lunes, 2 de mayo de 2022

¿QUÉ ES LA DISIDENCIA CONTROLADA?


Una persona disidente es aquella que expresa su desacuerdo, desavenencia, discrepancia y separación ante una situación determinada, ante un pensamiento o doctrina en particular. En un plano político se es disidente por ejemplo cuando se pertenece a una estructura partidaria y esta estructura tiene un desviacionismo ideológico y doctrinario que no es aceptado bajo ningún punto de vista por esa persona en calidad de disidente. Esa persona en cuestión hasta podría ser perseguida por considerársela una amenaza para el propio partido.


Otro ejemplo dentro de la esfera política podría ser la disidencia siempre existente en regímenes dictatoriales que cercenan las libertades y el progreso económico/social de un pueblo, como hoy en día se observa en Cuba o China, por poner dos ejemplos paradigmáticos. En democracia también se puede ser disidente, entendiendo este sistema político como una falsa democracia, como una mera formalidad o maquinaria electoralista detrás de la cual se alternan en el poder tecnócratas de un sistema que siempre buscan un espurio beneficio propio.


Pero el concepto cambia radicalmente cuando hablamos de control. ¿Qué es entonces la disidencia controlada? Es una operación de ingeniería social de las elites dominantes, una estrategia del Sistema o Régimen de Dominación que consiste en alentar o dar protagonismo a determinados personajes políticos que se muestran como disidentes, que se erigen como anti-sistemas pero que en el fondo solo lo aparentan para captar la atención y capitalizar una situación de descontento social ante una eventual toma de poder.


La disidencia controlada sirve para seguir manteniendo las mismas estructuras de poder sobre todo en momentos de crisis, donde diera la impresión de que si esa crisis se agudizara y profundizara sin disidencia controlada podría dar paso a un movimiento político genuinamente disidente y anti-sistema. Vale decir, es una válvula de escape para que el mismísimo Sistema se siga reciclando sobre todo en momentos de mucho caos social, descontento y desesperanza, permitiéndole a ese pueblo sufrido -y a través de un sistemático bombardeo mediático- canalizar su bronca en ese político disidente controlado. Cambiar de collar pero no de perro. Cambiar para que todo siga igual.


La técnica básica de la disidencia controlada es desviar las causas de los problemas de fondo para sí poner en el tapete de “discusión” lo que los medios hegemónicos consideran útiles y necesarios a los efectos de esa disidencia controlada y a través de diversos mecanismos de manipulación psicológica. Marcar “opinión pública” sobre todo al ritmo de las encuestas y las redes sociales. Manipular a través de técnicas psicológicas para lograr ese fin específico.  


Edward Bernays, en su libro “Propaganda, cómo manipular la opinión en democracia” (Ed. Del Zorzal) sostiene: “No existe medio de comunicación humano que no pueda utilizarse también para una propaganda deliberada, porque la propaganda no es más que el establecimiento de relaciones recíprocas de comprensión entre un individuo y un grupo”. Alexis Carrel, Premio Nobel de medicina, Francia, 1912, ya advertía: “Para captar la realidad actual es necesario un esfuerzo sincero, persistente y obstinado; tenemos que comprender los acontecimientos que se producen en torno a nosotros, en nuestro pueblo o ciudad y también en la nación y en el mundo. No hay esfuerzo más difícil que éste. Porque en Europa y en América estamos, unos y otros, sumergidos en las mentiras de la radio, de los diarios y de los libros. Las sutiles técnicas de la propaganda han suprimido, de hecho, la libertad de pensar. Pero nosotros no hemos comprendido enteramente la humillación y el peligro de esta nueva forma de esclavitud, no sabemos todavía rebelarnos contra ella”.


En una situación de campaña electoral (demagogia mediante de los mismos personeros del Sistema) se puede hablar desde la fraseología sobre cómo combatir la pobreza, sobre cómo terminar con la inflación, bajo que contexto podrían venir “inversiones” para sacar al país adelante, cómo “insertarnos” mejor en la “comunidad internacional” o cómo mejorar las “instituciones” republicanas. El disidente controlado podrá cuestionar superficialmente un cierto status quo establecido pero nunca cuestionará un sistema de sojuzgamiento en sí. Conoce su límite por más verborrágico y exultante que sea. 


¿Cómo darnos cuenta entonces si estamos ante la presencia o no de un disidente controlado y fogoneado por los medios de comunicación? ¿Qué dirigente político lo sería y quién no? Aquel que llega a denunciar y oponerse firmemente a causas de fondo sobre las cuales se sustenta la decadencia de un país claramente marcará la diferencia. Aquel que sostenga y sin ningún tipo de dubitaciones un rearme espiritual y conforme a los principios rectores de la Soberanía Política, la Independencia Económica, el Bien Común Social y la defensa de una Identidad, Tradición y Valores Nacionales como ejes vertebradores para el desarrollo de una sociedad siempre será el verdadero político y a la larga el estadista ante una eventual toma y ejercicio del poder. En definitiva todo aquello que eleve a una Comunidad Nacional desde lo espiritual, físico, moral, cultural, político, económico y social.


Pero con lo anterior no alcanza. Tales principios rectores nacionalistas siempre deberán denunciar y oponerse firmemente -como política de Estado- a los verdaderos cánceres y venenos corrosivos de la humanidad: El colonialismo en todas sus formas; el Sionismo como pulpo mundialista; la Masonería como brazo filantrópico del internacionalismo plutócrata; la falta de soberanía en la emisión de la Moneda Nacional; la usura como corazón del sistema capitalista; la cultura del endeudamiento permanente; la adhesión a diferentes organismos internacionales entendidos como verdaderas usinas del Nuevo Orden Mundial; la agenda mundial de género e ideologías modernas transhumanistas que atentan contra todo Orden Natural; el garanto-abolicionismo en la justicia, las leyes liberales que tanto atentan contra la dignidad social y el concepto mismo de Justicia; el derecho-humanismo como negociado desde el Estado y como “eje” de toda política internacional, el indigenismo como utilización ideológica contra-cultural; la utilización política del Estado para saquearlo con negociados espurios.


La aparición de un outsider de la política que no plantee ni denuncie las verdaderas causas de fondo de la decadencia de las sociedades y que al mismo tiempo se presente ante los medios de comunicación como un “anti-sistema” o como una “garante” para supuestamente terminar con todo status quo lesivo es claramente una disidencia controlada y operada por el verdadero poder entre sombras, por el poder real que a través de esa pre-fabricación artificial se canaliza un descontento popular. Un juego de manipulación distractivo, juegos de artificio para hacer creer que algo va a cambiar cuando nada en esencia va a cambiar.


Una vuelta de tuerca más que le permite al sistema plutocrático-capitalista seguir reciclándose en tiempos de crisis, seguir asegurando intereses de dominación para que nunca sean afectados por una disidencia genuina, para que todo siga funcionando de acuerdo a las reglas del poder elitista de dominación establecidas de antemano.


Es por este motivo que tanto se promocionan las ideologías del Sistema que van del arco de la derecha al arco de la izquierda, porque son un conjunto de falsas ideas en sí sobre el mundo y la vida misma disfrazadas de ciencia o filosofía y que pretenden explicar de una manera simplista la complejidad de la realidad humana. A los fines prácticos las vetustas expresiones izquierda y derecha son dos caras de una misma moneda, sirven para manipular y generar variantes de disidencia controlada. 





Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

martes, 12 de abril de 2022

LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA COMO ESPEJO DE LAS IDEOLOGÍAS MODERNAS



Si entendemos por ideología un sistema de pensamiento que se compone de un conjunto de ideas o principios sobre los que se fundamenta una manera particular de ver y abordar la realidad, entonces podemos detectar dos clases de ideologías: Las negativas y las positivas. Las primeras son las derivadas de un constructo meramente racionalista/especulativo, mientras que las segundas tienen su origen en otra dimensión, en un principio más de fondo, en la idea-fuerza de la Personalidad/Ciencia en cuanto a concepción del mundo, algo mucho más determinante a la hora de entender un progreso sociológico/político en sí.


Las ideologías derivadas de ese constructo racionalista/especulativo son negativas y falsas porque son ideas disfrazadas de ciencia o filosofía que pretenden explicar de una manera simplista la complejidad de la realidad humana y del mundo. Son peligrosas porque se las emplean como sustitutas del verdadero conocimiento, conocimiento nunca negado por las mismas ciencias. Ejemplos al respecto: Marxismo, comunismo, leninismo, guevarismo, feminismo, freudianismo, liberalismo (por citar algunas)..


En base a esta mirada de las ideologías negativas el historiador Ernesto Palacio, en su obra "Teoría del Estado" (Ediciones Eudeba, pág. 23), sostiene: "Llamamos ideología a la especulación racionalista que alza en el vacío construcciones teóricas sin posibilidad de realización práctica, e ideólogos a sus cultores. La tendencia que imperfectamente podríamos denominar idealista se traduce casi siempre en ideología. Su literatura, inflamada de polémica, implica una posición apriorística de estirpe platónica y señala preferencias por tal o cuál régimen determinado, como si el establecimiento de un régimen dependiera de un acuerdo de voluntades".


El ideólogo racionalista especulativo entonces confunde, solamente teoriza, es un provocador que ciegamente se encierra herméticamente en una creencia sin fundamento. Por el contrario, el cosmovisionario y Hombre de Estado impone principios en base a una experiencia, ejecuta acciones en función de realidades comprobables, lleva a la nación por la senda del sentido común y del orden natural en el marco de una continuidad histórica y cultural.


En “La República”, la más conocida e influyente obra de Platón (427 - 347 AC), la Alegoría de la Caverna presentada en el capítulo VII es el tramo más decisivo y determinante para poder comprender cómo funcionan hoy en día las ideologías modernas. Una obra en donde el sentido íntimo de la palabra “filosofía” está en la identificación de la propia vida con el saber, con la ciencia, frente al mundo de las apariencias. A través del diálogo, el célebre filósofo griego nos muestra que hay presos encerrados en lo más profundo de una caverna desde la infancia, amarrados, inmóviles y condenados a un teatro de sombras que observan de por vida en una pared.


Creen que esas sombras que ven son la realidad. Y en función de eso teorizan. Sin embargo, estas sombras son tan sólo proyecciones de objetos reales que transportan unos hombres situados fuera de la visión de los prisioneros y que pasan junto a una gran hoguera, cuyo fuego, al iluminar los objetos, origina las sombras en la pared situada delante de los presos. Esto es lo que precisamente genera una gran pantalla escénica.


Con el tiempo un prisionero es liberado. Al salir al exterior de la caverna comprende lo irreal que era el "mundo" de las sombras frente a la claridad y luminosidad de lo recién descubierto y experimentado por él, poblado por seres y objetos verdaderamente reales.


¿Qué se puede extraer como núcleo central de la Alegoría de la Caverna de Platón? Que eso que creemos que es la realidad es tan sólo lo que apenas podemos percibir por nuestros sentidos. Es decir, las cosas que percibimos por los sentidos forman parte de una realidad relativa. Lo contrario ocurre con la verdadera realidad que son las Ideas Eternas marcadas por un Orden Natural concreto y palpable.


En definitiva, el cuadro de la naturaleza humana -al decir del mismísimo Platón- consiste en que un individuo cualquiera puede conocer cosas de manera particular, según lo que percibe, pero sólo una Personalidad Pura de conocimiento (el preso de la caverna liberado) puede acceder a Ideas palpables y reales. ¿Cómo se llegaría a ser una Personalidad Pura? No es con altruismo, tampoco con mera lectura, enciclopedismo o "estilo" de vida, sino con poseer un Despertar, una Intuición, una Sensibilidad, un Honor Espiritual.


Arthur Schopenhauer, considerado uno de los mayores exponentes de la filosofía de todos los tiempos a nivel mundial, sostiene en su obra capital "El mundo como voluntad y representación" (Editorial Gredos, pág. 403): "La mirada del individuo elemental está enturbiada, como dicen los hindúes, por el velo de Maya. En vez de la cosa en sí, no ve sino el fenómeno en el tiempo y en el espacio (...). Debido a esta su forma limitada de conocimiento, no ve la esencia de las cosas, que es una, sino fenómenos aislados".


El velo de Maya no es otra cosa que la ilusión óptica que vivimos todos los días y sin que nos demos cuenta, como un hechizo provocado, una apariencia inconsistente y en sí carente de esencia, comparable a un sueño. Los presos de la caverna del siglo XXI ven pura pantalla escénica, ven puras ideologías especulativas, mientras que el preso liberado (y despertado) Sabiduría, Cosmovisión, Concepción real del Mundo.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

jueves, 17 de marzo de 2022

JUAN MANUEL DE ROSAS EN LA POESÍA

 

A Don Juan Manuel 


Si se alzara de la tumba,
¿a cuántos escarmentaría?
El país que hoy se derrumba
con un Rosas vencería.

Juan Manuel:
que se levante en tu tierra
un argentino capaz de tus hechos.
Que se plante con denuedo
frente al orgullo extranjero.

Que cierre logias
que ponga bozal y freno.
Que prefiera una pobreza
noblemente aceptada,
a la riqueza innoble de la entrega
que tenga para custodiarnos
a los colorados del monte y a los mazorqueros.

Juan Manuel:
prometemos combatir 
por esta tierra tuya y nuestra,
pidiéndole al Dios de los ejércitos 
la gracia de la fortaleza.

Juan Manuel:
no habrá mueras esta noche, 
pero estarán tus vivas
los vivas de tu época, 
que son también los nuestros
y los vivas nuestros,
que quieren ser los tuyos

¡Viva Don Juan Manuel de Rosas!
¡Viva la Santa Federación!
¡Viva la Patria!

 

Castagnino Leonardo, J.M.de Rosas. La ley y el orden
La Gazeta Federal: www.lagazeta.com.ar 


El pequeño Juan Manuel


Aquella patria antigua de ibérica prestancia,

con su roldana de agua o su barril de mosto,

con el fuego en las calles, aquel doce de agosto,

probó que conservaba su evangélica infancia.

Era la patria henchida de imperial gravidez,

los hijos bien nacidos de las flechas y el yugo,

el fruto de Castilla, su lagar, su mendrugo,

retoños de heroísmo florecido en niñez.


Pequeños de veían prestando algún servicio,

tal vez como artilleros, con los bravos Miñones,

acarreando en sus ponchos las balas de cañones,

dispuestos como adultos al final sacrificio.


Cartuchos de fusiles o piezas de metralla,

tinajas para el agua, para la sangre vendas.

Todo lo tributaron en alegres ofrendas,

sus voces y sus risas fueron casco y muralla.


En las tropas menudas como espuelas de fletes

se destaca un chiquillo de acciones valerosas.

Lo llaman por su nombre, es Juan Manuel de Rosas,

carga un viejo mortero para los Migueletes.


En el hogar paterno vio las primeras lanzas,

tercerolas y sables le suenan familiares,

hay épicas memorias que recorren sus lares

de antepasadas huellas o bravías andanzas.


Ahora pesa este hierro para sus trece años,

esta boca de fuego, maciza portañola.

Ahora estrena su raza criolla y española

que no admite invasores ni extranjeros engaños.


Tiene porte de mando, siendo apenas muchacho,

en su mirada rubia hay azules añejos,

oye como repiques que le llegan de lejos,

de San Miguel del Monte, Tonelero o Quebracho.


Liniers cantó el elogio de su conducta recia,

diciéndole a sus padres, con fundado prestigio:

Su bravura fue digna de la causa en litigio

(Nadie dirá lo mimo sobre Ernesto Celesia)


Cuentan que usó ese día chaleco colorado,

que inauguró divisa: soberanía o muerte.

Una cosa es segura, les advirtió su suerte.

Mañana tendrá lista la Vuelta de Obligado.


Poemas para la Reconquista - Antonio Caponnetto.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.




miércoles, 2 de febrero de 2022

CASEROS, LA MAYOR TRAGEDIA POLÍTICA ARGENTINA


Cuando el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas había alcanzado el mayor de los prestigios, la mayor de las glorias –después de sus memorables triunfos contra la agresión colonialista anglo-francesa– comenzó a gestarse la coalición que finalmente habría de derrocarlo. Su caída política, producida el día 3 de febrero de 1852 en la batalla de Caseros, no debe interpretarse como una mera disputa interna por el poder. 


Su derrocamiento se orquestó a través de una coalición internacional encabezada por la diplomacia británica (conjuntamente con la Masonería Internacional), el Imperio del Brasil y el instrumento para esta acción, el General Justo José de Urquiza, por entonces gobernador de la provincia de Entre Ríos. Tanto la política exterior imperial brasileña como la británica coincidían en los intereses expansivos económicos y geopolíticos, y no descansaban en su intento de querer imponer la libre navegación de nuestros ríos como así también el sistema de libre cambio.


Ambas cancillerías utilizaron la astucia en el sentido de ganarse el apoyo de los enemigos internos de Rosas. Y la presa más codiciada fue el general Urquiza, que además de ser el gobernador entrerriano estaba a cargo del ejército más poderoso del que disponía la Confederación. Timorato y falto de carácter, los unitarios le hicieron creer que la mayor de las glorias para la “civilización y el progreso” era derrocar a la primera magistratura nacional.


La ambición personal de Urquiza de aliarse con los brasileños se debió a que Rosas había adoptado poner fin al espurio comercio que tanto había enriquecido al entrerriano. Urquiza traficaba con oro, transgrediendo la Ley Nacional de Aduanas y menoscabando de esta manera el Bien Común de los argentinos. Claro que encubrió sus verdaderas motivaciones alegando que se pronunciaba en contra del Restaurador para dar al país una constitución y para terminar con la “tiranía”.


De esta manera los acontecimientos se van a precipitar. En mayo de 1851 se firmó la alianza ofensiva/defensiva entre el Imperio del Brasil, el ilegítimo gobierno uruguayo de Rivera (quien había derrocado a su presidente legítimo Manuel Oribe) y la gobernación de Entre Ríos. La excusa de esta alianza fue querer pacificar al Estado oriental. Ninguno de los gobiernos provinciales respondió al llamado salvo Corrientes, provincia satélite de Urquiza. La actitud del gobernador entrerriano provocó en el país una gran ola de escándalo e indignación, acusándoselo lisa y llanamente de traidor. El 18 de agosto de 1851 la Confederación Argentina le declaró formalmente la guerra al Imperio del Brasil. El 21 de noviembre de ese mismo año se firmó en Montevideo la alianza entre el Brasil, Entre Ríos, Corrientes como agregada, y el Estado oriental para llevar adelante esta cruzada en nombre de la “libertad”.


Urquiza concentró sus fuerzas en Gualeguaychú. Con la incorporación de sus ambiciosos aliados reunió en total 24.000 hombres, que en su vanidad lo denominó ‘Ejército Grande’, comenzando de esta manera el cruce del río Paraná. Tanto la caballada como el material bélico fueron transportados en navíos brasileños. Casi sin obstáculos prosiguió su marcha. El 31 de enero de 1852 el General Ángel Pacheco hizo retirar de manera inexplicable a sus 5.000 hombres –la columna vanguardia de la defensa – en lo que se conoció como Puente de Márquez, oeste de la provincia de Buenos Aires. Para algunos historiadores en realidad Pacheco ya se había entendido de manera secreta con Urquiza.


La famosa batalla de Caseros –oeste del Gran Buenos Aires– se inició por la mañana del día 3 de febrero. La Defensa Nacional contó con 22.000 soldados más 60 cañones, aunque con muy poca munición. Fue un combate realmente encarnizado que se libró por espacio de dos horas, constituyendo los brasileños el verdadero y disciplinado ejército enemigo. Urquiza no ganó en Caseros, fue un simple conductor de las pocas tropas de caballería argentina que lo acompañaron en la deslealtad y en la traición. El verdadero vencedor en el campo de batalla fue el brigadier brasilero Marques de Souza. En Brasil se considera a Caseros como un triunfo propio, una suerte de desquite por la batalla de Ituzaingó librada el 20 de febrero de 1827.      


Rosas, que había presenciado la batalla a una cierta distancia, no tuvo más remedio que acatar el fallo adverso de las armas. Y seguido de unos cuantos fieles emprendió la retirada hacia la ciudad. Herido en su mano derecha y en las inmediaciones de la actual Plaza Constitución redactó su famosa renuncia a la Sala de Representantes. Luego se dirigió al corazón de la ciudad –cubierto con sombrero y poncho para no ser reconocido– y arribó a la residencia del inglés Robert Gore, el encargado británico de negocios en nuestro país, para luego partir definitivamente hacia Inglaterra.


Lo suyo no fue un “exilio” como vulgarmente se sostiene. Fue una prisión disimulada en una granja de Southampton donde vivió humildemente. Esta fue la estrategia inglesa conocida como deshacerse del enemigo permitiéndole escapar, estrategia que utilizaron en diferentes teatros de guerra. Vale decir, luego de ser derrotado en Caseros, Rosas tenía dos opciones: O entregarse a los unitarios para seguramente ser fusilado o entregarse al verdadero vencedor, Inglaterra. Lo suyo fue un destino obligado. Los ingleses lo “recibieron” para deshacerse de él en el sentido de tenerlo controlado en su propio país. Si lo mataban lo hubieran convertido en un mito. Y si el Restaurador hubiera ido a otro país se podía dar el caso hipotético de que regresara a la Confederación para retomar el poder.


La consecuencia más importante de la caída política de Rosas fue la disolución de un sistema político independiente de toda forma de dominación extranjera, estableciéndose en adelante diferentes gobiernos funcionales a los intereses geopolíticos colonialistas del Orden Mundial capitalista financiero en expansión. Vamos a dejar de ser una Nación Libre para convertirnos en una colonia extranjera. El libre cambio y la libre navegación de nuestros ríos serán dogmas indiscutibles. A partir de entonces se comenzó a inventar un nuevo país. En nombre de la libertad de comercio se arrasó con las manufacturas criollas que tanto habían prosperado desde 1835 en adelante. Brasil sacó su enorme tajada al obtener las Misiones orientales, la libre navegación de nuestros ríos, la independencia del Paraguay (que Rosas sistemáticamente nunca reconoció por considerarla parte integrante del Virreinato), y la hegemonía sobre Uruguay y Argentina.


Se llevó adelante también una sistemática matanza de nativos, prevaleciendo lo que se daba a conocer como ‘inutilidad del criollo’. Era ni más ni menos que el efecto buscado por los liberales: Propiciar un rebaje psicológico y moral en el argentino mismo, acabar con la soberanía de lo propio, de lo autónomo. En definitiva, la característica esencial de lo que vulgarmente se conoció como “período de la Organización Nacional”, que de nacional no tuvo nada y en donde evidentemente nos organizarían pero con una mentalidad de colonia. Y todo ello en nombre de una civilización pero entendida como algo propio de extranjeros, de europeos, y entendiendo por bárbaro (en el mismo lenguaje liberal) todo aquello que era argentino y criollo. De la misma manera se empezó a considerar de tiránico al más popular de los gobiernos habidos en el siglo XIX, comenzándose también a denominar “democráticos” a los nuevos gobiernos post-Caseros que en verdad constituyeron verdaderas oligarquías que gobernaron de espaldas a los intereses de la Nación.


La batalla de Caseros fue la mayor calamidad política de nuestra historia. Sin lugar a dudas se frustraba el Destino Nacional. La Confederación Argentina respetada, fuerte y con su difícil unidad política lograda (cuyo ejemplo más patente fue la resistencia al colonialismo extranjero) pasaba a ser un recuerdo melancólico. Comenzó a inventarse otro país conforme a los parámetros de la Masonería y del capitalismo financiero internacional. Una anti-Argentina, de espaldas a la Argentina real. Un anti-Estado, como el actual que tenemos, que asegura el gobierno de los peores y la sumisión a la plutocracia capitalista.


Sin Soberanía Política ningún gobierno puede tomar decisiones plenas ni administrar justicia en base al Bien Común. La clave siempre estará en disponer de total libertad de acción. No estar manipulado por sectores concentrados de la economía o por cualquier forma de dominación extranjera (ya sea la dominación de tipo ideológica-cultural, militar, política o económica/financiera). Debemos volver a ser una Nación Grande, una Nación Fuerte e Independiente como en los tiempos de Don Juan Manuel de Rosas. Y que los cipayos y delincuentes que gobiernan hoy en día a la Argentina (que son del mismo linaje a los de Caseros) paguen por todo el daño hecho.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

sábado, 1 de enero de 2022

ROSAS Y SU DESTINO FINAL EN INGLATERRA, ¿CONTRADICCIÓN?

 

La batalla de Caseros -3 de febrero de 1852- marcó un antes y un después en el destino nacional. La consecuencia más importante fue la disolución de un sistema político independiente de toda forma de dominación extranjera, estableciéndose en adelante diferentes gobiernos funcionales a los intereses geopolíticos colonialistas del Orden Mundial plutocrático-capitalista en expansión, con la Banca Rothschild y el colonialismo británico a la cabeza.

 

Ante el triunfo de la coalición internacional anglo-brasileña-masónica-unitaria, el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas no tuvo más remedio que acatar el fallo adverso de las armas. Seguido de unos cuantos fieles emprendió la retirada hacia la ciudad.


Herido en su mano derecha redactó su famosa renuncia a la Sala de Representantes en las inmediaciones de la actual Plaza Garay (barrio de Constitución). Luego se dirigió al corazón mismo de la ciudad –cubierto con sombrero y poncho para no ser reconocido– y arribó a la residencia de Robert Gore, el encargado británico de negocios en nuestro país. El momento no podía ser más dramático. Rosas quería quedarse en la legación pero Gore le advirtió que la ciudad se hallaba en plena efervescencia y que su vida corría peligro.


A la noche, luego de haberlo convencido de la absoluta necesidad de embarcarse, Gore acompañó a Rosas a la ribera del río hasta el bote que lo conduciría hacia la fragata de guerra Centaur, nave capitana de la escuadra inglesa cuya tripulación rindió honores al Jefe de la Confederación Argentina. Emprendería el viaje de su forzado destierro junto a sus hijos y su copioso archivo. Los innumerables legajos que apresuradamente fueron encajonados los distribuyó entre sus familiares y amigos íntimos.


Estuvo seis días en la fragata inglesa frente a Buenos Aires. Además de su hija Manuelita también lo acompañaban su hijo adoptivo Juan junto a su familia. El 23 de abril desembarcaron en el puerto de Devonport en Inglaterra, hoy barrio de Plymouth. Llevaba únicamente setecientas cuarenta y cinco onzas de oro, doscientos pesos fuertes y veintidós reales. Las autoridades inglesas lo saludaron con una salva de cañonazos al llegar al puerto siendo recibido con expresivas demostraciones de consideración.


En “Vida del prócer argentino brigadier Don Juan Manuel de Rosas” el historiador Anibal Rottjer sentencia: “El conquistador del desierto, el salvador de la Patria contra el extranjero, el que acabó con la anarquía y realizó la unión nacional preparando su definitiva organización, el que ha vivido una existencia sin placeres porque la dedicó a la Patria se aleja para siempre de ella, de su Buenos Aires que tanto amó; el vencedor de Francia y de Inglaterra, el hombre más amado de los argentinos de su tiempo”.  


¿Existe contradicción en la partida de Rosas hacia Inglaterra? ¿Se podría aceptar un “exilio” de Hitler en Moscú luego de haber combatido tan abiertamente al Comunismo soviético durante la Segunda Guerra Mundial? Lo que parece ser una contradicción no lo es en lo más mínimo.


Lo de Rosas no fue un “exilio voluntario” como vulgarmente se sostiene. Fue un calvario de miseria y olvido, más específicamente fue una ruta obligada, una suerte de prisión disimulada en una granja de Southampton donde vivió humildemente para trabajar la tierra con sus propias manos.


Vale decir, luego de ser derrotado, Rosas tenía dos opciones: O entregarse a los unitarios para seguramente ser fusilado por la espalda como se hizo con el coronel Martiniano Chilavert,  o entregarse al verdadero vencedor, Inglaterra. Por eso fue un destino obligado.


La táctica militar conocida como ‘deshacerse del enemigo permitiéndole escapar’ (filosofía de Sun Tzu), fue muchas veces utilizada por la Corona Británica en diferentes teatros de guerra en Europa, táctica que también se aplicaría en América. Por ende, los ingleses “recibieron” a Rosas para deshacerse de él en el sentido de tenerlo controlado en su propio país.


Si lo mataban lo hubieran convertido en un mito siempre inconveniente y amenazante; y si el Restaurador hubiese ido a otro país se podía dar el caso hipotético -y patético para los ingleses- de que regresara a la Confederación para retomar el poder. Nada mejor entonces que tenerlo controlado en el propio Imperio e impedir así cualquier intento de regreso a la ya cercenada Confederación Argentina.


El respeto y la admiración que le tenían era tan grande que hasta el mismísimo Primer Ministro Lord Palmerston lo visitó en su granja y le ofreció una pensión mensual, que Rosas rechazó con dignidad.


Es que los mismos ingleses habían experimentado amargamente como su popularidad se había convertido en algo verdaderamente inmenso. Es lo que señaló con certeza, reconocimiento y autocrítica el general uruguayo anti-rosista César Díaz en sus Memorias: “Tengo una profunda convicción, forzada en los hechos que he presenciado, de que el prestigio de su poder en 1852 era tan grande o mayor tal vez de lo que había sido diez años antes, y que la sumisión y aún la confianza del pueblo en la superioridad de su genio no le habían abandonado jamás”.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.


01/01/2022






miércoles, 8 de diciembre de 2021

ROSAS Y LAS ISLAS MALVINAS


La historiografía liberal masónica le achaca a Juan Manuel de Rosas haber querido “entregar” las Islas Malvinas a los ingleses. Así de contundente. Pero más que explicar un argumento (ya ni siquiera un sólido argumento) lo que se hace es difamar la figura del Restaurador de las Leyes producto del odio y del fanatismo que genera una ceguera ideológica. Y como estamos acostumbrados a que todo se saque de contexto, conviene aclarar este tema puntual de supuesta entrega rosista del archipiélago malvinero.


Como bien se sabe, la alevosa prepotencia colonialista británica se puso de manifiesto cuando el día 2 de enero de 1833, bajo el gobierno de Manuel Balcarce, llegó a las Malvinas la corbeta de guerra Clío. De manera insolente, su capitán Onslow intimó a las autoridades argentinas para que abandonaran las islas.


El día 3 bajó a tierra, arrió la bandera argentina e izó la inglesa. Como consecuencia, el gobierno argentino protestó inmediatamente ante el secretario a cargo de la legación británica, Felipe G. Gore, quien dijo “carecer” de instrucciones para contestar.


Frente a tamaño insulto al Pabellón Nacional se va a insistir en el reclamo el día 23 de enero de 1833. A su vez, Balcarce va a enviar una circular a todas las provincias esclareciendo sobre esa política expansionista inglesa.


El 17 de junio de ese mismo año Manuel Moreno (como ministro plenipotenciario del gobierno argentino) va a reclamar ante el atropello perpetrado directamente en Inglaterra y nada más ni nada menos que ante Lord Palmerston (Primer Ministro del Reino Unido).


Juan Manuel de Rosas, ya como Primera Magistratura Nacional desde 1835, siempre defendió en sus mensajes a la Legislatura los derechos argentinos sobre el archipiélago malvinero, formulando periódicamente explícitos reclamos a Gran Bretaña por la usurpación.


Mientras tanto, Sarmiento desde Chile se mofaba ante el Restaurador por tales reclamaciones, opinando abiertamente sobre la cuestión y dando a entender que el “estacionamiento” (frase del sanjuanino) de Inglaterra en las Malvinas era (más allá de la invasión) algo “útil” a la humanidad y al “comercio”.


Teniendo en cuenta la pesada deuda externa que recaía sobre nuestro país desde 1824 en adelante con la banca usurera inglesa Baring Brothers, los ingleses acudieron alocadamente a Rosas para poder cobrarla. Deuda en definitiva que quedó como “legado para la posteridad” gracias al “reformador” Bernardino Rivadavia.


Como dato significativo la garantía de cobro por dicha deuda era nada más ni nada menos que la tierra pública fiscal. En este sentido la Corona británica le va a insinuar a Rosas (según el historiador revisionista Adolfo Saldías) la entrega de las Islas Malvinas como forma de pago.


Atendiendo a la verdad histórica hay que señalar que Rosas estuvo de acuerdo con ello, pero con el siguiente gran detalle que se le escapa a los prejuiciosos historiadores liberales: Por nota oficial del 17 de febrero de 1843 la Confederación Argentina exigía que el gobierno inglés reconozca primero los derechos argentinos en las Islas Malvinas, para así el gobierno argentino seguir avanzando en la “propuesta” inglesa.


Y por nota del 20 de marzo de 1844 Rosas va a insistir con su propuesta de ofrecimiento de las Malvinas, haciendo significar siempre a Inglaterra sobre los derechos legítimos que asistían a nuestro país en todo el archipiélago malvinero.


Del lado argentino era la forma más eficaz para cubrir la agobiante deuda externa. Y aquí se impone la gran pregunta (que va a dejar en evidencia la astucia de Rosas): ¿Podría el gobierno inglés reconocer una usurpación realizada por ellos mismos? Tratándose de un país con tradición colonialista queda más que claro que no. De hecho, toda la “jurisprudencia” asentada por los ingleses y en referencia a sus potenciales enemigos en Europa se caería como un castillo de naipes.


Tal como lo señala Aníbal Röttjer en su obra “Rosas prócer argentino” después del gobierno de Juan Manuel de Rosas ni Urquiza, ni Derqui, ni Sarmiento, ni Mitre, ni Avellaneda se ocuparon del asunto. Recién en 1884, al protestar los ingleses porque en los mapas argentinos aparecían las Islas Malvinas como integrantes del territorio nacional, el presidente Julio Argentino Roca pidió antecedentes de la cuestión.


El legajo del archivo, caratulado de puño y letra de Rosas, fue presentado al presidente por el historiador Adolfo Saldías que lo tenía en su poder. Así pudo informarse Roca para reiniciar las protestas oficiales, protestas que periódicamente eleva la Argentina ante Inglaterra, interrumpidas desde la caída política de Rosas.

 



Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

MARÍA REMEDIOS DEL VALLE, LA MADRE DE LA PATRIA

De origen afrodescendiente, nació en Buenos Aires en 1766. Durante la Segunda Invasión Inglesa al Río de la Plata , María Remedios del Valle...