sábado, 11 de marzo de 2023

MAPUCHES EN ARGENTINA: ¿QUÉ BUSCAN? ¿QUÉ QUIEREN?

 

Desde el año 2017 el sur argentino es objeto de sistemáticas ocupaciones, incendios de propiedades privadas y reclamos de tierras por parte de los mapuches, un pueblo “originario” sólo en la inventiva del Foreign Office británico. Fuertemente organizados, en la actualidad usurpan violentamente terrenos que no les pertenecen por ser legalmente de propietarios privados, del Estado o de Parques Nacionales. Muchos son los ejemplos que abundan, siendo la localidad de Villa Mascardi, a 35 kilómetros de Bariloche, en la provincia de Río Negro, el ejemplo y epicentro paradigmático de un creciente terrorismo.


En la reivindicación de tierras consideradas como “propias” y “ancestrales” se amparan en el artículo 75, inciso 17, de nuestra Constitución Nacional, que sostiene: “Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones”.



El origen de los mapuches


Los tan promocionados “mapuches” nunca existieron. En realidad se trata de los araucanos, un pueblo guerrero proveniente de la provincia de Arauco, en la República de Chile. Cuando en 1550 la Corona española crea la Capitanía General de Chile, algunos araucanos –ante el avance de los españoles– comienzan a emigrar cruzando la Cordillera de los Andes. La emigración fue una constante desde el siglo XVI en adelante, pero se hizo verdaderamente masiva desde el siglo XIX. Por eso nunca fueron un “pueblo originario” de nuestro actual territorio como se pretende, sino claramente invasores.


Y mientras los araucanos llegaban a lo que hoy es Argentina, estas tierras ya estaban ocupadas por los reales pueblos originarios de la zona, los tehuelches, puelches, ranqueles y pampas, pueblos que los mismísimos araucanos, en cruentas guerras, hicieron desaparecer cometiendo un verdadero genocidio. Los hoy denominados burdamente mapuches acusan al General Julio Argentino Roca de genocida, cuando fueron sus ancestros los responsables del exterminio de los tehuelches. Investigadores argentinos serios como Estanislao Zeballos, Lucio Mansilla o Manuel Prado no mencionan en sus libros a los mapuches como pueblo originario. Tampoco Juan Manuel de Rosas o el General Roca los mencionan en sus respectivas expediciones hacia el sur. 


En el marco de la denominada ‘Campaña del Desierto’ de 1879 encabezada por Julio Argentino Roca, General en Jefe del Ejército Argentino, el futuro presidente enfrentó precisamente a los araucanos, que ya contaban con fusiles Remington provistos desde Chile por obra y gracia de la diplomacia inglesa a cambio de ganado criollo que era robado por los sistemáticos malones. Prueba de ello es que la columna del Ejército Nacional comandada por el Gral. Villegas tenía como objetivo clausurar y controlar los pasos andinos por donde les llegaban a los araucanos los fusiles Remington.


La Campaña de Roca estuvo destinada a integrar, a incorporar de manera efectiva el sector patagónico que por derecho histórico y político siempre nos correspondió y que estaba bajo el poder tiránico del malón araucano cuyos frutos más notables eran el robo de ganado, el de mujeres y la provocación de incendios. En realidad, la expedición del General Roca resultó ser la primera guerra contra Chile y no una campaña contra el indio como vulgarmente se quiere dar a entender. Nuestro país defendía la soberanía sobre una Patagonia que los caciques araucanos deseaban (araucanos que eran chilenos). ¿Con qué derecho entonces los supuestos mapuches invocan en la actualidad el carácter de “pueblo originario” en el suelo argentino?. 



El colonialismo británico


Las falsas reivindicaciones que llevan adelante los mapuches son claras maniobras antinacionales manejadas desde las mismísimas superestructuras internacionalistas, más en concreto desde el Foreign Office británico, uno de los principales bancos de cerebros del Nuevo Orden Mundial. A su vez, la “causa mapuche” es una de las grandes banderas levantadas por el marxismo cultural que hace del indigenismo recalcitrante una suerte de causa suprema de lucha, haciéndole siempre el juego al expansionismo plutocrático-capitalista. A ello hay que sumarle la complicidad de una partidocracia que prácticamente convive con el reclamo mapuche y que no muestra ningún tipo de reacción seria ante tamaña problemática.  


La sede mapuche se encuentra en Inglaterra, a través de la conformación de su principal ONG denominada Enlace Mapuche Internacional, ubicada en 6 Lodge Street, Bristol, Inglaterra. La dirección de la sede no podía ser más simbólica: “La sexta calle de la logia”, en clara referencia a la Masonería. Su sitio oficial en la web es http://www.mapuche-nation.org/, un sitio que se edita en inglés, francés, alemán y español.


El sitio oficial de la web resalta el origen británico en la “causa” mapuche:El 11 de mayo de 1996, un grupo de mapuches y europeos preocupados por el destino de los pueblos y naciones indígenas de las Américas, y en particular por el pueblo mapuche de Chile y Argentina, lanzó Mapuche International Link (MIL) en Bristol, Reino Unido. Esta nueva organización reemplazó al Comité Exterior Mapuche (CEM) que operaba internacionalmente desde 1978 desde su oficina ubicada en Bristol. Los fines y objetivos de MIL se han desarrollado y ampliado con miras a permitir que los pueblos indígenas contribuyan plenamente a su propio desarrollo y, en última instancia, a lograr su derecho a la libre determinación”.


El gran objetivo es la conformación del Estado Mapuche dentro de la actual Patagonia argentino-chilena. Inclusive hasta se difunde impunemente y ante la total indiferencia de funcionarios provinciales y del Gobierno Nacional el mapa de la ‘Nación Mapu’, que va desde el Océano Pacífico hasta el Océano Atlántico, que toma la 9ª y la 10ª región sureña de Chile y prácticamente un 30% del territorio argentino. Así lo sostiene también el sitio web oficial mapuche: “La Nación Mapuche está ubicada en el sur de los territorios que hoy ocupan los estados de Chile y Argentina. Hace un poco más de 130 años su territorio ancestral, y el de otros pueblos originarios aliados, se extendía desde el sur del río Bio-Bio (Chile) hasta el extremo austral del continente, y en Argentina desde los ríos Colorado y Salado hasta el estrecho de Magallanes”.



Conclusión 


Con la conformación del “Estado Mapuche”, un Estado pseudo-mapuche independiente alentado por el Foreign Office, la Masonería Internacional y el marxismo cultural, lo que se busca en el fondo es fracturar el territorio de la República Argentina en aras del geoestratégico expansionismo británico. El Reino Unido tiene vitales intereses geopolíticos en el Atlántico Sur, razón por la que, gracias a su poderío atómico (junto al de la OTAN), usurpa las Islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgias del Sur, con proyección hacia nuestro sector antártico.

 

En nuestro país los araucanos –artificialmente denominados mapuches–, no sólo invadieron el sur argentino desde el siglo XVI sino que exterminaron a nuestros tehuelches patagónicos. En la actualidad reclaman tierras que no les pertenecen y desconocen nuestra integridad territorial como país soberano. El problema es más serio de lo que parece, está en juego nada más ni nada menos que nuestro patrimonio territorial. ¿Habrá un gobierno auténticamente nacionalista que ponga fin a la inoperancia –cuando no desidia– de los diferentes gobiernos locales de turno que de una u otra forma han relegado sistemáticamente los principios de Soberanía Política y de Defensa Nacional? Tomemos real conciencia del peligro mapuche en nuestra Patria, de cómo los poderes mundiales operan entre bastidores en claro perjuicio del Destino Nacional. 




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.


jueves, 2 de febrero de 2023

¿QUÉ ES LA PATRIA?


La Patria tiene su origen en la civilización romana. Proviene del latín pater, padre, y hace referencia a la tierra de los padres, en cuanto a un origen propio que tiene en cuenta una herencia de sangre, una estirpe sacra, heroica y un territorio en donde se ha nacido. En su obra La Tradición Romana (Ediciones Heracles, pág. 70) Julius Evola sostiene: “En Roma se encarna la idea de la personalidad aristocrática, de la virilidad espiritual heroica y dominadora y el principio triunfal de la tradición nórdica, vinculado al símbolo ariano del fuego, a las figuras olímpicas del Júpiter capitolino y del mismo Jano, y al patriciado sacral, marcado por el rígido derecho paterno y por la religión del honor y de la fidelidad”.


Esa idea sacra y heroica de Patria como estilo de vida se afirma definitivamente con el advenimiento de la República en el año 509 a.C. El romano era entendido no de manera individualista sino como parte de una estirpe, de un gens, vale decir, de una unidad orgánica afianzada en una herencia de sangre pero no solamente como algo biologicista sino también como una expresión metafísica.


El no poseer una fides caracteriza al bárbaro en contraposición al Romano. Y lo bárbaro, como fuerza opuesta al romano, inclusive se encuentra en la mismísima fundación de Roma en el año 753 a.C: Rómulo encarna el espíritu aristocrático de los ciclos heroicos y es el que mata a Remo, el principio del caos por querer violar el espacio sagrado del Palatino y por lo cual se genera el acto fratricida contra él.


Por eso para los romanos todo lo realmente significante estaba relacionado con la idea de Patria, porque en ella tenía su propiedad, su seguridad, sus leyes, su Espíritu, sus dioses. Perder la Patria significaba perderlo todo. Los romanos fundan así una vida familiar basada en rituales que son los que dan forma y sustento al orden social-institucional. La familia se estructura a partir de una religión doméstica y en torno al fuego sagrado del hogar.


Y así como la Patria se funda en el culto y la autoridad del padre (pater) que oficia como sacerdote en su familia, de manera semejante se forma la ciudad en la autoridad del Rey (Rex) que también es sacerdote del culto de la ciudad. Por eso la idea de Patria tuvo desde sus inicios una connotación sagrada, idea que sin embargo ha mutado a lo largo del tiempo.


Esa mutación se hizo visible con el advenimiento de la Edad Moderna y se afirmó definitivamente con la llegada de la Ilustración en Europa desde el siglo XVIII en adelante, movimiento racionalista-masónico y sostén ideológico de la Revolución Francesa (1789). De esta manera el concepto de Patria se desacraliza, amparando a los miembros de una comunidad unida sólo por un “interés común”, por una idea de “amor a la libertad”, por una “prosperidad general de la Patria”. El hombre se une a la sociedad con todos aquellos que componen el propio Estado, la Patria o la Nación. Sin ir más lejos, la Real Academia Española define la Patria como la “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”.


¿Cómo deberíamos posicionarnos entonces? ¿Tenemos Patria hoy en día en el mundo globalizado hipercapitalista o es una mera formalidad? Teniendo en cuenta la preservación de los rasgos identitarios de la Nación, la sangre y el territorio, debemos apuntar a construir y afirmar que la Patria sea una síntesis verdaderamente transcendental, indivisible y con fines propios a cumplir. Al dejar de lado toda idea individualista liberal de la sociedad reafirmar un sentido de pertenencia, un “reencontrarse a uno mismo” en una Tradición, en valores, nobles principios como así también en Arquetipos que marcaron un camino de grandeza en cuanto a un claro ideal de Comunidad Nacional.


En la Patria se debe ver una misión sacra en la Historia, se debe ver un Destino, una empresa colectiva siempre en marcha, una misión en lo universal, grandes anhelos, sueños y esperanzas de dimensiones míticas que deben calar profundo en el Espíritu de un Pueblo. Y todo ello para la consolidación y desarrollo de una Nación que se forja y que se nutre con acciones que van formando tejidos por tradiciones y por lazos ancestrales. Por eso es un error conceptual identificarla solamente con aquello físico o tangente como lo territorial o lo hereditario sanguíneo.


La Patria siempre va a estar indiscutiblemente vinculada con un territorio nacional, y sus símbolos más representativos como la Bandera, el Himno, el Escudo y la Escarapela deben ser los que se deben imponer gallardamente para ser respetados y valorizados como los máximos estandartes que cobijen los más elevados propósitos y realizaciones, ser los más firmes emblemas a su vez contra toda ideología foránea globalizadora disolvente de la idea misma de Patria.


Y como dentro de la familia del término se deriva el patriotismo, esta forma de ser, de sentir y obrar es lo que fuertemente debe unir. El orgullo de sangre, el honor y la lealtad de formar parte de una Patria debe dejar en claro que no se hacen patriotas con discursos. También que se es verdaderamente patriota o nacionalista solamente por el alto grado de sacrificio que se está dispuesto a hacer por la Patria.


Y para que exista un verdadero Patriotismo y un verdadero Nacionalismo se debe poseer una aguda sensibilidad social. Debe haber un total desprendimiento de egoísmos sectoriales que nos haga ver que antes que nada primero está el Bien Común Social, la felicidad y el progreso orgánico de todo un Pueblo. En definitiva, la Patria la constituyen nuestros hermanos connacionales unidos por una misma Sangre y por un mismo Espíritu.


Todos los patriotas, todos los Hombres y Mujeres deben ser solidarios, deben trabajar incansablemente para que no haya ni un solo infeliz que sufra el desamparo y la desgracia. Y la principal responsabilidad le cabe al gobernante, al conductor, a aquel que si se digna estar a la altura de esa gran empresa colectiva entonces será considerado como legítimamente patriota y nacionalista. Si el Estado quiere tener hombres patriotas primero debe levantarlos, debe dignificarlos, debe darles todo lo que necesitan y que por sí mismos no pueden conseguir.


Y cuando esto ocurra, de manera natural se habrá realizado el aseguramiento de un Pueblo sano, de un Pueblo fuerte, de una Nación vigorosa, de una Comunidad valiente y patriota con honda emoción y pleno orgullo, capaz de dejar la vida si es necesario para defender la dignidad y el decoro de la Patria, lo que se podría decir defender una verdadera llama de la argentinidad.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

miércoles, 4 de enero de 2023

¿QUÉ ES UNA REVOLUCIÓN?


Históricamente las sociedades se han desenvuelto sobre determinadas pautas o patrones de convivencia. Y al corromperse cada vez más esas pautas se abre paso a una nueva y radical salida. Las viejas ideas, obsoletas y perimidas, dan paso a nuevos y renovadores ideales haciendo variar el rumbo de la Historia. De esta manera se produce una síntesis cultural que es la que condiciona todo criterio social.


Una Revolución es un cambio radical, violento, repentino y permanente en las condiciones de un Sistema de cualquier tipo, es decir, un reordenamiento súbito del estado de las cosas. El término proviene del latín revolutio (“dar una vuelta”). Por consiguiente es la ruptura de un Orden ideológico, político, social, económico y hasta tecnológico para dar paso a uno nuevo y extremadamente distinto. La idea misma de Revolución se justifica en el hecho de querer cambiar para siempre las pautas sociales decadentes de un Sistema de dominación por nuevas fuerzas motoras. 


Los cambios revolucionarios tienen consecuencias trascendentales. Así como la conciencia nacional de un pueblo siempre tiene que ir de la mano de una conciencia revolucionaria, el verdadero Nacionalismo debe despojarse de toda tara burguesa, y a su vez, una auténtica Revolución -nacida como consecuencia de procesos históricos- debe despojarse de todo clasismo proletario marxista (clasismo falaz). Ese cambio de estructuras desde lo cultural e institucional, de reemplazo de un Sistema por otro que se lleva adelante como proceso se desarrolla teniendo en cuenta dos etapas básicas: La conquista del poder y el ejercicio revolucionario del mismo.


La idea de Revolución no es un “hecho natural” en sí, no es un hecho regido por el mundo físico de la materia, no es algo que “llega” o “deviene” por el propio peso de la Historia. Son actos libres en donde la voluntad humana es el factor preponderante. No debemos nunca dejarnos llevar por los acontecimientos sino ser capaces de producir hechos. Las revoluciones “no se esperan”, se hacen. Y toda Revolución debe comenzar primero por ser interior. No es posible transformar las estructuras o el andamiaje que le da vida a un país si primero no realizamos una transformación en el hombre mismo, si no vivimos la revolución internamente y si no damos real testimonio de ella ante la Patria y el Pueblo. Y justamente esa REVOLUCIÓN INTERIOR se da como indignación y rebeldía contra un Orden establecido que impide la plena realización de la persona, más aún, que la humilla y degrada hasta convertirla en rebaño de un Sistema opresor. 


Las grandes transformaciones no las hacen las “masas”, las hacen los hombres. El pueblo interpretado y guiado por una minoría capaz de proyectarlo en la historia, de llevarlo hacia una empresa siempre de destino, compuesta esa minoría por el conjunto de los mejores. Pueblo y Revolución, identificados y resumidos en la Nación, crean así una profunda mística revolucionaria que es asumida y valorizada por ese grupo selectivo cuando los organismos vivos de una Nación han comprendido lo que somos y hacia dónde deseamos llegar. De esta manera se llega a la etapa de Nación Organizada. Así como el elemento constitutivo de un golpe de Estado son los militares, las revoluciones exigen pueblos movilizados por ideales y organizados en un movimiento político de resuelto Espíritu de Lucha. Por eso toda “revolución de masas” es pura utopía, porque la masa siempre será instintiva e inorgánica, la masa siempre será un elemento pasivo.


Una Revolución sí es popular cuando produce en el pueblo un despertar, una toma de conciencia y lo lleva a integrarse orgánicamente en el proceso revolucionario con el cual se identifica. Y si la “revolución de masas” es pura utopía, la “revolución de clases” es pura demagogia. El proceso revolucionario sólo puede ser llevado por una minoría orgánica y adoctrinada. La burguesía, entendida no como clase social sino como estilo de vida, es inmensa mayoría dentro de todos los sectores sociales, inclusive dentro del proletariado, considerado teóricamente como clase revolucionaria.


En la mayor parte de los hombres prima el egoísmo individualista (característica esencial del burgués) sobre el sentido del deber social. Y aquellos que por este deber, por un ideal, están dispuestos a vivir, a jugarse, a sacrificarse, forman la minoría reducida, el único sector dinámico capaz de producir transformaciones sociales verdaderas. Como consecuencia, sólo una élite política es capaz de despertar, organizar, adoctrinar, dar objetivos y posibilidades de poder a una “élite” nacional. Primero tiene que existir esa minoría elitista revolucionaria para luego surgir el movimiento organizado.


Es imprescindible que un movimiento político con clara unidad de concepción para la unidad de acción la encarne y capitalice. Un Sistema, por más anti-social y putrefacto que sea no puede nunca caer sólo producto de su propia ineficacia o del repudio generalizado hacia el mismo. Para que se pongan en práctica las nuevas ideas revolucionarias es imprescindible que las mismas sean llevadas adelante con firmeza y decisión política. Que dicho movimiento sea capaz de poder interpretar la realidad de la hora que se vive e identificarse con la idea misma de Nación al punto de ser ideas intrínsecamente inseparables.


Por eso en la visión revolucionaria, político no es un subversivo, anárquico o revoltoso que no corporiza para sí la doctrina ideológica de una Revolución. Político en verdad es el que tiene capacidad interpretativa revolucionaria y de acción para la fundación de un Nuevo Orden. Y una verdadera Revolución es aquella que tiene un profundo sentido de duración, y como tal comprende la importancia de ser la permanente protagonista de la Historia, la que es capaz de establecer el cambio para siempre.


El elemento decisivo en todo movimiento revolucionario siempre lo será la idea de jerarquía, pero jerarquía real, identificada con la capacidad y los méritos revolucionarios. Caso contrario, al adoptarse una estructura de masas horizontal y democrática -en donde los que mandan lo hacen por derecho y no por una meritocracia- el movimiento a la larga se disuelve en una anarquía interna.


Una Revolución siempre va a requerir esencialmente de un grupo dirigente con plena identificación ideológica en cada uno de sus miembros, conscientes de sí mismos. Un grupo vital integrado por hombres y mujeres excepcionales y voluntariosos. Por consiguiente, todo movimiento político revolucionario debe tener también una marcada conciencia de minoría, esencialmente cualitativa.


Porque aún cuando el movimiento político, por circunstancias históricas, llegara a producir situaciones masivas deberá mantener a toda costa la unidad de la base dirigente, de ese núcleo de acero forjado en el arrojo y en el temple espartano. El Nacionalismo será siempre revolucionario al querer romper con el actual Sistema plutocrático-capitalista, al querer ser el gendarme de un Nuevo Orden Social-patriótico para un desarrollo sano, orgánico y natural del pueblo, al querer ser encarnado por los mejores desde lo ideológico-doctrinario y desde la lucha y el arrojo, léase en definitiva los fines supremos de toda auténtica y verdadera Revolución.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

sábado, 3 de diciembre de 2022

¿QUÉ ES EL NACIONALISMO?

 

El término ha tenido una gran influencia a nivel mundial como así también se lo ha referido de diferentes maneras -cuando no de manera simplista- y según determinadas etapas históricas. No es una simple “ideología” o “fenómeno político”. Es mucho más que un sentimiento patriótico, mucho más que una exaltación de valores nacionales o algo referido a la historia, al sentido de pertenencia de una Nación o a la idea de Estado-Nación.


El Nacionalismo, como expresión política del pensamiento occidental, tiene por objeto crear las condiciones para el desarrollo espiritual y material de los pueblos en observancia a las leyes naturales e inmutables de la vida, leyes que forjan a una Comunidad Nacional en cuanto Espíritu, Cultura y Destino. Por consiguiente es una filosofía política o doctrina que se funda en principios, pilares básicos fundamentales o Ideas-fuerza para lograr el desarrollo integral de una Nación:


  • La preservación de los rasgos identitarios de la Nación.

  • La Soberanía Política.

  • La Independencia Económica.

  • Una economía basada en un Orden Natural.

  • El  Bien Común Social.

  • La preservación de un medio ambiente sustentable.

  • La defensa de la Tradición y los valores nacionales.

  • La lealtad hacia la Nación propia. 


¿Se pueden preservar los rasgos identitarios de la Nación permitiendo a la vez un multiculturalismo, una inmigración liberal y sin  ningún tipo de control? ¿Tiene asidero querer promover una política exterior basada en la Soberanía Política sin luchar contra toda forma de colonialismo existente en el país? ¿Es viable poner en práctica una Independencia Económica sin antes establecer una Soberanía Política en el orden internacional? ¿Es válida a su vez una Independencia Económica frente al mundo sin establecer un Orden Económico Natural en el plano local y sin combatir abiertamente a la Usura o a cualquier otro tipo de agiotismo financiero?


¿Es lícito hablar de Bien Común Social sin antes llevar adelante una política de industrialización del país, de pleno empleo y de distribución justa del ingreso? ¿No es contradictorio exaltar valores nacionales y a la vez permitir la difusión de ideologías extranjerizantes disolventes? ¿Se puede preservar el medio ambiente desconociendo tratados internacionales lesivos para la integridad territorial del país? ¿Se puede ser leal a un Estado Nacionalista si nos reducimos en un individualismo conformista liberal? ¿Pueden sentir orgullo patrio personas sumergidas en la indigencia y el atraso? 


Las ideas-fuerza no son excluyentes. Ninguna excluye a otras porque sino se caería en una contradicción misma. Vale decir se caería en un patrioterismo chauvinista, en un Nacionalismo a mitad de camino, en un populismo demagógico de derechas o directamente en un pseudo-Nacionalismo. De lo anterior se desprende entonces que el Nacionalismo no se reconoce en ninguna de las categorizaciones o etiquetas del actual Sistema o Régimen de dominación mundial plutocrático-capitalista: No se halla ni a la derecha, ni a la izquierda ni al centro del actual Sistema. Tampoco es “oligárquico”, “capitalista” (como burda y falsamente lo plantea el marxismo) o “populista” (como burda y falsamente lo plantea la derecha liberal).

 

Por ejemplo los obreros no necesitan violar la integración de las naciones para mejorar sus condiciones de vida y así aspirar a un desarrollo integral. El camino de las reivindicaciones no pasa necesariamente por las ruinas de la Patria. Por eso uno de los grandes méritos del Nacionalismo es haber mostrado con claridad la coexistencia compatible de las dos nociones que, según la falsa dialéctica marxista, serían irreconciliables: La Patria y el Socialismo.


Partiendo de la palabra "Nacional" podemos hallar la génesis y la significación del concepto intrínseco de Nacionalismo. Nacional y Nacionalismo representan dos etapas de la vida de una Nación que se retroalimentan, que se retroaccionan. Lo Nacional es todo aquello dirigido hacia el mundo exterior, hacia el "epos", mientras que el Nacionalismo va dirigido hacia un mundo interior, hacia el "ethos". Lo Nacional representa la fase de delimitación geográfica de las naciones, de su soberanía, de su autodeterminación sobre un territorio determinado, de un moldearse a sí mismo.


El Nacionalismo trasciende lo nacional ya que expresa sus virtudes, sus energías creadoras profundas a nivel interno, es un esculpirse a sí mismo. Lo Nacional representa entonces la movilización territorial de un Pueblo, mientras que el Nacionalismo parte de esa movilización para emprender una movilización espiritual que trascienda conformando un ideal de vida superior más allá de lo meramente temporal. Es un poseerse a sí mismo en una forma, en una expresión de libertad comprendida como poder de autodeterminación. Por eso la Nobleza y el Honor siempre van a estar vinculados al concepto de Nacionalismo, cualidades metafísicas trascendentales que realza a las personas de manera firme, que las hace comportar dignamente ante diferentes situaciones problemáticas que plantea la existencia humana y de las que nunca van a dejar que lo humillen o degraden. 


Por lo tanto el Nacionalismo pone el acento en un nivel superior de conciencia de un Pueblo. En la reafirmación de una propia identidad, de una personalidad mediante una autodeterminación política y frente a los embates de todo sistema extranjero disolvente. Es una barrera frente a toda descomposición social disolvente. Desde que la fase nacional de un Pueblo tiende a hacerse "nacionalista", el proceso de descomposición social se detiene y la historia de esa Comunidad Nacional entra en un ritmo constructivo.


La concepción cosmovisional del Nacionalismo por más que se defina como la más justa y noble nunca tendrá sentido si sus principios doctrinarios no se acoplan a un Movimiento de total acción y de resuelto Espíritu de Lucha. O dicho de otra manera, abandonar la lucha por el Pueblo (en una suerte de mentalidad derrotista) para reducirse al individualismo, a la mera formación intelectual, al elitismo -inclusive manteniendo el mejor estilo- es un acto de traición al Nacionalismo.


La única manera de amar a la Patria consiste en sacrificarse por ella. Y para emprender este noble y heroico sacrificio primero debemos tener un sincero y auténtico cambio interno, un despertar. Estar plenamente identificados y esclarecidos por la Causa a defender, construyendo una personalidad noble y virtuosa en Hombres y Mujeres, una voluntad firme que nos haga trascender como verdaderos patriotas siempre fieles a los irrenunciables principios del Nacionalismo. Y así como la luz olímpica de la Sabiduría Ancestral trasciende hacia lo Alto los grandes principios siempre son eternos.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.


domingo, 6 de noviembre de 2022

10 DE NOVIEMBRE, DÍA DE LA TRADICIÓN


El 18 de agosto de 1939 el Congreso de la Provincia de Buenos Aires sancionó la Ley N° 4.756/39 que declaraba el 10 de noviembre como el Día de la Tradición, por el natalicio de José Hernández, autor del Martín Fierro. Posteriormente, el 30 de septiembre de 1975 el Congreso de la Nación sancionó la Ley N° 21.154, declarando la conmemoración extensiva a todo el territorio nacional.


La palabra tradición deriva del latín “tradere”, significando donación o legado. Es lo que identifica a un Pueblo y lo diferencia de otros, siendo entonces un valor propio y profundo, un conjunto de costumbres que se transmiten de padres a hijos, un legado que cada generación recibe de la que le antecede y que a su vez hace los mismo para las futuras. Por ende es esa misma tradición la que constituye una cultura popular, la que reafirma siempre una Identidad Nacional y un Arquetipo representativo de la misma.


José Hernández nació el 10 de noviembre de 1834 en el actual Partido de General San Martín del conurbano bonaerense. Tuvo una vida pública muy destacable. Fue poeta, periodista, orador, comerciante, contador, taquígrafo, estanciero, soldado y político. Comenzó a leer y a escribir con tan sólo cuatro años de edad. En 1843, año del fallecimiento de su madre, su padre lo llevó a vivir al campo, donde era capataz en las estancias del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas (por aquellos tiempos primera Magistratura del país).


Fue en este entorno campestre cuando tomó contacto con gauchos e indios. Debido a su proximidad con ellos tuvo la oportunidad de conocer sus costumbres, su mentalidad, su lenguaje, su cultura. Aprendió a quererlos, a admirarlos, a comprenderlos, y también a entender sus dificultades en la vida cotidiana. En 1857 –poco después de fallecer su padre–se instaló en la ciudad de Paraná, contrayendo matrimonio dos años después. Su labor periodística la inició en el diario El Nacional Argentino, con una serie de artículos en los que condenaba el asesinato del caudillo federal riojano Brigadier General Ángel Vicente ‘Chacho’ Peñaloza (asesinado el 12 de noviembre de 1863 durante la presidencia de Bartolomé Mitre y por encargo del por entonces gobernador de San Juan, Domingo Faustino Sarmiento). El Chacho había sido uno de los últimos líderes federales en resistir el despotismo y el centralismo pro-inglés del poder político de Buenos Aires.


En 1863 estos artículos fueron publicados como libro bajo el título Rasgos biográficos del General Ángel Peñaloza. En 1869 fundó el diario El Río de la Plata, en cuyas columnas defendió a los gauchos y denunció los abusos cometidos por las autoridades de la campaña. También fundó el diario El Eco, de la Provincia de Corrientes, cuyas instalaciones fueron destruidas por sus adversarios políticos. Colaboró además en los periódicos La Reforma Pacífica, de Paraná y La Patria, de Montevideo. En el orden militar intervino en dos batallas muy importantes para el destino del país: La batalla de Cepeda (1859) y la batalla de Pavón (1861).


Luchó junto al caudillo federal entrerriano Ricardo López Jordán. Este último había llevado adelante una rebelión federal en la poderosa Provincia de Entre Ríos del General Justo José de Urquiza, por el acercamiento político de éste hacia el presidente Sarmiento. Esta rebelión duró desde el 11 de abril de 1870 (fecha del asesinato de Urquiza en el majestuoso Palacio San José de Entre Ríos) hasta el 16 de septiembre de 1876 (cuando López Jordán finalmente capituló y cayó derrotado). La rebelión jordanista fue el último conflicto, si se puede decir así, entre unitarios y federales.


Debido a las continuas guerras civiles en nuestro país, José Hernández se vio obligado a exiliarse, primero en Brasil y posteriormente en Uruguay. Recién en 1874 y gracias a una amnistía política que paró la violencia pudo volver al país. En el orden legislativo se desempeñó como diputado y luego como senador de la Provincia de Buenos Aires. Tomó parte activa junto a Dardo Rocha en la fundación de La Plata en el año 1882. Y como presidente de la Cámara de Diputados defendió el proyecto de federalización de Buenos Aires, que pasó a ser la capital del país en 1880.


A fines de 1872 se produjo la salida de su obra cumbre El Gaucho Martín Fierro, el poema de género gauchesco que se convirtió en la obra literaria del más puro y genuino folclore argentino. Traducido a numerosos idiomas, es la obra por excelencia de la literatura argentina. Y es aquí donde Don José rinde homenaje al gaucho, a quien lo describe en su ser, en sus vivencias, en su drama cotidiano, en su desamparo, en sus vicisitudes y en sus bravuras. Este gran éxito literario lo llevó a continuarlo con la salida en 1879 de su segunda parte, La vuelta de Martín Fierro. Posteriormente, en 1881 publicó su obra Instrucción del Estanciero. El 21 de octubre de 1886 falleció en su quinta de Belgrano.


El Martín Fierro de José Hernández es en el fondo la descripción de la dura realidad que vivía el país hacia la segunda mitad del siglo XIX. Una denuncia social que encierra las grandes verdades de aquel momento como hoy en día: La falta de educación, el menosprecio por lo nacional, la subordinación a los poderes mundiales, la corrupción en lo judicial, la deficiente organización militar, la deficiencia de la policía y el resentimiento de los sectores postergados por el poder político de turno. Y todo ello a través de un clarísimo lenguaje rural.


Una denuncia social dentro de un contexto político en particular. Con la derrota nacional en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852 (la mayor tragedia política sufrida por el país), el unitarismo masónico aliado al colonialismo brasileño e inglés disolvió el sistema político independiente de toda forma de dominación extranjera y terminó con el Federalismo como política de Estado. Con la caída de Rosas el país dejó de ser una Nación libre para convertirse nuevamente en colonia.


En adelante se establecieron diferentes gobiernos funcionales a los intereses geopolíticos colonialistas del Orden Mundial capitalista en expansión. Y la entrega económica estuvo acompañada de una entrega tanto territorial como espiritual. En nombre de la “libertad de comercio” se arrasó con las manufacturas criollas que tanto habían prosperado en los tiempos del Restaurador. Brasil inclusive sacó su enorme tajada al incorporarse de manera unilateral las Misiones orientales, al obtener la libre navegación de los ríos y la hegemonía política sobre Uruguay y la Argentina.


Y todo ello en nombre de la “civilización”, pero civilización entendida como algo propio de extranjeros, de europeos, y entendiendo por bárbaro (en el mismo lenguaje liberal) todo aquello que era argentino, que era criollo. De la misma manera se va a empezar a considerar “tiránico” al más popular de los gobiernos habidos en el siglo XIX, comenzándose de manera paralela a denominar “democráticos” a los nuevos gobiernos post-Caseros que en los hechos concretos constituyeron oligarquías que gobernaron de espaldas a los intereses de la Nación. Y repudiando lo autóctono se ejecutó un verdadero genocidio, una sistemática matanza de criollos, imponiéndose esa falsa muletilla conocida como “inutilidad del criollo”, lo que tampoco era ninguna novedad ya que venía propagándose desde los tiempos de Rivadavia. Y todo esto produjo el efecto buscado por los liberales: Propiciar un rebaje psicológico y moral en el argentino mismo, acabar con el verdadero Arquetipo.


Es en todo este proceso de aculturación y de desprecio por lo nuestro en donde se debe contextualizar el Martín Fierro de José Hernández, la obra literaria argentina por excelencia, la narración de un verdadero drama social que tiene como principal protagonista al gaucho de estas tierras, aquel que a pesar de tantos sinsabores sufridos siempre resiste fiel y bajo un viejo Código de Honor.


Ante un nuevo aniversario por el Día de la Tradición reafirmemos una vez más nuestra Identidad, nuestra Cultura, nuestro Ser Nacional. Redoblemos una lucha de unión nacionalista entre todos los argentinos. Ya lo decía con claridad meridiana José Hernández en el inmortal Martín Fierro: “LOS HERMANOS SEAN UNIDOS PORQUE ESA ES LA LEY PRIMERA; TENGAN UNIÓN VERDADERA EN CUALQUIER TIEMPO QUE SEA, PORQUE SI ENTRE ELLOS PELEAN LOS DEVORAN LOS DE AFUERA”.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.


jueves, 13 de octubre de 2022

17 DE OCTUBRE DE 1945, EL SUBSUELO DE LA PATRIA SUBLEVADO


A pesar de haberse agitado el ambiente sindical y que hasta inclusive la mismísima Confederación General del Trabajo había decretado una huelga general para el día 18, todo sucedió de manera vertiginosa y espontánea. Lo que ocurrió el famoso miércoles 17 de octubre de 1945 superó a todos: Al endeble gobierno, a la Fuerzas Armadas, a los partidos políticos, a los grandes diarios opositores y también al mismísimo Juan Domingo Perón.


Pago de vacaciones; aguinaldo; previsión de accidentes laborales; convenios colectivos a favor de los trabajadores; aumento de salarios; extensión del régimen jubilatorio; creación de Tribunales de Trabajo para la regulación de conflictos entre patrones y obreros; sanción del Estatuto del Peón (lo que tanto había enfurecido a los sectores concentrados del campo). Las amplias medidas sociales establecidas por el entonces Coronel Perón desde la flamante Secretaría de Trabajo y Previsión Social -en el marco de la Revolución Nacional del 4 de Junio de 1943- habían generado una inédita redistribución de la riqueza y de armonización entre el Capital y el Trabajo. 


Sin embargo, el gobierno del General Edelmiro Farrell estaba cada vez más cercado por una importantísima fuerza opositora: La embajada norteamericana (y a través de ella Inglaterra); la Unión Industrial Argentina; la Sociedad Rural Argentina; la Bolsa de Comercio; la Federación Universitaria Argentina; las asociaciones de comerciantes y ganaderos; los tradicionales partidos políticos; la totalidad de la Marina -netamente anti-peronista- como así también un importante sector del Ejército.


La popularidad del Coronel Perón fue creciendo cada vez más. Desde principios de 1944 empezó a ejercer el Ministerio de Guerra y desde junio de ese año la mismísima vicepresidencia de la Nación. Pero el triunfo aliado en la Segunda Guerra Mundial dio un vuelco a la situación: Desde mayo de 1945 hizo su arribo a nuestro país un personaje de suma importancia por los hechos posteriores, el embajador de EEUU Spruille Braden, quien durante más de cuatro meses fue el conductor de la oposición al gobierno y dentro de la cual se hallaban la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, el Partido Comunista y los conservadores.


El 8 de octubre de 1945 el enfrentamiento entre el Coronel Perón y el General Eduardo Ávalos, Jefe de Campo de Mayo (la guarnición militar más importante del país) aceleró el proceso. La oficialidad superior le pidió a Perón que renunciara a sus tres cargos, por entonces la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, el Ministerio de Guerra y la Vicepresidencia de la Nación. Producto de una permanente presión, el Líder de los Trabajadores renunció al día siguiente. Sólo la miopía política gobernante podía ignorar todo lo que vendría. La renuncia fue un verdadero impacto emocional, una verdadera bomba de tiempo. 


En su reemplazo al frente del Ministerio de Guerra fue designado el General Ávalos. El 13 de octubre Perón llegó en calidad de detenido a la isla Martín García. El Poder Ejecutivo decidió detenerlo porque se temía que se podía atentar contra su vida. La defenestración hacia Perón y la reacción anti-nacionalista / anti-obrera dio lugar a la aparición de diferentes personeros siempre vinculados al antiguo régimen del fraude, la corrupción y el entreguismo. Los argentinos tradicionalmente periféricos, los ignorados de siempre, los omitidos (como hoy en día) de súbito aparecieron en la mismísima ciudad de Buenos Aires para imponerse de manera arrolladora.


Desde la mañana de aquella histórica jornada la masa trabajadora empezó a volcarse de manera masiva hacia la Capital Federal, con muy nutridas columnas que marchaban hacia el centro de Buenos Aires. Era una verdadera marea humana la que una y otra vez pasaba, proveniente sobre todo de las zonas industriales del Conurbano Bonaerense. El objetivo era arribar a la Plaza de Mayo. Comenzaron a levantarse huelgas y muchísimos manifiestos de protestas a través de diferentes sindicatos. De manera espontánea la masa trabajadora fue la principal protagonista, arrasando con todo y exigiendo como única consigna la liberación de su Líder. Metafóricamente hablando nadie los conducía, todos eran capitanes.


Ya era demasiado tarde como para generar alguna reacción. Para buscar descomprimir el eufórico y desbordante reclamo en la Plaza de Mayo, el flamante Ministro de Guerra Ávalos se entrevistó con Perón en el Hospital Militar, para luego comunicarse telefónicamente con Campo de Mayo y hacerle saber a la oficialidad superior que Perón hablaría desde el Balcón de la Casa Rosada. La noticia confundió y contrarió a estos militares (que se habían jugado el todo por el todo en el desplazamiento de Perón). Desde la isla Martín García el desterrado pidió por su restitución a Buenos Aires, a lo que el presidente Farrell accedió trasladándolo al Hospital Militar de esta ciudad.


A las 21.45 horas Perón ya estaba con Farrell en la residencia presidencial. Conversaron hasta las 22.25 horas y después se dirigieron hacia la Casa de Gobierno. El número de concurrentes se situó entre las 200.000 y 300.000 personas. La permanente tensión se daba con un gran frenesí y de manera infatigable se seguía reclamando la presencia física de Perón. Poco después de las 23 horas finalmente Perón salió al Balcón de la Casa Rosada estallando una impactante ovación por espacio ininterrumpido de 15 minutos. Era la felicidad total. La gente parecía haberse vuelto loca. Gritaban, saltaban, lloraban y coreaban estribillos con voces cada vez más enronquecidas. Allí tenían enfrente al referente por el cual se habían jugado. Sano y salvo. Vencedor.


 Farrell intentó hacerse oír, pero más que un discurso era una presentación hacia el hombre que había sabido ganarse el corazón de miles y miles de argentinos. Y cuando por fin el gran triunfador de la memorable jornada pronunció su primera palabra desde el Balcón, expresión que fue “¡Trabajadores!” una nueva explosión de júbilo se hizo sentir. A continuación señaló: “Hace casi dos años, desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino”.


También expresó estas palabras que quedaron para el recuerdo, “dejo el honroso uniforme que me entregó la Patria para vestir la casaca de civil y confundirme con una masa sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza de la Patria. Con esto doy un abrazo final a esa institución que es un puntal de la Patria: el ejército. Y doy también el primer abrazo a esa grandiosa que representa la síntesis de un sentimiento que había muerto en la República: la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es el pueblo”. Luego de su memorable discurso, la consecuencia inmediata desde lo político fue la renuncia de Ávalos al frente del ministerio de Guerra.


La Argentina ya no fue la misma, hubo un antes y un después. Uno de los acontecimientos más importantes de nuestra historia que desnudó las falencias de los tradicionales partidos políticos y de los sectores de poder vigentes hasta entonces. La movilización más emblemática en toda la historia de las luchas sociales que generó consecuencias de fondo: La ruptura con los convencionalismos políticos vigentes; el surgimiento de una nueva, innovadora y en principio revolucionaria fuerza política que giró en torno a la figura estelar del 17 de Octubre, el Coronel Perón; la definitiva incorporación de los trabajadores al proceso político argentino y como uno de los factores de poder, subordinados a su conductor natural; el nacimiento de la antinomia peronismo / anti-peronismo, algo así como la Patria vs. la anti-Patria de nuestros días.


Fue una epopeya, un verdadero Despertar de la Patria Grande, ‘el subsuelo de la Patria sublevado’ al decir del historiador revisionista Raúl Scalabrini Ortíz. Un gran espejo en el cual hoy más que nunca los argentinos debemos mirarnos ante tanta miseria política, ante tanta degradación social, ante tanta falta de trabajo y precariedad laboral, ante tanto servilismo a los poderes mundiales y ante tanta corrupción organizada. Fue el hecho que marcó el fin de una Argentina para dar comienzo a otra Argentina. Pero más que eso, el 17 de Octubre de 1945 es la vigencia de una Lucha, la de la Justicia Social.




Darío Coria, profesor de Historia y Ciencias Sociales.

MARÍA REMEDIOS DEL VALLE, LA MADRE DE LA PATRIA

De origen afrodescendiente, nació en Buenos Aires en 1766. Durante la Segunda Invasión Inglesa al Río de la Plata , María Remedios del Valle...