reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida”. Si hemos firmado tratados de respeto por los Derechos Humanos ¿es justo que se pueda considerar como un “derecho” de alguien el eliminar físicamente a otro?


Cuando se esgrime una supuesta libertad de las mujeres al disponer del "propio cuerpo" se oculta maliciosamente que el aborto resulta en la culminación física del cuerpo de otro ser. Y aunque se trata del propio cuerpo maternal no existe una libertad absoluta entendida como hacer con él lo que nos plazca. Es como pretender querer caminar desnudos por la calle como si nada. Toda interrupción presupone la suspensión de un proceso que luego podría continuar. Y no es el caso precisamente con la autodenominada "interrupción voluntaria del embarazo", ya que el aborto termina con una vida humana, provoca la eliminación de una persona.


El aborto transgrede los principios fundamentales de la ética de la medicina y de la defensa de la vida. Desconsidera los Derechos Humanos y el valor de la vida. Y desde la práctica médica, la negación de la objeción de conciencia colisiona con las creencias de los profesionales y su posibilidad de negarse a la realización de un hecho aberrante contra su libertad de conciencia y sus principios éticos y científicos, marco dado hace veinticinco siglos por el juramento hipocrático cuyo autor, Hipócrates, el padre de la Medicina, prohibió a los médicos la realización de abortos.


Al servicio del globalismo


Gracias al interés de la Fundación Rockefeller, y al ser su patrocinador histórico, la multinacional abortista Planned Parenthood entró de lleno en las Naciones Unidas y el tablero geopolítico (y biopolítico) mundial. En 1994 la ONU organizó la conferencia sobre población en El Cairo, Egipto, para avanzar con la agenda  de los “derechos reproductivos”. Esta agenda recibió el apoyo total de la administración Clinton, así como años después lo haría el presidente Obama (2009-2016). Esta conferencia formó parte de otras grandes conferencias que son parte de un proyecto totalitario de control global e ideológico.


En el 2009 se creó un sistema de financiamiento de ONGs para el activismo y la ingeniería social, lo que desembocó en un "filantro-capitalismo", un modelo económico centrado en donaciones para fundaciones sin fines de lucro con el incentivo de que dichas donaciones bajarían la carga impositiva de las compañías auspiciadoras y con el claro propósito de imponer la agenda progresista en el mundo (ESI, aborto, uniones homosexuales, inmigración masiva, etc). Entre los magnates fundadores se encontraban David Rockefeller, Bill Gates, George Soros, Ted Turner, Michael Bloomberg y Warren Buffet, todos unidos en un mismo ideal: El problema más grande que afecta a la humanidad es la sobrepoblación, hay demasiados pobres, y por lo tanto la solución es la "salud y derechos reproductivos", con la ESI y el aborto como columnas centrales en el adoctrinamiento de nuevas generaciones.


Esta iniciativa de salud global terminó en el 2016 con la llegada de Donald Trump a la presidencia, quien le puso un freno al proyecto globalista de control totalitario. Bloqueó todo tipo de ayuda económica a distintas ONGs que tienen como fin la promoción del aborto, sacó a EEUU de los acuerdos de París (siendo una de las principales organizaciones detrás de esos acuerdos Planned Parenthhod) y dejó sin financiación a la Organización Mundial de la Salud. Pero el 28 de enero de 2021, con la llegada al poder de Joe Bien se volvió marcha atrás y EEUU reingresó a los Acuerdos de París.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) es clave en las relaciones internacionales al presionar a los países miembros a aceptar la agenda progresista bajo el paraguas de "normas de salud". De hecho tiene miembros y sponsors de la agenda global como IPPF, el Banco Mundial, ONU y UNICEF entre otros. La Fundación Gates es el contribuyente privado más grande de la OMS. Fue la que financió la construcción de su sede en Ginebra, Suiza, lo que supone que las prioridades de la OMS son en realidad las prioridades de Bill Gates. La influencia del magnate es tal que es tratado directamente como si fuera un jefe de Estado no sólo dentro de la OMS sino del G-20. El objetivo de la Agenda 2030 de la ONU es cumplir con todas las metas establecidas por las grandes conferencias de ese organismo multilateral, organizadas por Planned Parenthood bajo el auspicio de la Fundación Rockefeller.


Pero la Agenda 2030 comete un error ideológico de consecuencias nefastas: Sin derecho a la vida cualquier propuesta de "desarrollo sustentable" carece de sentido. El primer derecho del ser humano es el Derecho a la Vida y todo otro derecho es complemento de este derecho fundamental.


Conclusión


¿Hay moral más falsa que la que propone el aborto sin explicarle a la madre que lo que en realidad se va a producir es el homicidio de su propio hijo, despedazado en su propio vientre y succionado por partes? Un ser empieza a vivir desde el momento de su concepción, de la unión del óvulo y del espermatozoide dentro del vientre materno. Por lo tanto es un ser independiente y único, un embrión con genética propia, que si bien no tiene todavía formada sus partes, lo sustancial es que tiene vida, y por lo tanto crece.


La vida no es algo que se deba discutir, es algo que siempre se defiende porque es el primer derecho de todos los Derechos Humanos habidos y por haber. Por eso el aborto no es algo que se deba debatir si se está a favor o en contra, no se puede discutir si un niño debe seguir viviendo o si debe morir. Ni siquiera el indefenso niño pidió nacer, sino que es traído al mundo por la más pura y exclusiva responsabilidad de sus progenitores. Ante la avanzada del globalismo y su control poblacional, digamos SÍ A LA VIDA Y A LOS DERECHOS HUMANOS, DIGAMOS NO A LA CULTURA DE LA MUERTE.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.



miércoles, 3 de enero de 2024

¿QUÉ ES EL FEMINISMO?


La Real Academia Española define al feminismo como “un principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre”; “movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo”. Resulta imperioso reformular una definición y analizar varios de sus conceptos. A lo largo de la historia el movimiento feminista ha obtenido numerosos logros. Durante el siglo XIX y principios del siglo XX se luchó por la igualdad en referencia a derechos de propiedad y derechos matrimoniales. Desde fines del siglo XIX la lucha se centró en la obtención de derechos políticos, básicamente el derecho al sufragio. Sin lugar a dudas conquistas nobles. ¿Quién puede estar en contra de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres? ¿Cómo no mirar con buenos ojos el derecho de las mujeres a votar o a tener una misma remuneración que los hombres en el ámbito laboral?.

 

Sin embargo, el feminismo hoy en día significa algo extremadamente distinto. A pesar de que hay muchísimas personas que siguen luchando por esa igualdad de oportunidades, ese feminismo primigenio en esencia ya no existe más. Vale decir, el feminismo hoy por hoy transmutó en una ideología radicalizada y anti-natural expresada desde lo socio-cultural y en muchos casos con muy fuerte respaldo político. Sus ideas rectoras giran básicamente en torno a la sexualidad, la reproducción, el aborto, el androcentrismo, el “patriarcado”, la “ideología de género” y la “liberación femenina”. De esta manera el feminismo derivó en hembrismo, en un machismo a la inversa. Una invisible transmutación que operó a través de la farsa dialéctica materialista marxista de opuestos irreconciliables.

 

De la lucha de clases entre patrones “opresores” y obreros “oprimidos”, se pasó a una guerra de sexos entre hombres “opresores” y mujeres “oprimidas” como “motor de la historia”. Inclusive Friedrich Engels fue quien sentó las bases de la unión entre el marxismo y el feminismo tal como lo sostiene en su conocida obra “El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado” (escrita por el pensador judeo-alemán en 1884): “El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino”

 

El feminismo como clara ideología radicalizada sexista va a parir de la mano de la escritora francesa feminista bisexual y pederasta Simone de Beauvoir (1908-1986). Su obra “El segundo sexo” (1949) es una suerte de “biblia” para el movimiento feminista.​ Según las ideas de Beauvoir se debe partir de un categórico rechazo al hombre por la sencilla razón de que la mujer ha sido sistemáticamente reducida a un papel de sirvienta o esclava. Su célebre frase “la mujer no nace, se hace” dio inicio a la interpretación de que las personas poseen sexo no desde su nacimiento natural biológico sino a partir de una construcción social, a partir de cuando el hombre o la mujer quieran ser lo que les guste ser y en el amplio sentido de la palabra.


Al estar siempre  latente el rechazo abierto al hombre, al encarnar el “mal” dentro de la sociedad, la derivación lógica de esta visión va a ser el fomento del lesbianismo, ya que en la visión de Beauvoir “la homosexualidad de la mujer es una tentativa, entre otras, para conciliar su autonomía con la pasividad de su carne. Y, si se invoca a la Naturaleza, puede decirse que toda mujer es homosexual por naturaleza”. Otra de sus ideas principales fue la amplia difusión que propagó sobre el aborto y la libre elección de la mujer a elegir, tal las tesis en su Manifiesto por el aborto legal” de 1971: “El aborto libre y gratuito no es nuestra única plataforma de lucha. Esta demanda es simplemente una exigencia elemental. Si no se la toma en cuenta, el combate político no puede ni siquiera comenzar. Recuperar, reintegrar nuestro propio cuerpo constituye para nosotras, las mujeres, una necesidad vital. De frente a la historia, nuestra situación es bastante singular: en una sociedad moderna como la nuestra, somos seres humanos a quienes se les prohíbe disponer de sus cuerpos. Una situación que en el pasado sólo los esclavos han conocido”.

 

La canadiense Shulamith Firestone (1945-2012) es otra de las grandes referentes del feminismo radicalizado, partidaria de la pedofilia, de la emancipación sexual desde la infancia. Su obra más conocida es “La dialéctica del sexo” (1970), en donde también sustituye la lucha de clases por la lucha de sexos. Según sus afirmaciones la maternidad representa la "opresión radical que sufre la mujer" y la “servidumbre reproductiva determinada por la biología". Su pedofilia queda más que explícita en su famosa obra: “Si el niño puede elegir relacionarse sexualmente con los adultos, incluso si él debe escoger su propia madre genética, no habría razones a priori para que ella rechace los avances sexuales, debido a que el tabú del incesto habría perdido su función. (…) Las relaciones con niños incluirían tanto sexo genital como el niño sea capaz de recibir -probablemente considerablemente más de lo que ahora creemos-, porque el sexo genital ya no sería el foco central de la relación, pues la falta de orgasmo no presentaría un problema grave. El tabú de las relaciones adulto/niño y homosexuales desaparecerían”.

 

La expresión ‘patriarcado’ (otro enfoque esencial feminista) se debe a la escritora, cineasta, escultora y feminista estadounidense Kate Millet (1934-2017), la activista lesbiana cuyas ideas centrales se encuentran en su obra “Política Sexual” (1970). Para Millet, el patriarcado es el dominio del orden social por los hombres opresores, configurándose en ello toda una “violencia simbólica” que estructura toda esa opresión varonil hacia las mujeres. Esta “violencia” se reflejaría desde lo sexual (y en el sentido de que sólo el placer es el de los hombres), pasando inclusive por el lenguaje al utilizarse palabras masculinas que incluyen o “subordinan”, como por ejemplo “ciudadanos”. Esta “opresión patriarcal” dio pié al desarrollo del paradigma del "androcentrismo", la visión del mundo y de las relaciones centradas desde un punto de vista masculino.

 

Para el feminismo el género pasa a ser la construcción misma del sexo y desde un componente cultural: El sexo ya no es un dato originario de la naturaleza sino lo que se decide autónomamente. El género como construcción social y no biológico es una de las contribuciones más importantes de la teoría feminista. Tal como lo sostiene la feminista judía estadounidense Judith Butler, los conceptos hombre y masculino podrían aceptarse tanto en un cuerpo femenino como en uno masculino, y a su vez, mujer y femenino podrían aceptarse también para ambos cuerpos.

 

Bajo esta visión del género como construcción social se establece la idea de “violencia de género”, instalándose la idea-fuerza de que el hombre es violento por naturaleza y que la mujer es víctima indefensa. Pero con sentido común concluimos que la violencia se debe condenar en todo sentido, sean cuales fuesen las fuentes y las causas. Es más que justa la lucha por darle voz a los que sufren y padecen algún tipo de maltrato, como es el caso de las mujeres. Esto debe ocurrir siempre y cuando la justicia prime y se lleve a cabo un análisis y un proceso igualitario en todo aspecto. Pero esto es lo que no sucede y más que nada cuando vemos el bombardeo mediático demonizando al hombre. Esta es la clave para entender la trampa de la frase ‘Ni Una Menos’. La verdadera frase tendría que ser ‘Nadie Menos’: Ni mujeres, ni hombres, ni ancianos, ni niños, ni trabajadores, ni estudiantes. Nadie.

 

El feminismo se ha alejado abruptamente de su primigenia y legítima igualdad entre hombres y mujeres, transmutándose en un sistema de creencias que distorsiona la realidad basada en la misandria y en la cultura de la victimización de la mujer. Al establecer las bases del androcentrismo patriarcal (en donde supuestamente se oprime y se subyuga a las mujeres), se establece toda una histeria colectiva contra lo masculino. Y al generar un odio visceral y una aversión hacia todo lo varonil o masculino se convierte en una misandria. ¿Se podría decir que mujeres poderosas en su momento como Margaret Thatcher, Hillary Clinton, Christine Lagarde o Ángela Merkel forman parte del “sexo oprimido” según las tesis feministas?.

 

La subversión cultural marxista tiene como objetivo dividir y fracturar a las sociedades a través de la fabricación de conflictos artificiales, en este caso conflictos abstractos sexistas entre hombres y mujeres. Conflictos que parten de la base de que la mujer es objeto persistente de opresión por parte del hombre, que la mujer misma no es diferente del hombre y que a su vez es capaz de desempeñar todas las funciones que éste realiza. O sea, es un movimiento que utiliza como pantalla una supuesta reivindicación de derechos de las mujeres para así esconder su verdadera naturaleza, la fabricación de conflictos artificiales entre hombres y mujeres como factor de división dentro de una Comunidad Nacional.

 

Detrás de la guerra de sexos del marxismo cultural, detrás del feminismo como ideología dictatorial del hembrismo se encuentra la Escuela de Frankfurt, la gran usina ideológica-educativa y psicológica-propagandística del Nuevo Orden Mundial que opera para desarticular y dominar a los Pueblos desde sus mismísimos cimientos internos. Por eso se hace más que imperioso establecer las bases de un Nuevo Orden Social Patriótico para poder poner un real freno a este germen destructivo de la Familia, la Tradición, la Vida y los sanos valores culturales.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.



domingo, 3 de diciembre de 2023

¿QUÉ ES LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO?


El marxismo cultural, o neo-marxismo, como corriente ideológica socio-cultural de pensamiento cerrado que se sustenta en la fusión de los aportes de Karl Marx y Sigmund Freud, establece ideas disfrazadas de ciencia o filosofía que pretenden explicar de modo simplista la complejidad de la realidad humana, ideas que son un sustituto de todo verdadero conocimiento.


La ideología de género, como doctrina dogmática y sin ningún tipo de fundamento científico, es aquella que sostiene que las diferencias entre el hombre y la mujer -a pesar de las más que obvias diferencias anatómicas-, no corresponden a una naturaleza fija natural, sino a construcciones meramente culturales y convencionales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos.


Impuesta por medio de un proselitismo estatal agresivo e ideológico a nivel mundial, se inmiscuye en el pensamiento, la educación, la salud, las leyes, la política y la cultura. Se auto-fundamenta en una idea de una libertad absoluta desenfrenada, mostrándose como la liberación de una “minoría sexual oprimida” por un “patriarcado heterosexual opresor”. Surgida del liberalismo secular de izquierda, en la obra La ideología alemana (escrita entre 1845 y 1846), Marx y Engels ya planteaban la idea de igualdad de género. Para los autores, como la propiedad privada es vista como un obstáculo para la liberación del proletariado, la misma debía ser eliminada comenzando por la primera forma de propiedad: La familia. El argumento ideológico es porque la esposa pertenece al marido y los hijos a sus padres. Por eso la liberación debía eliminar tanto la opresión de la mujer como liberar a los hijos de sus padres.


Si la familia debe ser destruida en la visión de Marx ya que es una invención burguesa y el primer tipo de propiedad privada, la misma va a desaparecer supuestamente con la desaparición del capitalismo (El Manifiesto Comunista, 1848), lo que se lograría de dos maneras, liberando a la mujer de su esposo y liberando a los hijos de sus padres. El feminismo radicalizado va a recurrir constantemente a la falsa idea del patriarcado opresor sosteniendo que la institución principal del patriarcado es la familia. 


La ideología de género afirma que el sexo es una construcción social y que la identidad de género es algo innato. Pero no hay evidencia científica alguna con respecto a la orientación sexual homosexual  como una característica biológicamente innata. La biología y la genética contradicen la falsa idea de que las personas que manifiestan otra orientación sexual “nacen así”. La tendencia del hombre hacia la mujer y viceversa es el resultado natural y esperable de todo el desarrollo de nuestros cuerpos sexuados. No hay que esperar a que el bebé nazca para “asignarle” un sexo como sostienen los ideólogos. El sexo no es algo que se “asigna” al nacer, es algo que de antemano se reconoce en el vientre de la madre. Y como las hormonas ejercen una gran influencia en el desarrollo intrauterino del feto, la diferenciación sexual comienza con el desarrollo de los órganos sexuales (testículos u ovarios), cuyo proceso está en gran medida controlado por los genes.  


En Atrapado en el cuerpo equivocado (Editorial Metanoia Pres, año 2020), obra basada en más de 800 artículos y libros científicos sobre el tema, el autor Pablo Muñoz Iturrieta sostiene (pág. 137): “Como la biología lo ha demostrado, el sexo biológico (es decir, las categorías por las cuales clasificamos a toda persona como varón o mujer) es un aspecto bien definido de la naturaleza humana. Cantidad de estudios científicos convincentes hablan de que hay una correlación perfecta en la mayoría de la población entre el sexo biológico y la orientación sexual. Hay, sin embargo, casos de individuos que presentan trastornos de desarrollo sexual o que muestran rasgos sexuales ambiguos. Estos casos, sin embargo, son anomalías”.


El género está asociado de manera natural con el sexo biológico. Por eso el rasgo binario, es decir, el ser hombre o mujer, es un criterio objetivo y fundamentado por la ciencia, por lo que podemos decir que es una percepción y aceptación de lo que uno realmente es. Sin embargo, la ideología de género presenta la noción de identidad de género como un concepto social y psicológico, una imposición pseudo-filosófica del feminismo radical desarrollado por la escritora e intelectual Simone de Beauvoir (1908-1986).


Siguiendo con la obra de Muñoz Iturrieta, también afirma (pág. 140): “¿Qué es lo que fundamentalmente hace que alguien sea hombre o mujer? No son sus cromosomas, como comúnmente se cree, ni los roles que cumplen en la sociedad (como afirma la ideología), sino la función reproductiva en la propagación de la especie. El fundamento más profundo de la distinción entre masculinidad y feminidad es la distinción de las respectivas funciones reproductivas, es decir, en los mamíferos, como es el caso del ser humano, la hembra gesta la prole y el macho fecunda a la hembra. Así de simple. Si hay alguna duda, uno tiene que preguntarse si esa determinada persona, con todas las condiciones dadas, fuese a concebir una nueva vida ¿qué función cumpliría? ¿la de ovular o la de inseminar el óvulo? La respuesta es lo que determina si es hombre o mujer”.


Es un gran error entonces afirmar que el ser varón o mujer es una imposición cultural como así también que la naturaleza es algo estrictamente separado de las construcciones culturales que han emergido de ella. Incluso si el ser hombre o mujer fuese una construcción cultural, estas nociones tienen un fundamento en la naturaleza de la persona, un fundamento biológico y genético. Y la evidencia científica respalda el hecho de que los niños o las niñas desarrollados normalmente desde el punto de vista físico son, de hecho, niños o niñas. Los estudios cerebrales no demuestran que el desarrollo de una identidad de género distinta del sexo biológico sea algo innato. Entonces la respuesta a esto último -que falsamente se busca propagar como construcción ideológica- se debe buscar en factores sociales y psicológicos, como así también en las experiencias vividas (dinámica familiar, psicopatología de los padres o malas amistades).


La persona es víctima de un problema de percepción de la realidad, por lo cual toda terapia se debe enfocar no en acomodar el cuerpo a sentimientos y pensamientos errados sino en ayudar al paciente a encontrar modos para aliviar esa tensión y poco a poco aceptar la realidad del propio cuerpo. Este tipo de terapia se apoya en serios principios médicos y en un entendimiento correcto de la salud mental y física de la persona, ya que el fin de la medicina no es el satisfacer los deseos del paciente sino el restaurar su salud física y mental. Por eso el cambiar de género es una manifestación externa de graves problemas psicológicos.


¿Cómo se puede sentir hombre o mujer una persona que nunca lo fue? ¿Qué ocurriría si trasladamos la ideología de género a la edad o a la altura? ¿Qué fundamento serio puede tener que una persona de 60 años se auto-perciba de 40? ¿Cómo se puede auto-percibir alta una persona que mide 1,20 metros de altura? Hay toda una especulación racionalista, un vacío de construcciones teóricas sin ningún tipo de realizaciones concretas. Pensadores que teorizan sin fundamentos, que en su ciego fanatismo y hermético encierro confunden.


La ideología de género, que enseña que los niños pueden “elegir” el sexo, no tiene ningún tipo de sustento científico ni filosófico. Es en el fondo una colonización mental ideológica de sesgo totalitario al servicio de los poderes mundiales. Es la destrucción de la familia (tal como en su momento lo sostenía Marx).


Su accionar, plasmado en leyes y en diferentes iniciativas que promueven una identidad personal desvinculada de la base biológica y natural de las personas, busca llevar a las naciones a la definitiva quiebra de su continuidad histórica y cultural a través de un sistemático bombardeo educativo y propagandístico, bombardeo cuando no auspiciado por gobiernos corruptos que de una u otra forma siempre terminan siendo funcionales a la agenda globalista.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

domingo, 12 de noviembre de 2023

CUBA Y LOS DERECHOS HUMANOS


Desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, hoy más que nunca se evidencia en la dictadura castrista una gigantesca crisis humanitaria que se refleja en la decadencia económica, el atraso social, la miseria, la falta de oportunidades reales, la censura en internet, la falta de libertad de expresión y la represión al que piensa distinto. Vale decir, una sistemática violación a los Derechos Humanos.


En octubre de 2019, Miguel Díaz-Canel fue ratificado como presidente de Cuba con casi el 97% de los votos de los miembros de la Asamblea Nacional. Durante su presidencia no se han producido cambios en las políticas del gobierno sobre Derechos Humanos. El gobierno sigue llevando a cabo detenciones arbitrarias e intimida a quienes manifiestan críticas. Bajo su mandato, Cuba ha aplicado el Decreto-ley 370/2018 de “informatización de la sociedad”, que entró en vigor en julio de 2019. Un decreto-ley que prohíbe la difusión de información “contraria al interés social, la moral, las buenas costumbres y la integridad de las personas”. En rigor, una normativa que multa y acosa a periodistas críticos, con confiscación de materiales de trabajo.


Entre enero y agosto de 2020, se produjeron 1.028 detenciones arbitrarias, según la organización Observatorio Cubano de Derechos Humanos, con sede en Madrid. Los funcionarios de seguridad casi nunca presentan órdenes judiciales para justificar la detención de los críticos opositores. En algunos casos, los detenidos son liberados tras recibir advertencias oficiales, que los fiscales pueden utilizar durante procesos penales posteriores para demostrar que existe un supuesto patrón de conducta delictiva. A menudo se realizan detenciones o se amenaza con esa posibilidad para impedir que las personas participen en marchas pacíficas o mítines políticos. Es común que los detenidos sufran golpizas, que reciban amenazas y permanezcan incomunicados por horas o hasta incluso días. Policías y agentes de seguridad del Estado siguen hostigando, maltratando y deteniendo a miembros de las Damas de Blanco (una organización fundada por esposas, madres e hijas de presos políticos).


En la censura comunicacional se restringe el acceso a información proveniente del extranjero. Según un informe de 2019 elaborado por el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), Cuba tiene el “clima más restringido para el ejercicio del periodismo de América”. Unos pocos periodistas y blogueros independientes logran publicar artículos, videos y noticias en páginas web y redes sociales, como Twitter y Facebook. El gobierno obstaculiza sistemáticamente el acceso a muchos de estos sitios de noticias y blogs dentro de Cuba. En 2019, antes del referéndum viciado que avaló una nueva constitución, se bloquearon varios sitios de noticias considerados críticos del gobierno, como 14ymedio, Tremenda Nota, Cibercuba, Diario de Cuba y Cubanet. Y desde entonces, se ha continuado bloqueando varios sitios de noticias.


Los periodistas independientes, blogueros, influencers en redes sociales, artistas y académicos que publican información que se considera crítica del gobierno suelen ser víctimas de hostigamiento, violencia, campañas de desprestigio, restricciones para viajar, cortes de Internet, acoso en línea, allanamientos a sus viviendas y oficinas, confiscación de sus materiales de trabajo y detenciones arbitrarias. Es común que se los mantenga incomunicados durante las detenciones.


Entre septiembre de 2019 y marzo de 2020, el artista Luis Manuel Otero Alcantará fue detenido al menos 10 veces, a menudo sin cargos, por realizar intervenciones artísticas en las que usaba la bandera cubana mientras realizaba actividades cotidianas. El gobierno no permite que organizaciones independientes de Derechos Humanos puedan acceder a las cárceles en el país. Las organizaciones locales creen que la cantidad real de presos políticos es mayor, pero las restricciones limitan su capacidad de documentar los casos. Y en lo real, los magistrados judiciales están subordinados al Poder Ejecutivo y al Legislativo.


Las prisiones del país en general están sobrepobladas. Los presos son obligados a trabajar jornadas de 12 horas y reciben castigos si no cumplen las cuotas de producción preestablecidas. No existe en la práctica un mecanismo a través del cual los detenidos puedan presentar reclamos por abusos. Aquellos que critican al gobierno, emprenden huelgas de hambre o recurren a otras formas de protesta a menudo son encerrados en celdas de aislamiento durante extensos períodos y sufren golpizas, restricciones a las visitas familiares y denegación de atención médica. Si bien el gobierno permitió que unos pocos miembros de la prensa extranjera elegidos específicamente realizaran visitas supervisadas a algunas prisiones en 2013, se continúa negando que organizaciones de Derechos Humanos internacionales y organizaciones cubanas independientes accedan a las cárceles.


En un informe de marzo de 2020 sobre la situación de los DDHH en Cuba, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) expresó su consternación por la criminalización y la detención arbitraria de defensores de Derechos Humanos, la ausencia de espacios que permitan una participación política plural, la falta de independencia judicial y de garantías a la libertad de expresión. Por otra parte, el Centro de Denuncias de la Fundación para la Democracia Panamericana publicó un informe en donde se reportan y documentan violaciones a los Derechos Humanos en 957 personas tan solo en el año 2022.


El 11 de julio de 2021, miles de cubanos salieron a las calles en la manifestación más multitudinaria contra el gobierno dictatorial desde la Revolución de 1959. Una gigantesca reacción en masa a raíz de las violaciones de los DDHH que sufre la isla desde hace décadas, la escasez de comida, medicamentos, y las medidas del gobierno ante la pandemia de Covid-19. La respuesta del presidente Díaz-Canel fue la represión, instando a cuadros del gobierno y a las fuerzas de seguridad a responder con violencia: “Convocamos a todos los revolucionarios a salir a las calles a defender la Revolución”; “la orden de combate está dada” fueron sus tristemente célebres palabras.


Human Rights Watch entrevistó a más de 170 personas ubicadas en Cuba, incluyendo víctimas de abusos, sus familiares y abogados. Human Rights Watch también revisó documentos judiciales y corroboró fotografías y videos enviados directamente a los investigadores o publicados en redes sociales. Miembros del Grupo Independiente de Expertos Forenses (IFEG) del Consejo Internacional para la Rehabilitación de las Víctimas de Tortura (IRCT), una organización internacional integrada por reconocidos expertos forenses, emitieron dictámenes periciales sobre algunas evidencias de abusos. En su momento, la organización cubana de Derechos Humanos Cubalex reportó en su momento que más de 1.400 personas fueron detenidas, incluyendo más de 700 que todavía siguen privadas de la libertad.


Abusos contra disidentes políticos, arrestos arbitrarios, presos políticos, censuras. Ningún paraíso socialista. Cuba es claramente una dictadura que sigue violando sistemáticamente los Derechos Humanos. Una dictadura “políticamente correcta” que goza de buena prensa y propaganda por parte del marxismo cultural tan influyente e imperante en la educación, la cultura, los medios y las redes sociales.


 

Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

MARÍA REMEDIOS DEL VALLE, LA MADRE DE LA PATRIA

De origen afrodescendiente, nació en Buenos Aires en 1766. Durante la Segunda Invasión Inglesa al Río de la Plata , María Remedios del Valle...